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No sólo de pan vive Airaudo: la historia del arquero de Alianza de Coronel Moldes



Pese a la derrota frente a Independiente, el país entero habló de la hazaña de su equipo. Ayer a las 7, el arquero se fue a trabajar a una de las panaderías del pueblo. Por la tarde, el plantel fue homenajeado en la sede del club.

Transcurre el primer tiempo en el Kempes y Alianza de Coronel Moldes gana por 1 a 0 ante el poderoso Independiente. Julio Sebastián Airaudo va con todo al piso para defender su valla y traba con fuerza ante el colombiano José Valencia. Los dos terminan lastimados y en el piso.

“Se golpeó el arquero de Moldes, las viejas están preocupadas porque no van a tener criollos”. La humorada de los chicos de “La Banda del Twitter” (tuiteros hinchas de Belgrano) tuvo algo de broma y mucho de cierto.

Tras la histórica definición por penales ante el Rojo por la Copa Argentina, Airaudo volvió de inmediato para el sur provincial. Sin tiempo para disfrutar de su heroica actuación, el arquero de Alianza regresó rápido al pueblo para retomar sus tareas en la panadería en la que se gana la vida.

“Dormí una horita nomás, a las 7 ya estaba laburando”. Cansado, pero feliz. Así se lo escuchaba ayer al portero de Alianza, que aunque le dieron el día libre prefirió cumplir con su labor: “A todos los jugadores nos dieron descanso. Pero decidimos que lo que correspondía era ir a trabajar. Yo soy empleado de una de las panaderías más grandes de Moldes. Distribuyo en los negocios pan, facturas, criollos, de todo”.

–Imagino los comentarios de los que te recibían...
–La verdad es que fue el reparto más largo de mi vida. Yo siempre suelo estar hasta las 12.30, pero hoy (por ayer) el horario se nos fue de las manos. Estaba el pueblo conmocionado, muy contentos todos y orgullosos por lo que hicimos.

–¿Con qué sensación se volvieron?
–Si en la previa nos hacían firmar un contrato en la cual decía que iba a pasar lo del empate y los penales, lo firmábamos. Pero por cómo se dio el partido, cuando salimos de la cancha nos fuimos amargados. Nos faltó muy poquito para hacer historia. Es raro, pero también volvimos contentos: somos un pueblo de 10 mil habitantes y teníamos casi cuatro mil alentándonos. Nosotros no nos dedicamos a esto, lo hacemos porque nos gusta. Jugamos con el corazón en la mano y se vio reflejado en la cancha.




Héroes igual

La derrota en los penales ante Independiente no opacó en lo más mínimo la hazaña de los jugadores de Alianza. Fue por eso que ayer los futbolistas fueron homenajeados por la tarde en la sede del club. “Vivimos algo hermoso. Si bien entrenamos todos los días, acá todo nos cuesta el doble. Hay compañeros que laburan en un frigorífico y entran a trabajar a las 4 de la mañana. A mí me gusta atajar, pero no me considero arquero. Lo hago porque me gusta nomás”, explicó Airaudo en diálogo con Mundo D.

Con 27 años, el arquero lleva casi una década defendiendo la remera del Tricolor, aunque antes tuvo un paso por las inferiores de River y de Newell’s.

–¿Qué le dijiste a Lucero antes del penal?
–Se reía. Fui y le dije si me iba a esperar como lo hacía siempre. Se rió y me dijo que pensaba aguantarme hasta el final. Eso hizo y fue gol. Yo sabía que ese era el más jodido de todos.

–¿Vos pateás siempre?
–Sí. Cuando vamos a series, siempre lo hago. Me gusta arrancar yo. El domingo no se pudo. Fue una lástima porque pudimos resolverlo antes. Pero creo que a la larga el profesionalismo marca una diferencia y ellos lo tuvieron cuando faltaban cinco minutos. Por eso la tristeza del final.

–¿Hicieron un planteo perfecto?
–Nosotros teníamos fe en que un gol les íbamos a convertir. A Independiente si lo esperás y le salís de contra, lo lastimás. Y a eso lo hicimos bien. Ojalá que esto sirva para futuro, para poder encarar de mejor manera el Torneo Federal B.

Se termina el día más largo de Airaudo y de a poco los flashes se apagan en la sede del club. Cae la noche en Moldes y tras los festejos de todo un pueblo, cada jugador se va a su hogar pensando en que al día siguiente hay que volver a poner manos a la obra para ganarse el pan.

No se llevaron la victoria del Kempes, pero le devolvieron a todo un país las ganas de seguir creyendo en el fútbol. Nada más y nada menos.