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España muestra su lado más humano


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Los de Orenga cumplen ante Senegal, pero no convencen con su juego Francia espera en cuartos


Juan Antonio Orenga no entrará en la historia de Senegal como hiciera Díaz Miguel con Angola en 1992. La generación de los júniors de oro continúa con su inmaculada trayectoria a prueba de angolazos, aunque estuvo atrapada durante dos cuartos en la trampa senegalesa. España necesitó acudir al talento individual de un líder como Pau Gasol y a su carácter de equipo aguerrido para despegarse de un contrincante que no solamente es el que más le ha aguantado en la Copa del Mundo, sino que también es el pionero en poner al descubierto ciertas carencias del combinado nacional tanto en ataque como en defensa. Una segunda parte decente dejó el marcador final en 89-56. Un triunfo que sirve para pasar a cuartos de final, donde espera una Francia con ganas de revancha, tras sucumbir ante la ÑBA en la fase de grupos (88-64).

En los primeros veinte minutos los jugadores españoles se sintieron maniatados sobre el parqué del Palacio de los Deportes de Madrid, pese a contar en todo momento con una ventaja cómoda que no hizo peligrar la victoria. El combinado nacional dejó mucho a la improvisación ante la exótica presencia de Senegal en una fase final de una Copa del Mundo. Un cruce tan inesperado que el público madrileño no sabía muy bien si crear un ambiente infernal o ser benévolos con los africanos en una atmósfera más parecida a un amistoso. Decía Orenga en la previa que el peligro del choque de octavos recaía en la mentalidad de un rival con "poco que perder". Y se cumplió la máxima proclamada por el técnico castellonense.

Una Senegal con los deberes más que hechos preparó a conciencia el partido más importante de su historia. De manera que sorprendió a España, que jugó su peor primera mitad en lo que va de campeonato. La única solución del combinado nacional para espabilar fue correr mucho y contraatacar el lento balance defensivo de los africanos. Consiguió así una primera ventaja de seis puntos fraguada en la buena conexión entre el pasador Ricky y el finalizador Pau Gasol (6-0, minuto 2). Sin embargo, el equipo entrenado por Cheikh Sarr fue encontrando rendijas en la defensa española, especialmente en la interior, que es algo inédito hasta la fecha. Con N'Diaye y Faye dominando bajo los aros, el conjunto visitante logró mantenerse en esa horquilla de seis puntos de desventaja. Y no fue porque Rubio no se empeñara en servir balones en bandeja a la estrella de la selección. Con el choque igualado en lo referente a sensaciones, el primer parcial acabó 23-17 y muchas dudas por parte de los anfitriones.

Un parcial de 0-5 nada más comenzar el segundo acto (28-17, a 8'25" del descanso) hacía intuir que ya se había acabado la broma, pero lo cierto es que la segunda unidad exterior formada por Llul y Sergio Rodríguez no supo prolongar esa intensidad. Los visitantes, correosos atrás y fortísimos en el rebote, regresaron a esa desventaja de seis con una canasta de Badji (30-24, minuto 15). No obstante, fue la última vez que estuvieron tan cerca, pues poco a poco fueron agotando sus recursos ofensivos. Por inercia y por la eficacia de Ibaka bajo los tableros el hueco en el marcador se fue haciendo más grande, pero España seguía sin convencer. Eso sí, el algodón no engaña y el luminoso reflejaba al descanso un 41-28, fruto de la inmensa diferencia de calidad entre un equipo y de otro, que no en las ganas de jugar.

La actitud española tras la salida de los vestuarios fue radicalmente opuesta. O bien una bronca del cuerpo técnico o una piña de los jugadores tuvo que ser el detonante para que España empezara a ser un poco más como suele ser. Entre Llul y Pau se inventaron un parcial inicial de 6-0 en la segunda parte, que continuaba el 6-0 con el que había acabado la primera. Es decir, un 12-0 para un resultado de 47-28 que dejaba el choque con poquísima emoción en sus 13 minutos restantes, más allá de comprobar el lavado de imagen de los locales de cara a los cruciales cuartos de final ante Francia.

Y hubo un cierto levantamiento de la ÑBA, aunque nada del otro jueves en cuanto al juego. Sin maravillar en ataque, pero mejorando considerablemente en el rebote, los españoles . La gran defensa de los nacionales fue el único clavo al que agarrarse, ya que en ningún momento funcionaron desde el tiro exterior y, lo que es más preocupante, tampoco estuvieron acertados desde la línea de personal, que había sido una de las bazas en esta Copa del Mundo. El tercer cuarto terminó 62-43, con diez minutos por delante, en los que Orenga tenía la tarea de repartir minutos.

Y, más o menos, se logró esa premisa. A lo que contribuyó la espontaneidad de Calderón, que metió dos triples seguidos nada más entrar al parqué (70-46, a 7,15). Los secundarios Claver y Abrines salieron a divertirse un rato y contagiaron al resto de sus compañeros, mientras Senegal ya pensaba en el viaje de vuelta. Al final, 89-56 y Francia que espera en cuartos con la navaja muy afilada. El cuerpo técnico tendrá que perfilar ciertos detalles para que la final ante Estados Unidos sea una realidad el domingo.



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