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Farinella sufre por River

El ídolo millonario realizo su descarga en el sitio oficial del club de Nuñez y afirma:

"Somos Un equipo del montón"




River era un equipo extraordinario. Jugaba un fútbol que hacía años no veíamos, con una dinámica y una convicción fuera de lo común. Frescura, juego de alto vuelo, ponele el nombre que quieras. Podemos adornarlo con miles de palabras y todas van a concluir en lo mismo: era un placer. Todo esto pasó hace muy poco, está tan fresquito todavía, tan al alcance de la mano, que se hace más doloroso ser hoy lo que estamos siendo: un equipo ordinario. Porque aquel equipo ni siquiera hoy es un recuerdo, está tan fresco, tan reciente, que no pasó el tiempo suficiente para que forme parte de la memoria. Incluso ganando la Recopa o haciendo un partido decente en la altura, que está fuera de esta evaluación porque ahí arriba el fútbol es otra cosa, hoy River es un equipo quieto, normalito, cansino, por momentos a ritmo de carreta, inseguro con la pelota y hasta increíblemente frágil donde era un portento: la defensa. Antes los jugadores se escapaban de la marca y pedían la pelota, disfrutaban de participar de un circuito virtuoso de juego; hoy todos están entregados a la presión del rival, no la piden, no se mueven, le ponen el sello al expediente y que pase a la dependencia que corresponda. Circuito vicioso. Nadie puede ser feliz así, ni adentro ni afuera.
Es todo muy difícil de explicar, porque hay un componente emocional muy fuerte, una sensación de pérdida que suena absurda después de haber ganado dos copas hace un suspiro. Fuimos felices con la Sudamericana y volvimos a brindar con la Recopa. Pero perdimos ese toque que nos hacía diferentes, que convertía cada cita en una fiesta. Con aquel River no necesitábamos viagra ni ningún otro estímulo para sentirnos vivos.
Lo peor cuando uno está mal y debe tomar decisiones es no saber bien por qué está pasando lo que nos pasa. Todos vemos que no hay dinámica ni juego, que la defensa se para más atrás y sin la firmeza de antes, que Pisculichi no daña ni de pelota parada, que Rojas parece todavía extenuado del semestre pasado, que Teo se contenta con hacer un golcito o llevar tres en dos partidos pero sin dar lo mejor que puede. El tema es por qué pasa todo eso. El que sacude la modorra es el Pity, que encima se lesionó. Era un domingo hermoso de verano, ideal para el asado y la pileta. Para River resultó un domingo gris, un otoño prematuro que borronea de amarillo hojas de gloria
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