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Festeja el pais, menos algunos: River da catedra de futbol

River aprovechó los cortes de luz y festejó en Paraguay

En Asunción, venció 3-1 a Libertad por la ida de los octavos de final. El local ganaba por un golazo de Vargas y cuando tenía un penal a favor, el estadio quedó a oscuras. Se reanudó y Rodrigo López lo falló. Igualó Sánchez y otra vez se cortó la luz. Después, Driussi y Simeone le dieron el triunfo a la visita.



LIBERTAD 1 - 3 EL MÁS GRANDE. LEJOS

La idea se terminó derritiendo. A pesar de la ola de calor que azota por estos días a Asunción, River exhibió de entrada la propuesta de siempre, más allá también de ese césped alto que frenaba el viaje de la pelota de pie a pie. Marcelo Gallardo desde el banco igual pedía que haya circulación en todo momento. Y sus jugadores trataron de hacerle caso, por más que la circunstancia obligara, a veces, a algún pelotazo. Trataron y no pudieron. Libertad, con poco, le sacó el invicto de 24 partidos a un River que se asfixió en fallas letales.



Leonardo Pisculichi quiso ser el abanderado del juego y también de la movilidad, como de costumbre. Porque Piscu nunca se queda estático y ayer tampoco. Conduce desde la izquierda, el lugar desde donde nacían anoche las utopías de River, pero sorprende y aparece por derecha cuando el rival menos lo espera. Así, River tuvo la más clara tras una conexión entre el zurdo y Rodrigo Mora, aunque Lucas Boyé equivocó el concepto y en vez de poner la cabeza, la bajó con el pecho y se le fue larga.



Claro que River no es sólo Pisculichi. Cuando atacaba, Sánchez y Rojas, los volantes externos, acompañaban y los laterales a veces se animaban cuando pispeaban un hueco. Eso sí, le faltó contundencia y resolución en los últimos metros. Quizás ahí sí la sofocante temperatura le hizo perder el foco del arco de enfrente. O quizás extrañó demasiado a Teófilo Gutiérrez, ausente con aviso por la citación a la selección de Colombia.



Si no sufrió River en gran parte del primer tiempo fue un poco por la concentración de sus centrales y otro poco porque Libertad no tuvo juego asociado. El equipo de Pedro Sarabia se dedicó a intentar cortar el circuito de River, tal como había adelantado el técnico en la previa. No mintió. Libertad planteó el combate del medio hacia atrás. Así, sus delanteros quedaron algo aislados. Tampoco supo aprovechar algunas chances que River dio para el contraataque, sobre todo cuando Ponzio entregaba mal alguna pelota o llegaba a destiempo (le pasó varias veces).



Y la sorpresa llegó desde lejos. Porque Claudio Vargas soltó la derecha desde unos 30 metros para engañar a un Barovero que pudo haber hecho algo más ante un remate que no fue tan esquinado.



River intentó jugar como siempre, está dicho. Pero cuando se le complicaba la recuperación, también apeló a cortar con faltas y se cargó de amarillas. Con el paso del tiempo, el sudor del desgaste se empezó a notar. Y el mayor pecado de los hombres de Núñez fue no saber regular las energías. La mano que no puso Barovero, la puso Germán Pezzella para desviar el tiro de Gustavo Mencia que el árbitro peruano Víctor Carrillo sancionó correctamente con la pena máxima.
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