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Gallardo a Independiente: Hablamos en la cancha



Gallardo no entró en el juego que le propusieron Almirón y jugadores del Rojo. Y alejado de la pirotecnia verbal, sólo se ocupó de ver cómo hará para que River el domingo "no corra atrás de la pelota".

No miente Jorge Almirón cuando dice que a River ningún equipo lo atacó como lo hará Independiente. Lo que equivoca, en todo caso, es la conjugación: ya hace un par de días que Independiente viene atacando duro y parejo a River. El machaque dialéctico lo empezó el propio entrenador del Rojo en este mismo diario y detrás de su sicopateo mediático, curiosamente, se encolumnó el trío ofensivo compuesto por Montenegro, Pisano y Riaño.

Dentro de lo que asoma como una estrategia de verbosidad excesiva, el último técnico visitante que se fue victorioso del Monumental -con Godoy Cruz hace siete meses- sostiene que “a River le tocaron muchos equipos en formación”. Tan cierto como obvio. ¿O cuántos son los equipos del fútbol argentino que no están en veremos antes de la sexta fecha del torneo? ¿Acaso Independiente todavía no sigue buscando su ADN futbolístico? Incluso River, campeón y todo, debió acostumbrarse -más rápido que lo habitual, eso sí- a jugar de otra forma, con un fantasma gigante alrededor de un técnico nuevo y sin su goleador (Cavenaghi) ni su musa (Lanzini) ni su cerebro (Ledesma) ni su deshollinador (Carbonero).

Gallardo elige tomar un camino distinto al de Almirón y evita pronunciar lo que él denomina “declaraciones demagógicas”. Al cabo, el Muñeco consiguió lo que muy pocos entrenadores pueden de este lado de la frontera: que su equipo no sólo lo represente sino que, además, hable por él. Ahí está, en apenas diez partidos ya todos saben a lo que juega River, a lo que apuesta, y quizá sea eso lo que aún le falta a Independiente: se le vio carácter y contundencia para dar vuelta tres partidos (entre ellos el derby contra Racing), pero sus últimos cuatro triunfos en fila fueron más a los ponchazos que con claridad. Salvando distancias que son tan grandes como el Atlántico, toda esta especie de maniobra picasesos se asemeja en algo a lo que Mourinho hacía en el Real Madrid antes de enfrentar al Barcelona de Guardiola. Es decir: tratar de llevar la disputa a una arena movediza, incómoda para el equipo que lo viene diciendo todo en el verde césped. “Mi equipo habla en la cancha y no se expone afuera”, se plantó el Muñeco y, ahí, por ende, se verá quién es el puto amo, el puto jefe.

En ningún momento Gallardo le dio terreno a la batalla discursiva que se planteó desde la otra trinchera para picantear el clásico del domingo. En ESPN Radio, se excusó de opinar sobre el colega rival y, en cambio, se permitió ahondar en los peros de su equipo aun en la victoria copera del miércoles: “En vez de escudarme en la cantidad de situaciones que generamos, pienso en que nos llegaron más que en los últimos tres partidos del torneo, en que corrimos de más y sobre todo detrás de la pelota, y en que hubo un poco de distracción porque los jugadores quizá sentían que la serie estaba liquidada e, inconscientemente, bajaron la intensidad y empezaron a pensar en lo que viene”. Y lo que viene, justamente, es Independiente. El escolta que llega en alza y amenaza con cortar los aires de gran candidato que bien se ganó River. Ahora, si el Rojo lo ataca en la cancha como lo viene haciendo en los medios, entonces estaremos ante un clásico de otra época.
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