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Gracias a Tevez y Di María,Messi volverá a ser número 1

A Leo le piden que juegue como si aún fuera la época maradoniana. Líderes alternativos como Fideo o Carlitos (si vuelve) lo descomprimirán.






El 10 de julio pasado, en el predio Cidade do Galo, apenas un día después del épico triunfo sobre los holandeses, en Sao Paulo, una rueda informal de prensa tuvo como eje a Javier Mascherano, una de las dos figuras emblemáticas – junto a “Chiquito” Romero – de aquella noche inolvidable en el Itaquerao, cuando Argentina logró el pase a la final de la Copa del Mundo. “Masche”, en un diálogo desestructurado y de corte intimista, sintió la necesidad de explicar su punto de vista respecto de Lionel Messi, sobre quien ya empezaban a escucharse los ecos de desaprobación sobre su performance mundialista desde octavos en adelante.

“A Leo le pedimos todos que nos desahogue, especialmente los volantes. Que tuviera la pelota, que metiera la pausa y juntara dos o tres adversarios alrededor de él. Éso nos permitía recuperarnos mientras él aguantaba la posición a través de la posesión del balón”, comentó gráficamente el gran referente del seleccionado nacional en Belo Horizonte. La interpretación de ese mensaje entrelíneas fue inmediata: Messi era útil a lo que el equipo necesitaba.

Hoy día, parece haberse instalado un estado de cuestionamiento a la producción de Leo en un porcentaje alto de la opinión popular sobre un tema público. Se le cuestiona falta de protagonismo en instancias clave, exceptuando la primera fase (cuatro goles en tres partidos). Hasta un ícono albiceleste como Gabriel Batistuta apuntó recientemente en la misma dirección. En tanto, si bien Ricardo Caruso Lombardi está a años luz del aporte del “Bati” para el fútbol argentino, lo cierto es que su posicionamiento sobre el tema Messi dividió aguas y no pasó inadvertido. Las críticas del DT hicieron foco respecto de que en Barcelona es mínimo el nivel de dificultades y que por eso la “Pulga” ha cosechado rendimientos superlativos mucho más permanentes que en la Selección.

A Messi no se le puede achacar falta de predisposición o de compromiso, de ninguna manera. Hay que situarlo en un contexto de épocas diferentes a las cuales el hincha promedio argentino está acostumbrado. Se lo suele comparar con Maradona sencillamente porque la vara está alta para hacerlo entre dos de las máximas figuras futbolísticas de todos los tiempos. Sin embargo, el estereotipo del jugador que, como popularmente se dice, “se carga el equipo al hombro” es una especie que – metafóricamente hablando – se murió con Diego.

El mensaje clave de Alejandro Sabella hacia el plantel argentino había sido de sentido unívoco: “El nosotros es más importante que el yo”. Más que una frase hecha, a los jugadores les sonó como una declaración de principios por parte del entrenador. El eje de la expresión remite a que el conjunto prevalecía por sobre las individualidades y que cada integrante de la delegación lo debía observar como premisa. En términos futboleros, valía más que Messi recibiera juego en posición de doble cinco adelantado que en zona de definición, porque sus compañeros necesitaban que él se las ingeniara para cambiar el ritmo del partido en tal o cual momento. Y si el estandarte podía sacrificarse por el resto, ese ejemplo servía como metro patrón para todos los demás.

Casi simultáneamente, en lo que va de este mes de septiembre hubo un contrapeso en la balanza que sirvió para equilibrar el protagonismo absoluto respecto de las críticas que recaían sobre Leo. Los elementos disuasivos estuvieron corporizados en Ángel Di María y en Carlos Tevez, respectivamente.

En el primer caso, concretada la transferencia al Manchester United, “Fideo” pasó a ocupar el centro de la escena desde el punto de vista mediático, situación alimentada por sus dos denuncias consecutivas al Real Madrid: la presión dirigencial para que se fuera del club y, además, la negativa “merengue” para que no jugara la final del Mundial debido a su estado físico. Encima, Angelito brilló en el amistoso que la Selección le ganara 4-2 a Alemania en Dusseldorf; su golazo y su gran producción provocaron que aficionados germanos corearan su nombre antes de abandonar el estadio.

Que la Selección empiece a encontrar su juego aún sin la presencia de Messi es un hecho positivo, del que Gerardo Martino sabrá interpretar mejor que nadie. La primera lectura que le surge al conductor grupal es que el legado de Sabella puede consolidarse en pos de evitar la “messi dependencia”, la cual a la larga termina conspirando en contra de la afirmación del equipo en el sentido genuino del término. Que Angelito tome circunstancialmente el control del timón, como en otras oportunidades le tocará al “Kun” Agüero, por ejemplo, servirá para que Leo se descomprima y pueda llegar a la definición de la acción sin ncesidad de haberla construido previamente.

En el segundo caso, una eventual convocatoria del “Tata” para el “Apache” reforzaría la idea de que en esta nueva etapa del seleccionado argentino está abierto el espacio sin restricciones. Ya lo había anticipado el DT en una conferencia de prensa, en Ezeiza, antes de la partida hacia Alemania: “Ilusiónense”, expresó, en relación a todos los futbolistas con cartel de selecionables. Es más, si el actual delantero de la Juventus mantiene su nivel actual, no habría de qué sorprenderse si es que aparece en algún listado para octubre (ante Brasil, en Pekín, y luego en Hong Kong contra el combinado local) o en noviembre, cuando puede concretarse una visita a Estados Unidos.

Messi atravesó diferentes funciones en sus ciclos ascendentes con el Barcelona. De entrada, jugó recostado por el sector derecho del ataque, con la idea de aprovechar la diagonal en su búsqueda del área; en ese mismo lugar lo supo ubicar Alfio Basile durante la Copa América 2007.

Progresivamente, Pep Guardiola construyó la figura del falso nueve, la cual Leo interpretó a la perfección hasta alcanzar su techo corriendo los límites siempre hacia adelante. Con Sabella, la “Pulga” se movió más de una vez como un doble cinco en faz ofensiva con libertad de movimientos para elegir cuándo conducir la acción o ir a aparecer por sorpresa desde el lado ciego. En las tres fases de crecimiento como jugador, se asumió como eje de ataque para sus compañeros.

Ahora, en la medida que se afirmen Di María, Agüero, Higuain, Lavezzi y Lamela, por ejemplo, como si también recuperaran sus chances de ser citados Tevez y Pastore, el juego de equipo ayudaría a que Messi encontrara alternativas para asociarse a ellos y así el porcentaje de críticas podría ir desapareciendo gradualmente.

También lo supo decir Mascherano: “Lo que debemos aprender los argentinos es a cuidar a nuestros ídolos…jugadores como Leo aparecen una vez cada cincuenta años”. Razón, no le falta.
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