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Independiente | 50 años para el Rey de Copas



Un 12 de agosto de hace medio siglo, Independiente se consagraba como el primer club argentino campeón de la Copa Libertadores. Pero además de la conquista, comenzaba a sembrar lo que después cosecharía en reconocimiento, prestigio y otros 15 títulos internacionales. Aquella noche de hace 50 años nacía el auténtico Rey de Copas.

Aquella noche fría y destemplada del 12 de agosto de 1964, Independiente de ninguna manera ganaba un partido más. Vencía en la demolida Doble Visera por 1-0 a Nacional de Montevideo y se consagraba, ante una multitud, como el primer equipo argentino en conquistar la Copa Libertadoresde América. Hasta ese momento el que más lejos había llegado fue Boca en 1963.

Al año siguiente, Independiente comenzaba a instalar su mensaje ganador en el gran plano internacional. Ese derechazo letal y preciso de Mario Rodriguez (un media punta veloz, hábil y con una estupenda capacidad para llegar al gol arrancando desde atrás) a los 35 minutos del primer tiempo que aterrizó detrás del arquero uruguayo Sosa, marcó un antes y un después para el club de Avellaneda. El Rey de Copas empezaba a documentar un prestigio muy bien fundamentado dentro y fuera de las canchas.

A 50 años de aquella jornada tan simbólica como real, Independiente tiene la obligación de mirar su pasado para superar la grave crisis de su presente. La memoria nunca es vana. Es esencial. Sin el ejercicio de la memoria no se interpretan los días urgentes ni se construye el hoy.

Ayer, hace ya medio siglo, ese club que presidía Herminio Sande y aquel plantel que dirigía el Colorado Manuel Giudice y preparaba físicamente el Gallego Horacio González García, le imponía al fútbol argentino el hecho consumado de un triunfo tan influyente como efectivo. Y no la catarsis de "un triunfo moral", al que sabía recurrir la patria futbolera cuando se apelaba a un consuelo para ofrendarle un tono épico a una caída.

Después de los durísimos fracasos en los Mundiales de Suecia en 1958 y Chile en 1962 (en ambos, la Selección fue eliminada en la primera ronda), el fútbol argentino precisaba una reivindicación contundente para ir restaurando las heridas del pasado.

Boca, en el 63, había quedado en las puertas de esa reivindicación después de perder en la final de la Copa Libertadores frente al Santos de Pelé, 3-2 en Brasil y 2-1 en la Bombonera. Independiente, en la temporada siguiente, quebró, en semifinales la hegemonía del Santos derrotándolo por 3-2 en el Maracaná y 2-1 en Avellaneda.

"Nosotros no jugábamos para la gilada. Jugábamos muy en serio. Eso nos planteaba el cuerpo técnico. Y nos preparamos con todo para lograrlo. Eramos ofensivos, pero equilibrados y le metíamos un ritmo terrible a los partidos desde el arranque hasta el final. Y hoy, sin ninguna duda, me arriesgo a afirmar que para su época ese equipo fue revolucionario por su potencia y por su dinámica", nos comentó no hace demasiado tiempo el zaguero y volante central David Acevedo.

Un 0-0 con Nacional en el Centenario (Giudice desplazó sorpresivamente a Hugo Toriani y se la jugó por Pepé Santoro, quien la rompió y quedó como titular hasta que partió al Hercules de Alicante a mediados de 1974) y el 1-0 de local con el bombazo al segundo palo de Mario Rodriguez en el arco de la popular visitante, comenzaron a marcar a fuego el mito y la leyenda de la mística roja.

En aquella noche inolvidable del miércoles 12 de agosto del 64, Independiente logró capturar formalmente el hilo invisible de la trascendencia. Y forjó con una gran convicción el embrión de su mejor historia. Fue su primer Copa internacional. Después llegaron otras 15. Con otros jugadores, con otros técnicos. Y con otros dirigentes.

La semilla quedó ahí. En los arrabales y en los baldíos de Avellaneda. Son las semillas que sembró aquel equipo. Las que aún perduran. Y las que nadie olvida. A pesar de todo.





Por Eduardo Verona.




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