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Jorge Mendes, the King beyond the wall

El rey de los fichajes

Se ha embolsado por el traspaso de James Rodríguez entre cuatro y ocho millones de euros y su empresa Gestifute ha movido 700 millones en fichajes. Jorge Mendes, que empezó su carrera en un videoclub, es el mejor agente de futbolistas.



Como Quentin Tarantino, comenzó con un modesto videoclub que traspasó cuando barruntó la muerte del VHS. Acto seguido, se metió a regentar una discoteca de la que se largó antes de que la crisis la convirtiera en muros para graffitis (Alfandega llevaba por nombre). Aquel portugués que en los años 90 no triunfaba en los terrenos de juego y que olfateaba oportunidades de negocio en Viana de Castelo -localidad costera a media hora de Galicia-, se ha entronizado como el mayúsculo agente del fútbol mundial a través de su empresa Gestifute.

Hasta este verano, este emporio que fue creado en 1996 ha movido casi 700 millones de euros en traspasos (unos 150 cada verano desde hace un lustro), una cifra equivalente al 0,4% del PIB de Portugal. Para ascender a la cumbre, Mendes se ha rodeado de 40 empleados, con dos hombres de confianza (si bien le gusta llevar en solitario el peso de las negociaciones). Se calcula que se embolsa entre un 5 y un 10% de comisión por fichaje. Para medir la dimensión de sus operaciones, solo en el verano de 2004 se metió en el bolsillo 60 millones de euros por llevar de una tacada a cinco jugadores al Chelsea, Mou incluido. Su estrategia: comprar barato y con ojo en Suramérica, foguear al futbolista y venderlo en su máximo pico de rendimiento a precio de oro.

Su cuartel general se radica en Oporto. Todo ha sobrevenido en apenas 18 años para un tipo nacido en el año 66 un día después de la festividad de los Reyes Magos. Hoy el monarca es él, el amo, el negociador, el mejor vendedor. En la misma jornada puede afeitarse en Manhattan, almorzar en La Castellana y llegar inmaculado al afterwork de Londres. O lo que es lo mismo, desayunar con el dueño de los Red Bulls de Nueva York, despachar con Florentino y cerrar el día con el mandamás ruso del Chelsea. Muchas veces le acompaña su esposa Matilde entre tanto jet lag. Acarrea tres móviles, por si alguno se vacía de batería y echa al traste cualquier negociación (aseguran que puede tener el iPhone 14 horas al día adherido a la oreja, incluso cuando sale a correr, otra de sus pasiones).



Todopoderoso

Mueve fichas, cambia cromos, ajusta salarios y renovaciones, organiza galas en Dubai, entrega premios globales, da negativas a gente de la lista Forbes, se ha postulado hasta para comprar a toca teja el yate real Fortuna (8 millones de euros)... Sus representados chutan balones y llenan estadios; él dispara sus carreras y procura que estén llenas sus cuentas bancarias. Jovial, bien parecido, astuto, perseverante, cumplidor, encantador en el trato, amante de los relojes y los trajes caros, repeinado, estajanovista.... Así es Mendes, un mercader que pareciera ser supervillano en una de James Bond con raíces de clase humilde y cuyo influjo de rey midas se ha multiplicado tras el Mundial de Brasil y los traspasos de James al Real Madrid, y Diego Costa y Filipe Luis al Chelsea.

Y esto solo son una parte de sus tentáculos. Además de ser íntimo y llevar los designios de Cristiano Ronaldo o Mourinho, entre otros, controla el Braga portugués, comparte negocios y fondos de inversión (Quality Sports Investment) con el superbusinessman de la Premier Peter Kenyon y es el hombre fuerte de Peter Lim, el preboste de Singapur que acaba de comprar el Valencia. Mendes ya planifica la lista de altas y bajas a orillas del Turia. "Fue un futbolista mediocre, y aquella frustración la compensó al decidir ser el mejor agente del mundo. Es un tío muy muy listo que sabe oler cuándo los presidentes de los equipos quieren apuntarse tantos ante su afición con fichajes de campanillas. Porque los presidentes se enamoran de tipos como él y a veces hacen transacciones innecesarias. "Tiene encanto, osadía y trabaja a tope. Aún recuerdo una negociación en el restaurante La Brasa en A Coruña para meter unos jugadores del Depor al Mérida. Lendoiro [entonces presidente del Deportivo] le calificaba como ‘un tío muy majo al que no le puedes negar casi nada’", analiza un celebérrimo agente que tiene en cartera algunas estrellas de la Selección española y que prefiere anonimato. "Cuanta más pasta generen sus movimientos, él acapara más prestigio y poder. No sé si lo suyo como agente es vocacional, pero lo que hace se le da de miedo", zanja.




Siempre tuvo Mendes un sexto sentido para triunfar, incluso en la derrota. Como no pudo despuntar como jugador en el Vianense y el Lanheses de su país de origen, buscó la manera de arrimar algunos escudos a su cuenta bancaria: a cambio de un sueldo mísero en el Lanheses se haría cargo de la explotación publicitaria de las vallas que cercan el césped. La jugada le salió redonda. El efecto dominó le llevó a toparse con un guardameta prometedor nacido en Santo Tomé y Príncipe: Nuno. Se hicieron inseparables y Mendes decidió gestionar su futuro.

En un santiamén, Nuno estaba enrolado en el Superdepor de Lendoiro en 1997, conviertiéndose en su primer cliente. Su paso por Coruña fue testimonial y apenas participó en cuatro partidos en cuatro temporadas alternas (ni convocado iba). Pero Mendes no olvida a sus amigos y desde hace unas semanas Nuno es el flamante entrenador del Valencia de Peter Lim y tiene un caché que jamás hubiera soñado (un millón y medio de euros al año y otros logros aparte) para una hoja de servicios exigüa: firmar una temporada meritoria en el Rio Ave portugués. Cuando se clasificó para la final de la Copa 2014, Nuno llamó sorprendentemente en medio de la rueda de prensa a un amigo para dedicarle la victoria. Todos pensaron en Mendes. Nuno solo dijo que se trataba de alguien "que sufre mucho por mí".




A Mendes le iría como anillo al dedo la definición yanqui de self made man,"el sueño americano cumplido en Portugal", como apunta el periodista de Marca, Roberto Gómez. "Es trabajador, el mejor del mundo en lo suyo. Serio y recto, defiende los intereses de sus jugadores y sus entrenadores como pocos. He tenido la suerte de coincidir con él en Madrid y en Moscú, y he visto que su obsesión es que sus clientes estén felices y que solo tengan que preocuparse por jugar al fútbol. Engaña muy poco, va de frente y cumple lo que promete. También está obsesionado con la imagen de Portugal en el mundo y se ha convertido en una especie de embajador de su país, un ultranacionalista luso muy querido por sus compatriotas", añade Gómez.

Cuando cesa el frenesí de aeropuertos y conferencias, el mejor agente FIFA de la galaxia (Premio Globe Soccer cuatro años consecutivos) se recluye en su casa de Valença do Miño. Allí no deja de salir a hacer running y compartir juegos con sus dos hijas y su pastor alemán. También pincha en la parte baja de la casa recordando sus tiempos de dj y gerente de discoteca. Sale a la compra in péctore y llena su casa de amigos y familiares para que no falte jarana a la hora de comer o cenar. Así le define Joan Laporta, expresidente del Barça, en SIC, documental luso que glosa la vida de Mendes: "Siempre me ha recordado al protagonista de Jerry Maguire, aquel agente que interpreta Tom Cruise y que tiene alma, tiene corazón".

Huidizo con la prensa (da largas siempre a las entrevistas y odia las sesiones de fotos), el contrapunto lo ponen algunos agentes que prefieren no dar su nombre y que tal vez se hayan visto perjudicados por la voracidad de Mendes: "Se debería controlar más el tema de los fondos de inversión y abrir una investigación para ver cómo funcionan. En Reino Unido está prohibido fichar a través de ellos. Aquí la UEFA tiene que pronunciarse porque tampoco es bueno que un agente acapare tanto poder, tantos caballos ganadores. Pero, ojo, que en el fútbol todo son ciclos, todo pasa". El final de la historia aún está por escribirse, pero arrancó en 1991, en un videoclub cuyas estrellas disponibles en alquiler eran el El silencio de los corderos y Terminator 2.


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