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Julio Grondona fue jugador de River

Allá por 1948, el fallecido ex titular de la AFA integró oficialmente la 5ta. del Millo. Un recuerdo del futbolista que fue, con su propia explicación de por qué no llegó a más como tal.





Un año antes, a los 16, Grondona egresaba precozmente del Colegio Salvador, perteneciente a la comunidad jesuita, donde había dado tercer año libre. Según dijo alguna vez, el apuro para terminar un año antes de lo normal sus estudios secundarios se debió a que “era muy grande el esfuerzo” que su padre, fundador de la ferretería que su familia aún tiene, hacía en lo económico para enviarlo a ese instituto privado.

Aún con 16 años y sin saber bien qué hacer de su vida, aquel joven de Sarandí al que por entonces nadie llamaba aún “Don Julio” se enroló en River y quedó incorporado a la 5ta. del club, cuyas inferiores eran manejadas por una de las personas con más conocimientos sobre fútbol que hubo en la Argentina: Carlos Peucelle, verdadero mentor de aquel gran equipo riverplatense de los ’40 conocido como La Máquina.

Para entonces, como él mismo recordaría en una entrevista que le realizó El Gráfico, Grondona era “un diez algo talentoso y bastante vago, al que no le gustaba nada correr”. En tanto, su querido Arsenal empezaba a tomar forma como equipo de barrio aún sin cancha ni sede, que armaba con otras formaciones similares de la zona de Avellaneda desafíos no sólo de destreza futbolística, sino también de guapeza.

Sin dejar de jugar en aquellos encuentros que solían terminar a las trompadas, el hoy presidente de la AFA mostraría en River otros rasgos de la fuerte personalidad que, acaso más que su vida fuera de las canchas, esos mismos partidos le habían permitido forjar. “Cada vez que me devolvían un pase largo, puteaba a mis compañeros. Además fumaba y tomaba, muy lejos no podía llegar”, reconocería.

Acaso por esa irascibilidad, ya en 1949 Grondona quedó libre y, como certifica el boletín de la AFA adjunto a esta nota (ver abajo), pasó de River a la 4ta. de Defensores de Belgrano, que militaba en la principal categoría del ascenso. Allí no cambiaría mucho: al poco tiempo agredió a un árbitro y le dieron ocho partidos de suspensión, por lo que decidió dejar el fútbol oficial poco antes de cumplir 18 años.

Meses después, Don Julio -que aún no era Don pero sí Julio para todo Sarandí- comenzaría la carrera de Ingeniería en la Universidad de La Plata, donde llegó hasta tercer año antes de verse obligado a abandonar para hacerse cargo de la ferretería familiar por una parálisis que dejó postrado a su padre. Aunque el fútbol ya estaba indisolublemente ligado a su vida.

En 1956, de hecho, Grondona le daría un carácter más formal a ese Arsenal que integraba fundándolo oficialmente como club. Y quiso el destino que su primera gran alegría como dirigente tuviera como escenario a River en 1962, cuando, un año después de afiliarse a la AFA, los del Viaducto vencieron en el Monumental a Estudiantes de Buenos Aires y lograron su primer ascenso. Pero esa es otra historia.
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