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La amistad + uno



Meli y Chávez, los goleadores ante Vélez, son amigos desde la infancia. Compañeros en el equipo del pueblo, disfrutan sus días en Boca y sueñan con amargar a River.

Ya cerré todo con Boca, en unos días me tenés entrenando por ahí”. “¡Grande, amigo! Sabés que te lo merecés. Venite que la vas a romper”.

La charla, palabras más, palabras menos, se dio vía WhatsApp hace poco más de un mes y medio. Amigos desde que el pantoloncito les tapaba las rodillas, más compinches todavía cuando el fútbol bifurcó sus caminos, Andrés Chávez y César Meli tenían un sueño por cumplir. El Negro y la Pulga, o Eliseo y Marcelo (así los llaman quienes más los conocen), comparten mucho más que el plantel y la concentración de Boca: fueron compañeros en Infantiles y en Inferiores del Sports Salto (este año disputará el Federal B), salieron campeones en Sexta División, ganaron la medalla de oro en el torneo Bonaerense de Mar del Plata, siguieron en contacto permanente aun cuando uno estaba en Banfield y el otro en Colón, y ahora pasan día y noche juntos. Cuando no, prenden y apagan los celulares para hablarse y, de paso, esquivar a los periodistas que buscan la exclusiva con los goleadores del Xeneize en el debut de Arruabarrena. “Queremos mantener el perfil bajo”, coinciden. Pero Salto los cría, y Olé los junta.

-¿Cuántas veces imaginaron este momento? -Meli: Muchas. Debutar como titular en un estadio tan importante, lograr la victoria, hacer un gol y que también convierta Andrés fue algo increíble.

-Chávez: Yo directamente no pude aguantarme la emoción y me puse a llorar. Con el gol de Marce ya se me había movido todo, y cuando me tocó marcar a mí me terminé de desahogar: pensé en mi mujer, en mi hija, en el resto de mi familia y en el sacrificio que hicimos los dos para poder estar en este lugar. Lo que pasó el domingo no me lo voy a olvidar nunca más.

-¿Cómo se llevaban cuando eran chicos? -M: El Negro era renegado, pero era buen pibe. La verdad es que adentro y afuera de la cancha siempre nos llevamos muy bien. Eramos titulares, así que ya nos conocíamos de memoria. Yo lo habilitaba y él sólo tenía que meterla, je. Si se nos complicaba un partido, ya sabíamos qué teníamos qué hacer: se la tirábamos larga a Eliseo y él rompía el arco. Este es un animal del área.

-C: Compartimos muchas cosas lindas. Porque no sólo jugábamos juntos en el club, también íbamos a la pileta, a las casas, pasábamos horas y horas. Eso sí: Marcelo era inquieto como él solo. Y todavía juega como vive, je.

-¿Se iban hablando mientras se cerraban sus pases a Boca? -C: El llegó un poco antes que yo, pero como después se trabó la habilitación, empezamos a jugar casi al mismo tiempo. Yo estaba de pretemporada con Banfield en Mar del Plata y tenía la expectativa de saber qué iba a pasar. Era consciente de que en Boca me iba a encontrar con Marcelo y ése fue otro de los motivos que me llevó a venir a este club.

-M: Para los dos fue una tranquilidad habernos reencontrado. Ambos venimos de abajo y no sabíamos con qué mundo nos íbamos a topar. Es más, si mi pase finalmente no se hacía, hubiera estado igual de contento por el Negro, porque sé todo lo que luchó para llegar hasta donde llegó.

-Y ya empezó a cumplir.

-M: Sí, es terrible el bombazo que sacó contra Vélez. Lo mío fue más humilde, je. Ahora, vos pensá: meto mi primer gol en la Bombonera y, cuando quiero salir a festejarlo, el Negro se me cuelga de la espalda. ¿Qué tengo que hacer? Encima que hago un gol cada tanto, che.

-C: Ja, pero había que gritarlo así. ¿O te olvidás de todas las que pasamos? Vivimos momentos bárbaros y también tuvimos nuestras necesidades. Pero éramos chicos y lo tomábamos como un juego, no nos dábamos cuenta de nada. La cancha en la que jugábamos no tenía pasto, pero para nosotros era el Maracaná. Siempre fuimos felices jugando al fútbol.

-¿Les costó disfrutar en los primeros días, cuando no podían ganar? -C: Y, uno se sorprende de todo lo que pasó. Sabíamos lo que significaba Bianchi para la institución, pero no se nos daban los resultados. Los jugadores siempre tratamos de dar lo mejor, de salir adelante por el técnico, por la gente y por nosotros. Pero a veces las cosas salen bien y a veces no. La salida de Carlos fue un golpe duro, aunque vamos a recuperarnos.

-Con Bianchi no había “titulares” ni “suplentes”. ¿Cómo viene la mano con el Vasco? -M: Acá tenés que defender el puesto en el día a día, y después el entrenador decide a quién pone. Yo el otro día hice un buen partido, me sentí bien y me encantó sentir el aplauso que me brindaron cuando dejé la cancha, pero no puedo quedarme con eso. Además, acá tengo al hincha número uno, je.

-¿Cómo es eso? -C: Antes del partido con Vélez le dije que la iba a romper, que jugara tranquilo que con las condiciones que tiene se va a ganar un lugar, que dejara todo porque podía ser una tarde clave para convencer al técnico. Por suerte se le dio y terminamos todos celebrando el triunfo.

-M: Bueno, está claro que el Negro es amigo mío, ¿no?, ja. Yo estoy muy tranquilo. El jueves se nos viene una final y no podemos relajarnos. Ojalá repitamos y podamos aportar lo nuestro para ganar en Rosario por la Copa. Ya le dije que desenfunde más seguido el cañón ese que tiene en las patas y nos haga festejar.

-¿Y ahora con qué sueñan? -C: El primer objetivo es clasificarnos a la Libertadores. Y una de las posibilidades es saliendo campeón. Además, sabemos que el torneo recién empieza y que la mayoría de los equipos son muy irregulares. Esperemos poder luchar en los dos frentes y darle una alegría a los hinchas de Boca y también a la gente de Salto. Sería lindo ganar otro título juntos.

-M: Sería hermoso dar la vuelta con esta camiseta. Y si hacemos más goles, mucho más todavía.

-¿Cómo debería ser el gol ideal? -M: Y, yo debería recuperar la pelota, dejarlo mano a mano con el arquero...

-C: Y yo defino con un fierrazo. Sería báraro.

-¿Y el rival? -¡River! ¿Te imaginás lo que sería eso? Nos morimos acá, je.


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