La lección que el fútbol le dio a un francés



La lección que el fútbol le dio a un francés: el día que jamás olvidará Layvin Kurzawa

Sufrió una rápida revancha. El jugador francés había marcado el tanto que le daba la clasificación a su equipo a la Euro Sub-21 del año próximo y se burló de sus rivales. Estos marcaron un minuto más tarde, eliminaron a los galos y lo celebraron con todo.





Layvin Kurzawa es un defensor, lateral izquierdo, que tiene 22 años y juega en el Mónaco. Integrante de la selección sub 21 de Francia jugaba este cruce eliminatorio ante Suecia como una verdadera final: el premio no era otro que el pase a la Eurocopa de la categoría del año próximo, que se disputará en República Checa.

Su equipo llegaba como favorito tras haber vencido 2-0 en la ida; pero algo falló. Francia se quedó, los suecos reaccionaron y, a cuatro minutos del final, "les Blues" estaban siendo eliminados, con un parcial de 3-0.

Minuto 86, el momento en el que comienza esta historia. Kurzawa, ya instalado como nueve, encuentra una pelota en las puertas del área chica y, de cabeza, la manda al fondo de la red. Parálisis en los suecos que asistieron al partido disputado en Halmstad, 1-3 para los galos: una derrota, pero un resultado que significaba también la clasificación a la Euro. Todo iba bien, pero Layvin cometió "el" error. No festejó con los suyos, no disfrutó de su hazaña, sino que apuntó a sus rivales. Con un gesto arrogante se llevó su mano a la cara, como buscando a los contrarios. John Guidetti, con quien tenía una "pica" particular fue el principal destinatario de sus burlas.

"El fútbol da revancha", frase que se ha escuchado una y otra vez en este mundo. Frase que, cada vez que vuelva a oirla tendrá un significado especial para Kurzawa.

Minuto 88. Oscar Lewick, otro defensor, provoca el estallido. Marca 4-1, le da la clasifación y Suecia y destruye el mundillo que Kurzawa había construido en su cabeza. El festejo primero es con los suyos, haciendo una verdaera montaña humana.

Al terminar el partido, Giudetti tuvo revancha. Repitió el gesto de Kurzawa en sus narices, como si, por algunos segundos, se transformara en el espejo del francés, que vio una imagen (y recibió una lección) que nunca podrá olvidar.



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