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La mayor paradoja de la historia del fútbol

Alemania Federal 0 - 1 Republica Democratica de Alemania

Copa del Mundo Alemania Federal 1974


Hacía 13 años que un muro dividía Berlín en dos partes muy enfrentadas en lo ideológico. La militarización de ambos lugares era brutal. En su día la actual capital alemana tenía un sector, el occidental, dividido entre Francia, Estados Unidos e Inglaterra, los tres países decidieron acabar con el limbo jurídico en el que vivían, sin función gubernamental ni legal, creando la República Federal Alemana. El lado oriental, controlado por la URSS, tomó el nombre de República Democrática Alemana. Competían en todo, cada parte quería demostrar que lo suyo era lo bueno, lo conveniente y el fútbol no podía quedar al margen.



La Alemania Federal había logrado organizar la Copa del Mundo de 1974. Sus infraestructuras, avanzadas para la época, su numerosa afición y su gran equipo eran bazas fundamentales para conseguirlo, pero también lo fue su rivalidad con la Democrática. Era una manera de enseñar a los comunistas que el capitalismo ofrecía más alternativas. Alemania Federal quedó encuadrada en el primer grupo. El día del sorteo, la primera bola en salir fue la de la desconocida Australia, le siguió la de Chile, un equipo de un nivel muy discreto. La última bola tuvo morbo: era la de la Alemania Democrática, las dos alemanias cara a cara, frente a frente. El Mundial ya tenía su partido estrella.

La Alemania Occidental era una máquina de hacer fútbol. Müller, Vogts, Maier… golearon a Australia por 3-0 y vencieron a Chile por 1-0 sin ningún problema. Iban a ser líderes de su grupo. La Alemania Oriental no pasó del empate a uno con los chilenos y se impuso por 2-0 a unos desmotivados australianos. Chile, ganando a los oceánicos, se veía en la siguiente ronda.

Sería un partido de profesionales contra amateurs. Y se notó desde el inicio de partido. Müller logró plantarse solo frente al portero rival, pero su tiro se estrelló en el larguero. Luego, tras una ocasión de la Democrática, llegarían varias de los locales, pero todas acabaron en el portero visitante o lejos de las mallas. Cuando el 0-0 parecía inamovible, Sparwasser, delantero del Magdeburgo, logró controlar un balón de cabeza, escapar del acoso de Berti Vogts y rematar un balón al que no llegó Maier. El Volkspark de Hamburgo enmudeció casi por completo, ya que unos 1.500 aficionados de la Alemania comunista celebraron el tanto con efusividad. Su equipo era primero de grupo.


link: https://www.youtube.com/watch?v=fsfp8VCkuh0


Jürgen Sparwasser era ingeniero mecánico y estudiante. A sus 26 años era uno de los jugadores más talentosos de la Alemania Oriental, pero aquel gol despertó el amor de unos y el odio de otros. “Mucha gente me vio como un traidor, mucha gente de la República Democrática Alemana contraria al régimen quería que perdiéramos y por goleada, era algo que demostraría nuestras carencias”, rememoraría años más tarde. El propio jugador también señaló que “dijeron que me habían regalado un coche y una casa por aquel gol y nunca fue así; me felicitaron pero nada más”.

Con el tiempo, y al verse utilizado, el que había sido héroe para muchos se exilió a la RFA donde ejerció como profesor de Educación Física. “Me insultaban por la calle, no perdonaban que me hubiera afiliado en la RDA al Partido Comunista ni que desechara un traspaso al Bayern de Múnich debido a mis ideas proletarias”, dijo. Sus ideas habían quedado atrás cuando le habían ofrecido entrenar al Magdeburgo, controlado por la Stasi, la policía secreta de la RDA, y dijo que no. Como represalia no le permitieron acabar su doctorado en Pedagogía. En la actualidad vive desarrollando varias escuelas de fútbol en la Alemania Oriental, siendo consciente que siempre tendrá un nombre en la historia. “Si en mi lápida pusieran Hamburgo, 1974, todos sabrían quién está ahí enterrado”, ha dicho.

Ser líder del grupo no fue bueno para la RDA, que se vio las caras en la segunda fase nada más y nada menos que con Brasil, Holanda y Argentina. Solo sacó un punto en tres partidos. En el otro grupo, la RFA logró meterse en una final que ganaría a la Naranja Mecánica. “Perder con la RDA nos despertó”, diría años más tarde Berti Vogts.
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