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La rotonda Gutiérrez



Teo llega hoy pero las vueltas siguen: sus modos colmaron la paciencia de Gallardo y en la CD creen que lo lógico es venderlo. Está más cerca de Europa que de Núñez...


Primera escena. Humo y fuga. Teo extraña horrores los olores de Barranquilla. Se camufla entre la más siniestra de las neblinas y escapa del mismo modo que al Trabzonspor se le evapora el negocio. El club presiona sin éxito. Teo aduce problemas de salud que nadie comprueba. Ya nunca volverá a Turquía.

Segunda escena. Amor y odio. Media Avellaneda se parte al medio. Los hinchas de Racing aún lo bancan a pesar de unos cuantos pesares. Sus compañeros hacen fila para ubicarlo. Los dirigentes debaten. Teo se va a los tiros, entre el tumulto de un vestuario y la soledad de un taxi. Ya nunca volverá a la Academia.

Tercera escena. Rebeldía y deseo. Teo tiene decidido abandonar Cruz Azul. River muestra su interés y él revela su sueño de crianza. La Máquina Cementera, indemnización mediante, cede ante los caprichos del destino y lo suelta. Ya nunca volverá a México.

Si acaso alguien supuso que el cuento del Teo ya había agotado todos sus ingredientes, que los recursos estaban gastados por demás, ahora puede ir volviendo a acomodarse en la butaca para seguir palpitando con los avatares de este genio del misterio futbolero. Díscolo irremediable, rebelde sin causa, Teófilo Gutiérrez regresa a las mismas tablas que supo pisar y revienta la taquilla como si fuera la primera vez. La obra, ya un clásico, exhibe su remake en Udaondo y Alcorta.

El personaje en cuestión tiene un manejo tan enigmático como difícil de igualar. Hay algo perverso en su discurso. Habla cual monaguillo y se desentiende de cualquier conflicto, un día manda vía Twitter señales de desapego y al otro refleja sus ganas locas de reinsertarse en el club de sus amores al que tanto le costó llegar, prolonga su ya de por sí prolongada licencia pero aclara lo profesional que es, no hace ni el más mínimo esfuerzo por comunicarse con Gallardo aunque tampoco ve la hora de entrenarse con el nuevo técnico.

Bastante poco lo ayuda su prontuario. El perfil de abandonador compulsivo se forjó por tantos plantazos como Suárez dio tarascones. Y si de morder se trata, la situación de Teo tiene sus diversas porciones. Por un lado, el colombiano quiere ir a Europa para sacarse una espina deportiva y, ya a sus 29 años, hacer una diferencia económica. Por otro, si bien en Núñez no sobran los 9, tampoco están en condiciones de despreciar la posibilidad recuperar los 3,5 millones de dólares que pusieron por el 50% del pase. Y en el medio, mientras negocia una deuda que River mantiene con el jugador, el grupo empresario que es dueño de la otra mitad de la ficha maneja ofertas del Southampton, La Coruña y otros equipos ingleses y españoles y hasta italianos, dentro de un mercado que cerrará sus puertas recién a fines de agosto. A esta altura, los modos de Teo colmaron la paciencia de Gallardo y en la CD creen que lo lógico es venderlo.

Cuarta escena. Sueño y adiós. Teo cumple su anhelo de vestir la Banda e incluso de ser campeón. No ahonda en discordias durante la temporada que lo lleva hasta al Mundial. Demora el regreso. La oferta del Viejo Continente, sin embargo, no se concreta. Hoy vuelve a Buenos Aires. Ya nadie cree que sea para quedarse.


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