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La selección cordobesa de amputados, ejemplo de lucha

La selección cordobesa de amputados, ejemplo de lucha

La vida los puso a prueba con algún accidente que los mutiló. Sin embargo, el amor por jugar a la pelota fue más fuerte y lo hacen con todas las ganas. Algunos llegaron a representar al país en un Mundial.

–Dale culeao. Más rápido.
–Ey, qué te pasa morfón. Yo le pego mejor al arco. Acá los distintos son los que fueron al Mundial, ja.
–Chicos... Hay que entrenar bien. No estamos de fiesta.
El diálogo de los jugadores no tiene desperdicio. Por eso al final aparece la voz del DT. Conciliadora, pero ordenadora. No se trata de un partido de AFA con Belgrano, Talleres, Instituto, Racing.


El elenco provincial da pelea (Foto: Agencia Córdoba Deportes).


Ni siquiera es el entrenamiento de ninguno de esos equipos. Las voces, ocurrencias y gritos no corresponden a profesionales, sino a la selección cordobesa de fútbol de amputados.

Un equipo que vive acumulando goleadas contra la falta de inclusión social, con la excusa de darle a la redonda. Ellos entrenan dos veces por semana y no hay un segundo que pase sin demostrarse que querer es poder.
Como los “cuatro fantásticos” que lograron ir al Mundial de Rusia del año pasado con Argentina (“Los Flamencos”) y fueron cuartos. Pega fuerte el sol en el Kempes. Si cobrara vida el estadio, tendría los ojos llenos de lágrimas, de emoción, de alegría. Ahí en su cancha auxiliar se desarrollan una serie de historias de vida ejemplares. Allí cayeron esos muchachos con sus pesares.

Cumplieron ese primer día. Lloraron y luego se rieron. Compartieron dolores y pesares, y escucharon a los que estaban antes. Esos que también habían perdido parte de su humanidad y estaban allí para crecer en dignidad y sumar adeptos a la causa. Para crear un ámbito en el que nadie quedaría fuera y de a poco ganó un reconocimiento social.

La excusa fue el fútbol, la fortaleza se hizo con el grupo y el apoyo llegó a partir de la Agencia Córdoba Deportes. El primer entrenador fue Pascual Noriega (aquel ídolo del Racing de 1980), quien luego le cedió la posta a Matías Albornoz (ex Racing en la B Nacional, Bella Vista y otros clubes), el actual DT. El fin de crecer en todo sentido, el de fabricarse la oportunidad.

Inclusive sin haber tenido nada que ver con el fútbol. Ya no como medio de vida, sino de cultura, de amistad y de adaptar su cuerpo a la dificultad. A ganarle, en muchos casos, a la limitación que generar la falta de un brazo o de una pierna. A jugar con muletas y a adquirir una habilidad sobrehumana para manejar el balón.

El Mundial de Rusia
Juan Sosa, Juan Ignacio Suasnaba, Guillermo Moyano y Facundo Martín son los galácticos. Los que fueron a Rusia con la selección que había sido subcampeón.

“El Pelado” Sosa perdió una pierna porque un auto lo llevó por delante cuando iba a buscar la remesa del Paicor a una escuela de su Laboulaye natal, con solo 9 años. Conoció al profesor Silvio Tranquilli, de la escuela integral de Deportes Amanecer, quien lo llevó a practicar con la selección en 2009 y el que le ayudó a fundar al plantel cordobés.

“Cuando me desperté de la operación, tenía mucho dolor. Y cuando dejé de sentirlo, la pierna me picaba, y no me podía rascar. Me faltaba el pie. Cuando muevo la sabana me veo con una pierna amputada.

Pensaba que ya no iba a jugar más a la pelota, que no iba hacer mas nada. Pero la vida te da más oportunidades. Tuve que aceptarme como era. Usaba prótesis porque no quería que la gente me viera sin una pierna. Jugaba los picados así. Ni siquiera tenía novia. Pero cambié. Me quité la prótesis, aprendí a usar el bastón canadiense.
Fui al Mundial que se hizo en Entre Ríos. Me casé y tuve un hijo. Si Maradona y Messi fueron bendecidos por sus piernas, yo con una sola, fui un milagro de Dios”, contó Sosa (34 años), quien fue candidato por La Voz del Interior a ser “El cordobés del año” en 2010 y ya jugó su segundo mundial. Los otros muchachos, que sufrieron accidentes de moto, también conmueven con sus relatos.

“Soy una celebridad en Colonia Caroya, ja. Cómo me recibieron tras el Mundial. Cambié el arroz de tantos días con un asado. Pedía eso. A cada jugador en su provincia. Hay muchos pibitos que me han visto en la ‘tele’ y para uno soy como Messi para él. Sienten orgullo y respeto por mí. Me hice conocido por el accidente y no sabían cómo iba a salir.

Y ahora chochos por cómo salí adelante. Me ayudaron. El 17 de noviembre de 2009 iba en moto y un auto dobló sin poner guiño. Tuve fractura expuesta de húmero, tres costillas rotas y también me rompí la mandíbula. Me superé día a día. Gracias a los fisioterapeutas Adolfo, Romina y Betania, a mi familia y estos muchachos que están acá me ayudaron a levantarme”, contó Martín.

En tanto que Suasnaba dijo: “Nací en Río Cuarto. Fue hermoso lo del Mundial. Me pude subir a un avión. Empecé hace dos años y medio en la selección cordobesa. Nunca había tenido relación con el fútbol. No me gustaba, ja. Era malo. Tras el accidente de moto en junio de 2010, me integré al equipo. Le agradezco al señor Farías y a su gente que apoye esto”.

“Vi por la ‘tele’ que estaban practicando y me llegué acá al estadio. Mi contacto con el fútbol fue nulo. Hacíamos rugby con mi hermano. El compañerismo y la buena onda, fueron más. Pegamos buena onda. No caía que iba a ir un mundial, hasta que llegué a Rusia. Yo perdí la pierna cuando se me patinó la moto y me di contra un árbol. Fue el año pasado”, comentó Guillermo Moyano, también mundialista.

La selección local.
El equipo cordobés es el motor. Sus integrantes se enorgullecen del día a día. Fueron el apoyo de esos mundialistas por caso. El más pibe es Rubén Leonel Zamora. “Tengo 17 años. Mi sueño sería jugar un Mundial. A otro país. Cantar el himno, pero en otro lado. Estaba jugando en un basural. Vino una excavadora, no me vio, me tiró al camión y me arrancó la pierna. Cuando venía la otra palada con basura me alcancé a parar antes de que me tapara. Juego al fútbol. A la escuela dejé de ir porque mis compañeros me cargaban y me pelee con uno”, dijo el delantero.

A su lado está Marcos Nievas, el que lo animó. “Soy volante de contención, pero paso al ataque. Perdí la pierna en un accidente de moto. Lo vi en la ‘tele’ y dije: ¿Por qué no? Llegué con 84 kilos. Ahora estoy hecho un violín”, señaló.

Mauricio Ortiz Romero sigue los relatos con atención. El es distinto. Tenía sueños de futbolista. Ahora los recuperó. “Tuve un accidente de moto, en 2012. Me cortaron la pierna. Volvía a casa de lo de un primo de un cumple. Jugaba en Banco de Córdoba. Quería ascender. También tuve una prueba en Talleres. Ahora juego acá y quiero lograr cosas”, afirmó temerario.

Finalmente, le llegó el turno a Darío Rivas, el más gracioso. “Me falta la pierna de los 6 años. Fue otro accidente en moto. No culpo a nadie. Son cosas de la vida que pasan. Iba a casa de mi vieja. Ahora vivo normal. Hago changas de pintor, coloco cerámicos”, dijo el defensor.

Son algunas de las tantas historias conmovedoras de estos chicos que tienen en común el fútbol.
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