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La trama eclesiástica para que San Lorenzo sea campeón



El signo de los trece

La trama eclesiástica para que San Lorenzo sea campeón de América.




Algunos asumieron que el azar estaba involucrado cuando se enteraron de que, el día en que Jorge Bergoglio fue elegido Papa, el número que salió en la quiniela matutina nacional fue el de su carnet de socio de San Lorenzo: 88235. Otros, en cambio, sabemos leer las tramas con mayor agudeza y confirmamos en esa “casualidad” una certeza que veníamos acunando desde tiempos inmemoriales.

Se trata de entender que la llegada del Papa argentino está íntimamente ligada a un plan eclesiástico-futbolero que culminará con una acción religiosa de alto impacto popular: San Lorenzo alzando la Copa Libertadores.



El número de quiniela fue un guiño, un visto bueno, un asentimiento en código para poner en marcha los detalles finales de un mapa que lleva cientos de años en los esquemas de la curia. Ese detalle fue reforzado por una de las primeras oraciones televisivas de Francisco I, incluso antes de su asunción oficial: “Que gane San Lorenzo”. No era una expresión de deseo, sino la orden para que comience una secuencia organizada.

La conspiración lleva siglos en marcha. Piensen, por ejemplo, en la asociación directa de San Lorenzo con la Iglesia. El club fue fundado bajo la supervisión directa de un cura, fue nombrado en honor a un mártir católico, construyó su apodo –“los cuervos”- alrededor del color de las sotanas y contó con Paulo Silas -atleta de Cristo- como uno de sus ídolos modernos. Allí brillaron Farro-Pontoni-Martino, “El Terceto de Oro”-como los techos de San Pedro-, pasó años de austeridad camboyana, encontró su máximo goleador en San Filippo (aunque en verdad se escriba todo junto). Tuvo a Los Matadores. Y al Bambino Veira. Todos vínculos clarísimos con la ideología histórica del Vaticano.



El nombre elegido por Su Santidad tampoco es accidental. Algún desprevenido puede pensar que se trató de una referencia a San Francisco de Asís. En realidad, el jesuita Bergoglio quiso homenajear al padre Lorenzo Massa, que era salesiano, formado bajo la figura de San Francisco de Sales. Además, aunque escondió su intención, tomó una decisión partidaria basada en el nombre del padre (Fernando Francisco Miele, hombre que construyó el Nuevo Gasómetro), del hijo (Francisco Tinelli) y del espíritu santo (José Francisco Sanfilippo).

El mito azulgrana comenzó con el Santo Grial. Justamente, una copa que falta. Más allá de las teorías disparatadas -como la esgrimida en el fantasioso Código Da Vinci-, hay algunas versiones de lo que ocurrió con ese cáliz. Una de ellas es que, al ser nombrado Papa, Sixto II entregó una serie de tesoros a su confidente, San Lorenzo, un mártir a partir del cual se nombró a un club de lo que entonces era Almagro y hoy es Boedo. ¿Les suena?

Muchos teóricos de La Biblia sostienen que en realidadel Santo Grial no existe como un objeto, como una reliquia. En cambio se interpreta que puede ser un mensaje acerca del destino de la religión. Los estudiosos futboleros aseguran que se trata de siglas. Según ellos debe leerse, en realidad “El Santo Gri Al”, y significa “el Santo Grita en Almagro”, un festejo pospuesto de San Lorenzo que llegará con el retorno de la fe.



Una mirada rápida al cuadro La última cena puede desnudar varias claves para desentrañar esta cuestión. Por ejemplo, ¿cuáles son los colores de la ropa de Cristo en esa obra? Azul y rojo. ¿Qué falta en la mesa? Una copa. ¿Y cuántas personas están sentadas en la mesa? Trece. Heaquí el número más identificado con la historia de San Lorenzo.

Podríamos decir, por ejemplo, que desde el primer título de Ciclón, en 1933, hasta el segundo, en 1946, pasaron 13 años. La misma cantidad de tiempo, 13 años, transcurrió hasta el siguiente título, en 1959. En 1972, 13 años después, San Lorenzo volvió a ser campeón.

En los torneos cortos el número también rigió la suerte del equipo. Se alzó con el título en el Clausura ’95 y volvió a festejar en el Clausura 2001: un ciclo de 13 campeonatos. Fue campeón de nuevo en el Clausura 2007: otro ciclo de 13 torneos. ¿Saben cuándo se cumple el próximo ciclo de 13 campeonatos? En el torneo Final 2013. Pero en lugar de título, hubo un movimiento mayor: la elección de Francisco. ¿Qué día se dio? El 13 de marzo de

2013. O sea: el 13/3/13.

La mejor racha de triunfos consecutivos en la historia del fútbol argentino la tiene San Lorenzo. La logró de la mano del ingeniero Manuel Pellegrini. ¿Cuántas victorias encadenó? 13. Cada una valió 3 puntos: 13/3.

Volvamos un segundo al número de socio que se leía en el carnet de Bergoglio y apareció en la quiniela: 88235. La suma de los dígitos da 26, dos veces 13. También fue el número de camiseta que eligió Abreu durante su paso por el club, aunque a esta altura el dato parece menor, salvo que el uruguayo supiera algo más de lo que reveló en sus entrevistas post partido.

La llegada de un latinoamericano al papado no es una eventualidad inocente. El logaritmo religioso-pasional arrojaba una ecuación favorable para la explosión de fieles en América, el continente con mayor cantidad de católicos y con hinchadas futboleras más fervorosas en el mundo.

San Lorenzo es el vehículo elegido para restaurar una pasión doble, sostenida en la paciencia, en la esperanza, en las historias del pasado y en una recompensa por llegar.

Durante su primera reunión con Cristina Fernández de Kirchner, Francisco habló de “la Patria Grande” de Latinoamérica. La presidenta lo tomó erróneamente como un gesto a favor de la unión del continente. Él, en cambio, estaba pensando otra cosa.

Imaginaba, más bien, una consagración continental. Por eso buscó un nombre representativo que no se hubiera usado nunca antes. Él quería ser Francisco, el primero. Porque quería levantar el cáliz sagrado, esa copa, ese envase, ese continente: la Copa Libertadores.

La primera, por supuesto, para su San Lorenzo, bajo un papado argentino.

La podría celebrar levantando la Copa con sus fieles, quizá durante una misa multitudinaria, en una ciudad acorde. En la República de Boedo, puede ser. O acaso en San Francisco.

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