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Leo Messi ya no es el rey del gol pero sigue siendo el indis

Leo Messi ya no es el rey del gol pero sigue siendo el indiscutible rey del Barcelona




Dice un privilegiado habitante del vestuario del Barça sobre Messi: “Leo apenas habla, mira mucho, es bastante silencioso, pero cuando habla, todos callan y escuchan. No vi una cosa igual”. Así es el mejor jugador del mundo: una personalidad arrebatadora y llena de matices, que jamás deja indiferentes y marca con fuego cualquiera de sus movimientos.

Leo Messi es un inventor de la pelota. En cada partido trae un dibujo nuevo, algo que sorprende. Contaba lo siguiente un viejo aficionado azulgrana, de esos que se sabe de memoria la alineación del gran Barça de principios de los sesenta: “Por culpa de Messi, cada domingo yo termino con la boca abierta. Es un mago que hace que siempre regrese a casa feliz. Ya no me importa perder, Messi siempre nos recompensa. Nunca he visto a nadie como él; ni a Kubala, ni a Di Stéfano, ni a Cruyff, ni a Maradona… Póngalo: es el mejor jugador que he visto”.

A un gol de alcanzar el récord goleador del mítico Telmo Zarra, a Leo Messi le importa un rábano la cifra. “Lo importante es poder ganar allí (en el Santiago Bernabéu) y no el récord de Zarra. Al campo del Real Madrid iremos a hacerlo lo mejor posible. Y a ganar”, sentencia Leo, que es un devorador de triunfos y títulos, un tipo que detesta las comparaciones tanto como toparse de bruces con una multitud. Él solo mira dos cosas: el equipo y la pelota. Si logra conexión con ambos requisitos, Leo Messi se siente en paz y duerme a pierna suelta. Es el genio tranquilo.

Esboza su media sonrisa clásica cuando tratan de pincharle con el carrerón goleador de Cristiano Ronaldo; él, que ha sumado pichichis y balones de oro, siempre anda buscando en sus bolsillos oferta innovadora para la sorpresa. Inventa jugadas. Y otros (en este caso Neymar) golean. Solo hace falta rebobinar el partido del martes, cuando el Ajax tiraba de su clásico estilo descarado y parecía comerse el mundo y todos miraban a Leo. Leo no decía nada: ajeno a todo, parecía comer pipas. Pero no, no comía pipas. Leo estaba inventando. Agarró la pelota en la zona de creación, se apoyó en Pedro, el canario se la devolvió y Messi aceleró de repente. En un soplido desgarró a tres adversarios del Ajax y dio el pase necesario a Neymar (Rakitic realizó un gran desmarque) para que el brasileño abriese la lata.




Leo este año ha dado un pasito más. Se ha vestido de arquitecto y como tal diseña una amplia gama de jugadas que terminan en gol. Es el nuevo Messi que nos faltaba. El constructor de goles. Él dibuja y Neymar, su gran socio, ejecuta. La bicefalia perfecta. Fin de las discusiones.

Como en sus tiempos Alfredo di Stéfano o en su época dorada Johan Cruyff, Leo Messi se ha vestido de creador en una cancha de fútbol. Sigue mirando los tres palos del área adversaria, pero ahora mira más a Iniesta, ahora se asocia con el mago de Albacete y no pierde de vista a Rakitic, aunque cuando está sobre la cancha Xavi Hernández sonríe a mandíbula batiente. Porque ve diversión asegurada.

Con Neymar y el advenimiento de un huracán goleador llamado Luis Suárez, Leo Messi sabe que el Barça le necesita para apuntalar en el área de inventos. Sus prestaciones serán otras y con ello crecerá el equipo. Luis Enrique y el 10 lo han hablado.

Y no hay discusión. En realidad nadie discute nada cuando se trata de Leo Messi. Es el rey. Y todos se ponen en pie. Lo asumen todos. Lo sabe Luis Enrique. Consensuó con el argentino su cambio y éste asintió. El entrenador es consciente del reinado silencioso que inunda las tripas del Barça. El que mueve los hilos invisibles del vestuario es el que apenas habla, pero es el alma del equipo. Y el rey. No es ningún capricho ser sin discusión el número uno del mundo.
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