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Llora La Boca, La Boca llora | River 1 - Boca 0



PICANTE. No faltarán las discusiones mientras Gago se acomoda las medias, como en la imagen. (FOTO: LPM)

La fecha de los partidos, el reclamo por determinados árbitros, amigos de la Casa Amarilla, y mucho más. Cerca del Riachuelo hay un importante consumo de pañuelos descartables para condicionar la revancha del próximo jueves.








A nadie le gusta perder. Molesta, fastidia, genera bronca... Pero hay maneras diferentes de recibir los golpes, de asimilarlos para sacarles aunque sea una parte productiva. Existen quienes asumen culpas y frustraciones con dignidad, como Gallardo cuando manifestó "hay que tener bronca positiva", mientras que otros siempre hallan una excusa en lugar de mejorar. Durante estas horas el ejemplo de lo último se encuentra en Brandsen 805, donde la desesperación creció hasta límites insospechados. Es que la valentía es de La Boca para afuera.

Si bien es cierto que el jueves pasado el flojo arbitraje de Delfino, curiosamente jamás recusado hasta entonces por la dirigencia azul y amarilla, dejó mejor parado a River, teniendo en cuenta las circunstancias de pierna fuerte, de ninguna forma se le puede atribuir el triunfo al juez. El Más Grande ganó en todos los rubros del catálogo. Carácter, inteligencia, rapidez mental y, si se quiere, contundencia por aprovechar un penal. Sí, parece fácil, pero si es mal pateado, puede terminar en la China.

¿Era necesario armar un escándalo por el 6 o 7 de mayo? ¿Tenía que intervenir la máxima autoridad de la Confederación Sudamericana de Fútbol para explicar que el fixture de la web oficial era tentativo? Chiquitaje, como bien dijo D'Onofrio. Ni siquiera bebiendo un vino barato -póngale la marca que quiera- se puede decir algo tan ridículo. Como si fuera poco, luego empezó el operativo arbitraje. Un sinfín de especulaciones llamativas para un equipo que se vanagloria de haber terminado primero, burlas incluidas al peor segundo. ¿O será temor de un desenlace similar a noviembre? Y mejor no revisar cómo se clasificó cada uno porque mientras River entró por la ventana, en la otra vereda se metieron por la chimenea, humo impregnado incluido, sin respetar reglas.

Y, a propósito de noviembre, una suerte de homenaje a los Guns and Roses -rosas, para traducirlo y ponerlo a tono-, la lluvia de lágrimas de noviembre (November Rain) permanece vigente en las inmediaciones de la Vuelta de Rocha. ¿Miedo a otra eliminación? ¡Parapam! Por eso el primer pedido fue para que dirigiera un tal Diego Ceballos, cuya simpatía recuerda a Atlanta y Rosario Central, pero con algunas diferencias en materia de diseño de indumentaria, sin alterar los colores. ¿Se entiende? La otra solicitud tuvo éxito: Darío Herrera.

El árbitro nacido en Neuquén, pero críado en Lincoln, provincia de Buenos Aires, es amigo de la familia Schiavi. Muy prolijo, ¿no? Aun así, el Muñeco evitó condicionar públicamente a Herrera. Lo propio sucede con la dirigencia del Más Grande, cuya política en la materia es “no recusar árbitros”. Sin embargo, La Boca llora. Cuestiona a Delfino, reclama. Hace uso y abuso del libro de quejas, literatura favorita de Gago. Se olvida de todo lo que aplicó en el pasado, léase de los Pasucci, Bermúdez, Serna, Barijho y compañía. Cuenta una parte de la historia. Omite ayudas evidentes. Y, ahora, desesperado, condiciona. La Boca llora. Lloran las rosas. Y el jueves por la noche, tal vez más que nunca. Como si fuera un niño que pide una vuelta más en la calesita de Parque Lezama o que se queda solo en su casa. ¡Mi pobre Angelici!



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