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“Los pecho frío te hacen ver un fútbol digno”




Músico, futbolista y también actor. El Rifle Pandolfi dice que a los dos años de jugar se espantó del ambiente de la pelota. “Vivía con cara de culo. La sociedad te hace ver que tenés que ir a trabajar y ser responsable porque si no sos un parásito”. Armó Actitud Sospechosa y Mil Hormigas, subió al escenario con Los Piojos y ahora va al cine con La Despedida. Su bar, las bandas, el rock y la vida y el fútbol. “Román puede jugar parado hasta los 40”.





La última vez que hablé con él era un fino y elegante futbolista de Vélez. Un pendejo talentoso. Y nos encontramos en una sala de ensayo en la calle Entre Ríos, ahí cerca de Congreso. No fumaba en público por esto del deporte libre de humos ni tenía la barba tan pronunciada y apenas tocaba la guitarra. Sin embargo, dentro de esa corteza de delantero con actin de Enzo había una esencia de músico, actor y dejos de desfachatez que ahora desnuda porque su juego pasa por jugar. “A los dos, tres años, ya me había espantado el ambiente. Tenía 22 y decía: ‘a los 30 me retiro. No aguanto más”.

Estoy en Limbo Club, está sobre Costa Rica. El mensaje de texto me cae justo antes de apagar un cigarrillo en la Plaza Armenia, en Palermo, frente a donde un flaco alto, de barba y lentes negros y mongomeri se sienta en una silla al sol. 14 años después, mil notas y una más, difícilmente recuerde la escena, pero dice que tiene una vaga idea de esa tarde donde junto al Mono Burgos y Juan Pablo Sorín y los chicos de Los Piojos se armó una reunión improvisada y no tanto.

Wok de verduras y café y una charla de una hora y media con el tipo que cumplió con todas las fantasías de un adolescente en la esquina de un barrio cualquiera.

-Jugaste al fútbol, te pusiste un bar, armaste dos bandas de rock, tenés una sala de ensayo y ahora participas en una película. ¿Qué te falta?

-La sociedad te hace ver que tenés que ir a trabajar y ser responsable porque si no sos un parásito. ¿Para qué? ¿Para darle de comer a los que te mandan? No hace falta el viaje a Disney, tenés que elegir y hacer algo que realmente te guste. Ese es el éxito.

-¿Te fue fácil decidir?

-No es sencillo, porque vas por afuera de las normas y siempre alguien te dice algo que te hace dudar, porque te quiere. Si podés zafar de eso sin joder a nadie… ‘No es lo que querían papá y mamá’. ¿Quién te dijo que le tenés que dar el gusto a tus viejos toda tu vida? Van a pasar años para que las personas no se sientan frustradas porque se separaron, porque se quedaron sin laburo, porque no vendieron un disco más con su banda. Van todos apurados, viven acelerados, ¿cuánto tiempo van a ganar? No disfrutan de lo que hacen.

-¿Por qué fuiste futbolista?

-Porque no servía para otra cosa. En la escuela fui a todos los turnos y ni terminé el secundario. Y ahora te piden eso para poder estudiar algo. Un boludo. Igual, con esto del fútbol me convencieron de grande, a los 16. Yo era feliz jugando a la pelota con mis amigos, saliendo los fines de semana y a la vuelta de unas vacaciones me probé y quedé y al poco tiempo pasó a ser un trabajo. Vivía con cara de culo.

-¿Qué te ponía de mal humor?

-Todo, menos la pelota y los compañeros. Me presionaba mucho, era ser el mejor o no ser. Y la cabeza te juega en contra. Eso me llevó a darme cuenta que ese no era mi lugar en el mundo. Y a los 28 dije chau. No le robé a nadie.

-Pasaste por tres clubes, jugaste dos partidos en la Selección de Bielsa, conociste países y culturas y varios entrenadores. ¿En algún momento sentiste plena felicidad?


-En los primeros momentos en Vélez, y también en Boca y cuando regresé de Italia. Pero en Boca me sacaron el mal humor de las mañanas. Era un grupo muy fuerte mentalmente y Bianchi era el primer gladiador. Encima estaba Macri y tuvimos bastantes problemas, por miserables, nos querían pagar 3 mil pesos por los seis partidos de la Libertadores. Un club que factura muchísimo. Pero ese equipo fue tan grande que sobrevivió. Yo ya estaba quemado, y pensé que ir a Boca me renovaría, pero no.

El Rifle enciende un cigarrillo y larga a la mesa un episodio que lo terminó de convencer de sus teorías sobre el bienestar en Boca. “Salía del banco, nos habían pagado el sueldo y apenas entré al estacionamiento a la vuelta se acercó un tipo: ‘Yo soy de La 12, menos taco y caño, hay que hacer goles viste’. Ahí, pensé: ¿Qué hago acá? Quedé descolocado".

Pandolfi pone la voz un poco más grave para ambientar la escena del barra y su advertencia. Lo dice liberado, a esta altura, de todas esas presiones y miserias que lo espantaron del mundo de la pelota. Ahí donde supo defender un estilo de una raza en extinción. “¡Sabés las cosas que decían de mí! Lo de pecho frío es lo de menos…”.








-¿Qué es ser un pecho frío?

-¿Un apodo al estilo de jugar? Sí, era pecho frío. Pero los pechos fríos te hacen ver un fútbol digno. Ahora es raro ver en un equipo a ocho jugadores que te la den redonda. Un tipo la para con el pecho y la baja y todos dicen ‘faaaaaaaa, ¿viste lo que hizo?’ ¿Qué hizo? ¡Es lo mínimo que tiene que hacer! Por eso Román puede jugar parado hasta los 40.

-¿Cómo te llevaste con Tristelme en Boca?

-Muy bien, lo quiero mucho a Román y el a mí. Es doloroso lo que le está pasando. No tuvo en Boca la influencia que sí Verón en Estudiantes. Hablo a nivel dirigencial y decisiones. Un tipo que es el máximo ídolo del club, un genio jugando al fútbol. Pero Román no es políticamente correcto. ¿Qué le cuesta entrenar por la rodilla? Después te paga con 15 pases gol y 8 golazos. ¡Qué me importa si no puede practicar! Que juegue el domingo. Y menos mal que jugó, porque Boca era un asco.

-¿Sabés qué pudo haber pasado?

-No, realmente no lo pude hablar con él. Pero imagino, juega desde los 16 años a un nivel increíble, se come todas las presiones. ¡Es Boca! Y te dice en la cara lo que no le gusta.

-Vos también conocés a Falcioni de tu etapa en Vélez. ¿Creés que puede ser el detonante?

-Y, algunos se olvidan de que fueron jugadores y se ponen en el rol de políticos, medio mercenarios. Hay que escuchar a los jugadores. Una vez volví de mis únicos dos partidos en la Selección y el chabón ni me tenía en cuenta. Le chupaba un huevo. No sé cómo estará ahora, pero cuando llegó a Boca tuvo los mismos problemas con los tipos que le dicen lo que no le gusta escuchar.

Un tipo viene a pedir un "careta".

¿Qué te acordas de tus últimos partidos en Vélez?

-Cuando volví, estaba con otro ánimo. Había cambiado en esto de tomarme las cosas de otra manera, me reía de todo, andaba con ganas de jugar y tenía la banda –Actitud Sospechosa- pero bue… Entonces decían que andaba de joda. Y encima hablo a favor de la marihuana. Pensaban que era un descontrolado, alguna vez fumé, pero en vacaciones. Mi viejo se volvía loco.

-¿Qué te decía?

-Yo le había contado que alguna vez había fumado, pero de adolescente. Se armaba cada quilombo en la mesa… Encima era amigo de Los Piojos, de Los Ratones.

-¿Subir al escenario con Los Piojos y en el Luna Park a qué se parece?

-En fútbol, a nada. Estaba muy tenso, había como 12 mil personas, no sé. Andrés (Ciro) quería que tocara la armónica, y los de adelante me re puteaban. Estaba muy latente el futbolista, hacía menos de un mes que había colgado los botines. Micky (bajista) se puteaba con todos.

Hay una pausa, inevitable. Pandolfi recuerda a su amigo Tavo Kupinski, guitarra de Los Piojos y también de Las Pelotas, quien falleció en un accidente automovilístico en enero de 2011. “No puede hablar sin llorar”. Sigue.

-Después de Actitud Sospechosa llegó Mil Hormigas y ahora estás en un parate. Imagino que para vos es muy difícil vivir sin tocar.

-Y, ya hace un año y medio. Es complicado. Me pongo a escribir o toco algo y me frusto, estoy medio bloqueado. Por eso, me dediqué a pintar la sala, a limpiarla toda y tenerla lista para salir al ruedo. Veremos si con Mil Hormigas o con otra banda.

-¿Cuál es la mejor canción que escribiste para tu banda?

-Me gustan muchas, pero tal vez una que se llama Pedacitos Míos. Es muy personal, porque habla de mis hijos. No me animaba mucho a mostrarla, pero en el segundo disco faltaba una canción diferente y yo estaba muy enganchado con un disco de Eddie Vedder y me pintó por ese lado.

-Lo último que hiciste fue la cortina para el programa Basta de Todo.

-Sí, aunque ya nos habíamos distanciado con la banda, me había comprometido con los chicos a hacerles la cortina. Soy amigo de Matías (Martin) y aunque no quedó tal vez como hubiéramos pretendido se la mandé.

-Mientras tanto, despuntás un nuevo vicio: el cine. ¿Qué vamos a ver en La Despedida?

-Te va a gustar, me mandaron el guión y me emocioné. Luego me divertí mucho y en la filmación la pasamos bárbaro. Se grabó en Mar de Ajó, San Bernardo y Santa Teresita. Hago un personaje de un flaco que está separado y tiene una hija. Soy amigo del futbolista que tiene que dejar de jugar por un problema y se me ocurre alguna idea para que en su último partido sea titular…

-Se te nota entusiasmado.

-Sí, porque todo fue descontracturado. Son todos flacos del palo de la publicidad (Carrousel Films) la que la armaron, bien independiente, buena onda. Me levantaba a las siete de la mañana, era un chico responsable, tenía trabajo, ja. Y de una participación a otra te comías algo, te fumabas uno.

La Despedida se estrena el 23 de agosto y, quizá, también responda a todo eso que al Rifle lo hace feliz. Pequeñas historias, grandes momentos. Dice que a su banda la llegaron a ver unas 150, 200 personas una noche y que eso es ganar, porque los triunfos en la vida quedan ajenas a la numerología y, más bien, pasan por las emociones. Sentir, y ser y decir.

En la vereda del Limbo, la gente pasa y habla por celular y vende y se mueve, veloz. Otra ronda de café, una más.

En la búsqueda está la diversión, me dijo el Rifle. Y me fui pensando, escuchando música en el bondi. El tipo jugó a la pelota, se cansó, se puso un bar, es músico y ya armó dos bandas de rock y ahora va a la pantalla grande. Mil vidas en una vida. Cuando el mundo se parta en dos pedazos y no haya orillas por cruzar, quiero quedar de su lado.




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