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Luis Enrique, el Figo del Bernabeu, BCN vs MD

El técnico azulgrana regresa a territorio blanco, donde se le considera un traidor | "Luis Enrique, tu padre es Amunike" es un cántico célebre en Chamartín | Pasó del Madrid al Barça, metió dos goles en el Bernabeu y lo festejó a lo grande y hacia la grada


Un divorcio traumático es como un buen matrimonio, dura para toda la vida. Eso es lo que piensan de manera recíproca el Madrid y Luis Enrique, que siempre renegó de su pasado blanco desde el momento en que fue cazado por los medios de comunicación pasando reconocimiento médico en Barcelona el 21 de marzo de 1996. Arsenio Iglesias, entonces técnico de un Madrid hundido, había dado fiesta a sus futbolistas y el asturiano viajó a la que sería su nueva casa. Dos meses después firmaba por cinco temporadas con el Barça, pero acabaría estando ocho campañas de blaugrana, tres más de las que vistió la camiseta blanca. Empezaba una relación de odio deportivo entre el exjugador merengue, considerado con los años como el Figo del Bernabeu, y los aficionados de un club que jamás le perdonaron perlas como las siguientes: "Me veo en los cromos con la camiseta del Madrid y no me reconozco". Por eso no es de extrañar que esta semana, con el clásico a tocar, los medios de ascendencia blanca le estén buscando las cosquillas con vistas a descentrarle para su debut como técnico en un Madrid-Barça. "Luis Enrique bracea en chicle", tituló en portada con una expresión peculiar el diario As el martes, en referencia a que el gijonés no se había atrevido, según ellos, a sustituir a Leo Messi ante el Eibar. "Las malas interpretaciones siempre aparecen cuando se acerca el clásico. Qué casualidad", respondió Luis Enrique tras el partido contra el Ajax. Ayer el entrenador blaugrana colgó una fotografía en su cuenta de Twitter en la que se observa a sus ayudantes Joan Barbarà y Juan Carlos Unzue en su despacho, una vista de fondo del campo de entrenamiento de la Ciutat Esportiva... y una bolsa de chicles.

Último episodio, este irónico, de una larga rivalidad que ya va camino de los 20 años. Porque Luis Enrique tiene mucho mejor recuerdo de sus 333 partidos como barcelonista que de los 241 encuentros como madridista. Entre otras cuestiones porque en el Barcelona se sintió y fue más importante, lució el brazalete de capitán y pudo explotar más su talante todoterreno. Sus 115 goles hablan a las claras de estas virtudes, mientras que como asalariado del Bernabeu sólo logró 23 goles... porque muchas veces actuaba de lateral derecho. Pero fue su garra en los clásicos y su valiente manera de celebrar los goles ante el Madrid lo que le granjeó más críticas dentro de Chamartín. Luis Enrique le metió cinco goles al adversario más enconado, dos de ellos en su estadio. La primera vez que Lucho regresó al templo blanco el Barça perdió 2-0 y ya se llevó una buena bronca, en especial tras una patada a Seedorf. Pero en su segunda visita fue la apoteosis de los silbidos. El ahora técnico barcelonista anotó el 2-2 en una victoria del Barça (2-3) y se dirigió a la grada tirándose de la camiseta y golpeándose el pecho. Las posteriores declaraciones de Luis Enrique no tuvieron desperdicio: "Si quieren lloro cuando marco un gol. A quien no le guste mi manera de celebrar que no vaya". "Fue una provocación de un jugador al que, por cierto, se le pagó muy bien. Y sus declaraciones, penosas", contraatacó Lorenzo Sanz, presidente del Madrid.

El paso de las temporadas no atemperó la enemistad y Luis Enrique solía decir que "para un jugador del Barça siempre es gratificante sentirse pitado en el Bernabeu". Sus dos últimos partidos de Liga con la camiseta azul y grana en el estadio del paseo de la Castellana tampoco tuvieron desperdicio. En abril del 2003, sábado santo, el asturiano logró el tanto de un Barça triste que acabó empatando a uno. Lo volvió a celebrar como cinco años y medio antes, enseñando la camiseta al respetable. Aquel día se las tuvo con un Zidane al que tampoco era difícil buscarle las cosquillas. El grito racista "¡Luis Enrique, tu padre es Amunike!" se hizo célebre. Aún se cobraría una venganza más el gijonés. En su campaña de despedida el Barcelona, que empezaba a levantar el vuelo con Frank Rijkaard, se impuso en el Bernabeu 1-2 tras remontar con goles de Kluivert y Xavi. Cuando Lucho entró por Overmars en el minuto 56 acababa de adelantarse el Madrid. Pero Luis Enrique rió el último en una casa por la que todavía siente la misma animadversión. Que un buen día metiera el cuarto gol en un 5-0 del Madrid al Barça en el Bernabeu, su único tanto en un clásico como madridista, es un hecho que las dos partes han querido olvidar con el paso del tiempo. Como si no hubiera existido.
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