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Mauro Silva: "Dunga es el mayor ejemplo de superación"



El tándem de volantes de la selección brasileña en la Copa Mundial de la FIFA 1994™ se reunirá oficialmente, al menos durante unos días. Dunga, designado seleccionador por segunda vez en su carrera, ha anunciado la creación del puesto de asistente técnico puntual: una figura importante que se unirá unos días al plantel, para la celebración de un torneo o una serie de amistosos. El primer elegido es su antiguo compañero del mediocampo del conjunto que conquistó en Estados Unidos el cuarto título mundialista de Brasil, Mauro Silva.

Si nos guiamos por la extensa entrevista que ha ofrecido Mauro Silva a FIFA.com, los jugadores de la Seleção tendrán muchas cosas interesantes que escuchar cuando sea integrante honorario del cuerpo técnico para los amistosos ante Colombia y Ecuador, los días 5 y 9 de septiembre, en Estados Unidos.

Para desempeñar un cargo limitado a unos días de convivencia, es de esperar que la mayor contribución no esté relacionada con lo que ocurre dentro de la cancha, sino fuera: el ambiente, la manera de trabajar... ¿Está de acuerdo?
Sí, así es. Hasta que no lleguemos a Estados Unidos, no dispondré de los elementos básicos para analizar nada en cuanto al juego en sí, dentro del campo. Lo que se analiza desde el principio es el trabajo, y cómo se está llevando a cabo. Todo este comienzo, en el que Dunga y Gilmar tienen la humildad de oír, ya sirve de mucho. Yo espero contribuir, porque soy muy perfeccionista y, a lo largo de mi carrera, siempre he intentado hacer todo lo posible por mejorar. Conseguí logros importantes en el Bragantino, que normalmente no es un equipo que gane títulos, y también en el Deportivo de La Coruña. Incluso en la selección, formé parte de grupos que atravesaron dificultades, pero fueron vencedores.

¿Haber tenido una carrera triunfal en clubes menores resulta de especial importancia para lo que ha aprendido en el fútbol?
Lo que ocurre es que en los clubes pequeños hay una dificultad mayor: lo máximo con lo que soñaba el Deportivo era una Copa de la UEFA, y sin embargo ganamos una liga española, una Supercopa y dos Copas del Rey. Fuimos cinco veces a la Liga de Campeones y llegamos a una semifinal. Participar en un salto así te enseña determinados conceptos que ayudan a entender los logros. Porque en estos casos es obligatorio poner en primer lugar al equipo, y lo que hace falta no es euforia, sino optimismo: hay que saber bien cuáles son nuestras virtudes y nuestros defectos. En el ejército, dicen que el pesimismo es alta traición: en el fútbol también.

¿Es posible comparar la situación actual de la selección, debilitada por cómo se produjo la derrota ante Alemania, y la que llegó al Mundial de 1994, que llevaba 24 años sin ganar el título?
Lo primero que yo diría es que tienen en su entrenador al mayor ejemplo de superación posible. En 1990, se nos criticó muchísimo, y se tachó a Dunga de fracasado, aquella quedó marcada como la “Era Dunga”, algo que podemos, de algún modo, comparar con el 7-1 ante Alemania. Y cuando mucha gente decía que Dunga ya no volvería nunca más, no solo volvió, sino que fue el capitán que alzó el trofeo cuatro años más tarde. Así que no puede haber mayor inspiración para este plantel que el propio Dunga. Ha sido una derrota dura, que deja huella, es imposible que no sea así, pero puede convertirse en una oportunidad. La presión que tuvimos en 1994 fue enorme: recuerdo el partido de la competición preliminar en el Morumbi [victoria por 2-0 sobre Ecuador, 22/08/1993]: 90 minutos de abucheos en casa, y eso que ganamos. Pero estos momentos difíciles lo preparan a uno, lo curten. Sirven de inspiración para que los jugadores sean protagonistas en Rusia, en 2018, y tratar de conseguir un título que mitigaría esta derrota.

Aquella selección de 1994 fue cuestionada en Brasil incluso después de proclamarse campeona. ¿Lo que vivieron tuvo algo que ver con que buena parte de sus miembros hayan ocupado cargos administrativos en el fútbol?
Yo no soy el más indicado para hablar, porque siempre he admirado a toda aquella generación. Hay mucha gente implicada en el fútbol, porque fue un grupo muy estable, y que se vio obligado a ser maduro, analítico y responsable. Porque en aquella ocasión era muy importante analizar lo que teníamos entre manos. En términos de organización y planificación, el equipo lo hizo muy bien, porque sabíamos que teníamos en punta a Bebeto y a Romário, más Müller, Viola y Ronaldo en el banco de suplentes. Sabíamos que contábamos con un ataque potente, y prácticamente nos ajustamos en torno a él. Reconozco que fue una selección pragmática, pero lo cierto es que los 24 años sin título pesaban mucho.

Y hablando de detectar las virtudes y los defectos, ¿cómo evalúa la situación del fútbol brasileño después del Mundial? ¿Es cierto que nuestros futbolistas actuales tienen menos talento?
Un resultado como este llama todavía más la atención, pero la situación de los clubes en Brasil es clara: tenemos que fortalecer la liga para seguir formando futbolistas como hacíamos antes. Disponemos de un potencial enorme —y esto, en Brasil, tanto vale para el fútbol como para otras áreas—, pero al final no conseguimos sacar provecho de ello. Porque, ¿qué es lo que pasa? Yo me marché a Europa con 24 años. Ahora vemos a los jóvenes de 19 que quieren irse. ¿Por qué no tenemos condiciones de crear un producto mejor, una liga en la que los futbolistas quieran estar, como pasa, por ejemplo, en la NBA? Creo que estaríamos en condiciones de hacerlo.

Entonces, ¿la calidad de los jugadores no ha sido el principal factor de la derrota de 2014?
En mi opinión, 2014 ha sido sobre todo emocional. Creo que este aspecto ha pesado mucho. Los jugadores acusaron mucho la presión de jugar en casa. Era un plantel joven, y eso hizo que los jugadores no tuviesen la tranquilidad necesaria. Recuerdo que en 1994, cuando llegamos a Estados Unidos, al encender la televisión, y al salir a la calle, no era todo fútbol, Mundial, selección. Así uno consigue aislarse un poco.

Aquí es imposible escaparse: programas de variedades, publicidad… Todo sobre el Mundial. En la competición preliminar, veníamos y nos reuníamos durante unos días, se tenía un anticipo de eso: el momento máximo de presión, para nosotros, fue el partido contra Uruguay, en el que teníamos que ganar para ir al Mundial. Recuerdo llegar al aeropuerto Santos Dumont, los taxistas insultando... Sufrimos mucho. En cierto modo, es como vivir esa presión del partido de Uruguay, pero durante 50 días seguidos. Es imposible, psicológicamente, descansar un poco. Debimos haber recordado que Alemania jugó en casa y no ganó, ni tampoco Italia...

¿Hubo algún equipo o algún aspecto técnico de la Copa Mundial de la FIFA que le llamase la atención?
Lo que me llamó la atención fue la cantidad y la frecuencia de los cambios, de los intentos de sorprender. Como todos se estudian exhaustivamente —todos tienen un esquema para neutralizar al adversario—, vimos muchos cambios en la forma de jugar. Y, dentro de eso, creo que hay una ventaja que debemos destacar: España ha ganado muchas cosas en esta época recurriendo en gran medida a una base de jugadores que llevan mucho tiempo jugando juntos, y que durante todo el año se entrenan juntos en el Barcelona. Lo mismo puede decirse de Alemania y del Bayern de Múnich. En este contexto, supone una gran diferencia.
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