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Messi regresa entre sombras

Los rumores de salida del club, sus problemas con Hacienda y su baja forma alimentan la incertidumbre sobre el argentino, que se reincorpora la próxima semana





Nada menos que 167 millones de euros. Esa es la cantidad que el Barcelona ha invertido últimamente en los fichajes de Neymar y Luis Suárez. A juzgar por el dispendio (y la posibilidad de que la FIFA prohíba los fichajes en el Camp Nou el verano que viene), crece la sospecha de que el club azulgrana se está preparando ante una eventual salida de Leo Messi, máximo goleador de la historia azulgrana pese a su corta edad: 27 años. Por más que el discurso oficial niegue la mayor, la fotografía actual del astro argentino alimenta la incertidumbre.

Por lo visto, después de un lustro en permanente autosuperación, sus 41 goles en 46 partidos saben a poco. Pesa más que venga de perder el Mundial (su Mundial) con Argentina y de un año en blanco con el Barça; que se le critique porque anda sobre el césped y que sus problemas con Hacienda no se solucionen. Además, su relación con la directiva culé –pese a la reciente «adecuación contractual»– hace tiempo que es meramente profesional. El desgaste entre el palco y el jugador es mutuo. Sin embargo, el miedo a romper el vínculo retumba en ambas partes. Especialmente en Josep Maria Bartomeu, que sabe que su popularidad no está como para vender al principal activo del club. De momento, el presidente resiste a las voces cercanas que, internamente, le recomiendan la salida de Messi. Mientras, la estrella recupera fuerzas y prepara su desembarco para principios de la semana que viene. Le espera un nuevo hábitat, quizás su última oportunidad de encontrar en la esencia, en el fútbol, un motivo para volver a sonreír vestido de azulgrana.
«Si no me quieren, me iré»

Precisamente, si una sonrisa marcó a Messi en su día fue la de Ronaldinho, que abandonó el Barça en 2008 a petición de Pep Guardiola. El ahora técnico del Bayern, antes de alzarse con el triplete, advirtió en el brasileño un declive que los años acabaron confirmando. Hace seis años, a Messi le costó entender la decisión del club y ahora, en cierto modo, su importancia en el vestuario incluso supera a la que tenían dos de sus primeros referentes: «Dinho» y Deco. No obstante, él nunca esperaría a que le colgaran el cartel de transferible. De hecho, a finales de mayo dejó un mensaje inequívoco: «Si no me quieren en el Barça, me iré». Messi no quiere generar murmullos ni debates.

Y en esta tesitura, con el club y la estrella dándose una especie de última oportunidad, aparece Luis Enrique, el entrenador llamado a guiar la «remodelación profunda» que Bartomeu le prometió al socio poco después de la amarga despedida de Gerardo Martino. Provisto de andamios, gafas ahumadas y un método mucho más sofisticado e intenso que el de su predecesor, el técnico asturiano sabe que parte de su éxito, aunque no lo reconozca a los cuatro vientos, pasa por recuperar a Messi. «Sigue siendo el mejor jugador del mundo», comentó hace unos días. «Todos los jugadores pasan por altibajos, pero sus números y su rendimiento en los últimos años nos da tranquilidad». No se trata de que el argentino vuelva a ganar cuatro Balones de Oro seguidos, sino más bien de recupere su idilio con el colectivo, con ese fútbol coral que le convirtió en fenómeno mundial. 
Reto para Luis Enrique

Con los números en la mano, la baja de Messi la temporada pasada coincidió con los mejores momentos de Neymar, Pedro, Alexis y Fábregas. Los dos últimos ya han cambiado de aires, pero tanto el brasileño como el canario, sumados a Suárez y al joven Deulofeu, formarán con el rosarino un catálogo ofensivo tan pomposo como difícil de gestionar. He aquí, por tanto, otro de los mayores retos de Luis Enrique, que medita retrasar la posición de Messi para darle la punta a Suárez y Neymar y abrir el campo asimétricamente con Alba por la izquierda o Pedro por la derecha. El técnico, que siempre relativiza cuando le preguntan por dibujos concretos, también contempla el doble pivote Busquets-Mascherano para grandes ocasiones y la defensa con dos marcadores y un hombre libre como alternativa a la tradicional línea de cuatro
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