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Messi va por Bianchi y... por Pelé!


Estamos hablando de los records oficiales de la FIFA según el organismo encargado de medirlos, el IFFHS. Según la IFFHS el Virrey Carlos Bianchi es el argentino con más goles en la historia de los campeonatos de Primera División, mas que Palermo, Maradona, Batistuta, Funes Mori y otros consagrados. Ni hablar de su dirigido Viatri a quien Bianchi le gana por afano en estas estadísticas.

Entre las Ligas de Francia y la Argentina, sumó 385 tantos. Y se ubica decimotercero a nivel Mundial. Pero atención! Lio Messi acaba de pasar los 300 goles y va por el record del virrey, que a este ritmo lo puede alcanzar este mismo año. Y ya sabemos como es Messi cuando de batir records se trata.

Se repiten las escenas y los desenlaces. Lionel Messi parece capaz de todo en cualquier partido, en todo momento, en las más diversas circunstancias, desbordar defensores, humillar arqueros, levitar, flotar, desmaterializar el balón incluso, con tal de lograr convertir goles.

Puede ser como Diego Maradona en los últimos metros de la cancha; recibe más aplausos que Johan Cruyff bajo el cielo del Camp Nou; supera varios records juntos en un puñado de minutos; se adueña de los títulos de los medios del mundo con el encanto de su juego y con el implacable paso de sus números. Por momentos hasta parece capaz de hacer posible lo que Dante Quinterno imaginó para Patoruzú: tirar el centro y cabecearlo...

No le falta casi nada. A nivel colectivo: con el Barcelona es parte del ciclo más exitoso en la historia de cualquier club. Y en la Selección, ya empezó a edificar su idilio con la gente. A nivel individual: ganó más Balones de Oro que nadie (cuatro y de manera consecutiva); fue Pichichi y Botín de Oro, en simultáneo y por separado.

Cada semana los diarios de cada rincón publican que Messi estableció un nuevo récord. No exageran. Sucede. En las calles catalanas, cuentan que ya redefinieron el concepto: "Un récord es eso que fue creado para que Messi lo superara". Y el rosarino que era capaz de romper una ventana para salir a jugar a la pelota observa como si nada. Parece de una película de animación o de un juego: en su horizonte aparecen marcas y el pequeño superhéroe va tras ellas. No falla casi nunca.

Carlos Bianchi -goleador enorme, técnico exitosísimo, profundo admirador de Messi- contó, a modo de divertido desafío a la distancia: "Estoy esperando que en los próximos años Messi alcance otra meta: la de superarme como el mejor argentino en la tabla de goleadores de la historia del fútbol. No puedo dejar de tener una sensación ambigua: tendré cierto fastidio cuando suceda, porque todos querríamos que nuestros logros duren para siempre.

Pero la realidad es que los récords están hechos para batirse, y me dará mucho placer que lo haga alguien sobre quien fui uno de los primeros en decir que es el mejor de la historia.". Lo escribió él mismo en su columna en el sitio de ESPN.com. Es así, tal como lo señala el entrenador de Boca. Y no está tan cerca Messi, quien en este 2013 superó la barrera de los 300. A lo largo de su carrera, que se extendió entre 1967 y 1984, Bianchi convirtió -con las camisetas de sus clubes: Vélez, Stade de Reims, Paris Saint Germain y Racing de Estrasburgo- 385 goles en 546 encuentros. Así, se ubica decimotercero en la lista de máximos anotadores a nivel mundial, según el ranking publicado por la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol (IFFHS). Carlitos -como le decían en aquellas madrugadas de reparto de diarios- es el mejor argentino en ese listado. Con un motivo de orgullo para contarles a sus nietos: un escalón detrás está el inmenso Alfredo Di Stéfano, autor de 377 tantos en 521 partidos, que si se hubiera avivado hubiese hecho 9 goles mas y le hubiese arrebatado al record, pero como podía don Alfredo imaginar al Virrey del celular divino?.

El Virrey, en aquella columna, también se refirió al Rey: "Casi no conozco a Messi personalmente, pero me da toda la impresión de ser un jugador muy serio, profesional por completo y con un deseo interminable por seguir mejorando. Desde que en 2007 y 2008 quedara relegado, primero por Kaká y luego por Cristiano Ronaldo, ser el mejor fue su obsesión y lo consiguió una y otra vez". Ofrece muchos elogios y ninguna duda: para Bianchi, Messi es el mejor de la historia. Eso sí, también resulta ahora su inmejorable perseguidor.

El récord vigente es -además- una perfecta excusa para evocar al Bianchi goleador. La comparación lo define: fue tan inmenso su recorrido, que su pasado cabe como objetivo para este Messi devorador de hitos ajenos. Un dato lo avala: El Pelado fue el máximo anotador de una Liga en ocho ocasiones (cinco en Francia y tres en la Argentina, con la camiseta de su Vélez). En esta redacción, el periodista Daniel Lagares, quien mucho lo conoce y mucho lo vio, retrata a Bianchi: "Podemos dividirlo en dos etapas: la de su aparición y la de su regreso. En la primera época era un típico 9 de área. Tenía varias virtudes: la fortaleza física, no para ganar en el forcejeo sino para imponerse en el mano a mano, corriendo a la par del defensor. Otra característica era su indudable olfato. Fue el primer optimista. El mejor ejemplo es el gol a Carrizo con el que le quiebra el record. Un corner, un rebote y metió la nariz abajo del arco mientras todos miraban. Parecía que la pelota siempre le caìa a él. Y la tercera, la más importante: era muy bicho para 'marcar' el pase. Es decir, casi siempre estaba bien perfilado para recibir. Si se la daban al claro, entrando como 10 en diagonal corta hacia el centro, con su porte físico bancándose a los defensores, te mataba. La segunda etapa lo devolvió más jugador. Entre lo aprendido en Francia y la leve disminución física por el paso del tiempo se hizo un 9 más armador. Igual tenía llegada y gol, pero había ampliado su recorrido. El ejemplo: era el que recibía de 10, devolvia o abría a los laterales e iba a buscar al área". Bianchi hizo siempre lo que mejor sabe: adaptarse. Primero, al área, su hábitat. Luego, a las circunstancias. Y le fue como como se lo propuso: muy bien.

En el último diciembre, Zlatan Ibrahimovic también miró al horizonte y se encontró con Bianchi. El sueco que juega para el Paris Saint Germain dijo en el canal oficial del club francés: "Quiero ganar aquí como lo hice en otros países. El año pasado en el Milan marqué 28 goles, así que ahora debo marcar 29 para estar satisfecho. Y ojalá pueda más: incluso superar los 37 de Carlos Bianchi, de quien me dijeron que fué el mejor goleador del futbol francés y yo no puedo permitir eso ya que ese lugar es para mi que soy un fenómeno". Se refería al récord que quedó establecido desde la temporada 77/78. Aunque está realizando una campaña de maravillas (22 goles en 23 partidos jugados) y su equipo es el líder de la Ligue 1, todavía le falta para ser el Virrey de París. Mientras Ibrahimovic pronunciaba esas palabras, el Virrey asumía su tercer ciclo como técnico de Boca.

A veces, Bianchi puede estar en varios lugares al mismo tiempo. Como el que suele atenderle el celular en los momentos complicados. Al menos hasta ahora...

El camino de Bianchi por el fútbol de Francia lo cuentan los números: convirtió 179 goles en 220 encuentros; está noveno en la tabla histórica de máximos anotadores de la Ligue 1; y cuenta con el mejor promedio (0,81 por partido) entre los ubicados en el top 10. El máximo anotador es su archirrival de la época, el italo-argentino Delio Onnis (formado en Almagro y lanzado a la fama en Gimnasia La Plata). Durante nueve temporadas (entra la 73/74 y la 81/82) ellos dos se repartieron el primer puesto de la tabla de goleadores. En el mano a mano, Bianchi le sacó una pequeña ventaja: fue cuatro veces consecutivas el número uno. La temporada 75/76 se pareció a un tango con final feliz: primero, Bianchi (34); segundo, Onnis (29); tercero, el cordobés de Bell Ville Hugo Curioni (25). Detrás del podio, Michel Platini. Y ahí nomás, Héctor Yazalde, quien había ganado el Botín de Oro de Europa en 1974. Carlitos -el goleador que se había pasado la infancia y la adolescencia levantándose de madrugada para trabajar con su padre en el puesto de diarios- marcó una era. Francia lo supo. Y lo sabe.

En Vélez, incluso antes de ser el más exitoso de los entrenadores, ya era Gardel. Sin pelo y sin voz, pero Gardel. Hizo 206 goles en dos ciclos; fue parte del primer título del club (en 1968, cuando tenía 19 años); no se puso otra camiseta en el fútbol argentino que esa con la "V" azulada. El periodista e historiador Oscar Barnade, preciso observador que lo siguió de cerca, evoca y sostiene: "En la época que Bianchi volvió a Vélez no se veía el fútbol europeo como ahora. Ya estaba más grande, pelado, daba la sensación que venía de vuelta, tenía 31 años y parecía que los goles se los había gastado en Francia. Esos cuatro años hizo otros 100 goles y se transformó en el máximo goleador de la historia del club. La sensación cambió. Sabías que en algún momento Bianchi hacía un gol. Cuando decidió volverse a Francia, en 1984, la despedida fue propia de lo que era: un ídolo. La gente lo ovacionó. Era lógico: lo amaba. Fue contra Boca. Vélez perdió 2-1 y curiosamente los dos goles rivales los hizo Ricardo Gareca. El técnico que lo superó en tiempo pero no en títulos. Ese día, 1 de julio de 1984, entre los papeles que se tiraron, habìa uno que decía: 'Carliltos Bianchi, ilumina con tus goles las estadios franceses. Cuando regreses, tu compromiso está con Vélez'. Nunca tan acertado para el regreso de un ìdolo, ya técnico, que terminó de cambiar por completo la historia de su club". Sostienen que de chico había simpatizado con River. La vida y los goles lo hicieron de Vélez. Para siempre.
Es una curiosidad que Messi hace posible. Durante el transcurso de su persecución, los goles de Bianchi volverán a escena. Como los del filipino Paulino Alcàncata, aquel médico que hacía goles todos los partidos en los años 20, cuando el Barcelona todavía no era el Barcelona. Como los de César Rodriguez, una gloria que recorrió el mundo mucho después de retirado. Como los de Gerd Müller, el alemán que volvió a ser el tanque insuperable. Como los de Ladislao Kubala, otro revolucionario de la vida culé. Como los de Pelé, quien no puede creer que en Europa alguien haga lo que él hacía en Sudamérica. Todo por obra del más brillante de los cracks.

Atención que según la cuenta de la IFFHS el líder histórico de goles en primera división es Pelé con menos de 600 goles (lejos de los 1200 y pico que dicen que convirtió en entrenamientos y con los pibes del barrio tal como pretenden asignarle en brasil y que no se lo cree nadie). Así que Messi a este paso puede convertirse en el máximo goleador de la historia, superando a Pelé y provocando una congoja generalizada en el brasileño pais.



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