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Mike Tyson: "Los boxeadores de ahora son como reality shows"

Cortos y letales, esos ganchos al mentón y a los riñones noqueaban a sus adversarios en cuestión de segundos. Sus peleas eran rápidas y furiosas. Irrumpió en el boxeo como un relámpago y con sólo veinte años se convirtió en el campeón mundial pesado más joven de la historia en ganar el título de la CMB, la AMB y la FIB. A pesar de su baja estatura y su corto alcance, volteaba a tipos más grandes y de mayor kilaje. Así las cosas, “rápido” y “corto” parecen ser dos adjetivos que describen a Mike Tyson. Sus respuestas al teléfono, también.

Consecuente con su impronta pugilística, Tyson lanza respuestas fugaces, y sólo cuando acepta hablar de lo que se le pregunta. Su excusa se repite: "No quiero hablar de eso porque de eso hablo en mi show". Retirado hace varios años del boxeo, y a punto de cumplir cincuenta años, "Iron Mike" encontró una manera para seguir entreteniendo: hablar de su vida en primera persona. Y este miércoles 6 de julio llega al Luna Park -palacio emblema del boxeo argentino- para ofrecer su Undisputed Truth, verdad indiscutible o irrefutable, literalmente.

“Hice la primera conferencia hace tres años, fue un suceso y fue tomando vida propia. Ahora hago tours por todo el mundo, por todo Estados Unidos, y sigue siendo muy exitoso”, cuenta sobre el unipersonal que bajo la dirección de Spike Lee llegó a Broadway y a HBO. Después de su primera gira nacional en febrero de 2013, Tyson lanzó su autobiografía -con el mismo título del show-, en diciembre y entró a la lista de best sellers del New York Times.

Su dura infancia en los suburbios de Brooklyn, sin padre y teniendo que rebuscárselas por sí solo; el temprano ingreso a las drogas y al alcohol; llegar a la cima como boxeador siendo un pibe; millones de dólares dilapidados (por él, por su esposa o por su manager, Don King); los juicios por violación y posesión de cocaína; los tres años en la cárcel; el escarnio público y el declive de todo campeón que cae en el olvido. Tyson se descarna frente al público. ¿Quizás como un artilugio para desprenderse de sus demonios? "No. Mis demonios nunca se van a ir. Por algo son mis demonios, seguirán ahí para siempre”, sentencia.

Tu historia se repite en muchos boxeadores: de millonario a la bancarrota, problemas legales, escándalos. ¿Crees que al contar tu vida podés ayudar a otros?

No lo sé. Mi show no pretende dar un mensaje. Mi show tiene el objetivo de entretener. Hay mensajes profundos, mensajes de vida. Pero depende del público tomarlo de esa manera. Yo no salgo al escenario para dejar un mensaje. En realidad mi show tiene que ver con lo que no deberías hacer, más que con lo que deberías hacer.


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