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Mira la portada de la página de FIFA! Marcus RED papa!!!


Entré a la página de la FIFA y me encontré con esta grata sorpresa, leánlo por favor.



"Rojo, el que nunca abandona"





“El que abandona no tiene premio”. La frase, perteneciente a la banda musical Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, está impresa en la canillera –espinillera- izquierda de Marcos Rojo; la mandó a grabar sobre la bandera Argentina y la usó en la última Copa Mundial de la FIFA™. Llevar la frase en su pierna hábil era filosofía de vida y, el resultado, causalidad. Marquitos, el que jugaba en el campito de un barrio muy humilde de La Plata, el que cuando ya era profesional iba a entrenarse en bicicleta, el que vivió hasta hace cinco años con su familia en una casilla de madera, jamás abandonó. Y Brasil 2014 fue su gran premio particular: fue figura de Argentina y subcampeón mundial.

La recompensa de remarla cada día durante 24 años es más dulce todavía porque le abrió las puertas del Manchester United y porque, a decir verdad, muy pocos esperaban semejante rendimiento. El seleccionador argentino Alejandro Sabella llegó al Mundial criticado por la flojera defensiva del equipo y entre los más señalados por la hinchada y la prensa estaba Rojo.

El técnico lo protegía y era lógico: lo conocía como nadie. Roberto Sensini lo hizo debutar en Estudiantes de La Plata con 18 años, pero quien lo afirmó en Primera un año después fue Sabella. El equipo cojeaba en el lateral-volante izquierdo y buscó soluciones para su 5-3-2 en la cantera. Marquitos fue marcador central durante casi toda su etapa de formación, pero Sabella le vio pasta para correrlo a la banda y apostó. De muy chico también había sido mediocampista por la izquierda: “Me gustaba llegar al fondo y terminar la jugada”.

Triunfar para progresar
Los dos fueron campeones de la Copa Libertadores de América 2009. Con el dinero que cobró, Rojo le compró a su familia su primera casa hecha de material, un anhelo de toda la vida. Pocos meses antes, Rodrigo Braña, un compañero experimentado de Estudiantes, lo había cruzado camino al entrenamiento. “¿Por qué no tenés coche?”, le preguntó al verlo una vez más en bicicleta. La respuesta sorprendió al mediocampista: “Porque no tengo casa”. El primogénito de Marcos Alberto, todavía hoy camionero, y Carina, exempleada doméstica, modista que sólo ejerció para hacerle la ropa a sus cinco hijos, pensaba en apenas una cosa: ahorrar para darle un techo digno a los suyos.

Jugó el suplementario del gran partido de Estudiantes ante el Barcelona de Pep Guardiola por la final de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA de ese año. Le tocó lidiar con Zlatan Ibrahimovic y salió bien parado pese a la derrota. Ya afianzado como titular, ganó el Torneo Apertura argentino 2010, otra vez con Sabella de técnico y haciendo goles importantes.

Con 20 años dejó el equipo del que es hincha fanático –mira todos sus partidos esté donde esté sea por TV, portátil o Smartphone- y se fue al Spartak de Moscú. Jugaba seguido pero se peleó con el técnico Valeri Karpin porque con los sueños no se juega. Argentina lo convocó para disputar la Copa América 2011, Karpin no quería que viajara, Rojo se fue igual. Casi no volvió a jugar hasta que lo rescató el Sporting de Lisboa en 2012.

Para la misma época, Sabella asumió en la selección argentina. Rojo empezó a ser una fija en la izquierda pese a que en Portugal había vuelto al centro de la zaga. Pasaban los partidos y lo que veía el entrenador en él no coincidía en nada con la opinión general de los medios e hinchas argentinos. En pleno vendaval se tatuó en los cuádriceps las palabras Pride –orgullo- y Glory –Gloria-. También mandó a hacer las canilleras. “Me sentí cuestionado, se dijeron muchas cosas, pero siempre confié en mí. Sabía que con trabajo todo iba a salir bien”, dijo.

“Marcos Rojo es más grande que Pelé”
En el debut mundialista ante Bosnia y Herzegovina peinó el centro que terminó siendo el primer gol albiceleste en el torneo y despejó de rabona una jugada peligrosa en el área. Las redes sociales en Argentina estallaron, mitad por burla hiriente y mitad por admiración. Fue el mágico inicio de un romance.

El Mundial de Rojo tomó color: firme y agresivo en la marca, sólido en el juego aéreo defensivo y peligroso en el ofensivo, con buena salida por la banda y, pese a no ser un puñal, con avance picante a campo rival. Le hizo un gol con la rodilla a Nigeria cerrando una gran primera ronda y medios y redes sociales volvieron a explotar. Hubo adaptación del famoso canto Brasil, decime qué se siente, dedicándoselo por completo a él. El final era una súplica de perdón: “A Marquitos vas a ver, la Copa nos va a traer, Marcos Rojo es más grande que Pelé”.

No estuvo en cuartos ante Bélgica por suma de amarillas y la hinchada temió su ausencia. En la semifinal contra Países Bajos no sólo anuló a Arjen Robben, además le tiró un caño. La gente deliró. Tras la final con Alemania, lo inimaginable un mes antes: fue el único argentino en el top 10 del índice Castrol -un ranking basado en estadísticas- y el cuarto en el rubro de los defensores.

Tras recibir su visa de trabajo, está a punto de debutar en el Manchester United, donde llegó por pedido expreso de Louis van Gaal. El técnico lo estudió en detalle para la semifinal de Brasil 2014 y le gustó lo que vio. “Todavía no pude pisar Old Trafford, estoy desesperado por entrar a esa cancha y jugar”, dijo Rojo. Era casi imposible imaginarle este presente, pero el pibe que jugaba en el campito La Manito de Dios, en el barrio El Triunfo de La Plata, no abandona nunca. Le gustan demasiado los premios.
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