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(Nacional de Paraguay) Don Ramón, 103 años nacionalófilos

Ya casi no oye. Camina a pasitos de tortuga ayudado por su bastón. Pero sus recuerdos de los años en que fue compañero de equipo de Arsenio Erico en el Club Nacional de Paraguay, siguen intactos.

Aunque ayudado por unos gruesos anteojos, también sus ojos siguen mirando la vida, gracias a los que gozó, el miércoles pasado, viendo el partido en el que su club –ese en el que jugó en su juventud- consiguió empatar en el último minuto del alargue a “Los cuervos “ de Almagro de Buenos Aires.

“Che ra’ýndi aha kuri ahecha la partido…heta avy’a… (Con mi hijo me fui a ver el partido…me alegre mucho)”, cuenta Don Ramón en idioma guaraní, la lengua materna del 75% de los paraguayos.

Su hijo mayor Tomás lo había llevado al estadio para que fuera uno de los alrededor de 30 mil paraguayos que abarrotaron el Defensores del Chaco de Asunción, en la primera final de la Copa Libertadores de América. “Ahecha omoinguerô San Lorenzo…haupéi katu, medio minuto ofalta vove opa haguâ la partido, omoinguemi Nacional…¡Avy’aiterei ningo! (Vi que San Lorenzo había anotado el gol…y luego, medio minuto antes de que terminara el cotejo, anoto Nacional…¡Me puse demasiado contento!)”, relata emocionado, refiriéndose al agónico gol anotado por Julio Santacruz a los 93 minutos.

Don Ramón Martínez reconoce la buena cara que la vida le pone al tener el privilegio, a sus 103 años, de presenciar la llegada de su “Nacional Querido” a la final de la Libertadores. “Che suerte… (Tuve suerte) ”, dice; más aún al sobrevivir a la Guerra del Chaco en la que el Paraguay enfrentó a Bolivia (1932-1935) y en la que él combatió como soldado. “Che aha la guerrape…trre año ocho mese aî Chacope…ha oparire ajumi jey nde…che suerte (Yo fui a la guerra a combatir….tres años ocho meses estuve en el Chaco…y al terminar, volví…tuve mucha suerte)”, narra pensativo.

Fue antes de ir a aquella guerra, en su adolescencia, cuando Don Ramón jugó con Arsenio Erico en las inferiores del club Nacional, el mismo que brillo en el club Independiente de Argentina con el sobrenombre de “El saltarín rojo”.

“Ya en mi niñez jugábamos fútbol con Arsenio en la cancha de nuestro barrio”, cuenta. Ambos habían nacido y crecido en el populoso barrio “Obrero” de Asunción, allá por 1911.

“Y cuando tuvimos 14 o 15 años, comenzamos a jugar juntos en las inferiores de Nacional. Yo era el número 7, el wing derecho que tiraba las pelotas aéreas para que Erico, que jugaba de 9, metiera los goles de cabeza”, prosigue Don Ramón. “Le tiraba los centros para que la pelota cayera justo sobre su cabeza…entonces él saltaba alllto para darle el frentazo”, añade reviviendo su vida futbolística de hace más de 85 años atrás.

Los recuerdos de Erico se agolparon en su memoria cuando fue a ver jugar a Nacional en la final del miércoles pasado. “Bajaba la pelota con el pecho; luego la bajaba sobre la rodilla, y de ahí le daba un cachetazo hacia el arco contrario…verlo jugar era una delicia”, sentencia Don Ramón, mientras mira a los lejos.

“Había que verlo moviendo su cintura en la chancha…parecía que tenía un resorte, porque sus movimientos eludían tan fácilmente al jugador adversario…¡era increíble!”, cuenta este anciano cuyos hijos –cinco-, todos, han jugado como él al fútbol. De estos, Cecilio Martínez, quien jugara en Nacional y en varios clubes de Argentina y Brasil –jugó en el San Paulo-, fue el que más sobresalió.

Ahora Don Ramón Martínez espera con ansias el segundo partido entre Nacional y San Lorenzo de Almagro, el que se jugará este miércoles 13 de agosto en Buenos Aires. Reconoce que será difícil, pero expresa su plena confianza de que Nacional ganará y se alzará con el título. “…Pero oganáta ha osêta campeón la che Nacional querido (…Pero ganará y saldrá campeón mi Nacional querido) ”, dice con una sonrisa en su arrugado rostro.
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