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Neymar conquista a Messi

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Neymar conquista a Messi


Dos goles del delantero brasileño, tras sendos pases del argentino, conceden el triunfo al Barcelona frente al Athletic (2-0)




Neymar ha sido el chico del centenar de millones de euros. El mismo que precipitó la huida de un presidente, y que recibió más atención en los juzgados de Madrid que en el césped del Camp Nou. Pues bien, Neymar, tras tiempos de saudade y desamores, tras tardes de camilla y noches de Instagram, está asomando desde el pozo. Suplente hasta ahora en el Barcelona de un Luis Enrique que prefiere darle cuerda a Munir, el brasileño, tal y como ocurrió en Villarreal, emergió a media hora del final para derrotar a un combativo Athletic. Esta vez, doblando la apuesta. Messi, intermitente hasta entonces, se reactivó al descubrir a Neymar, excelente en la definición de dos tantos redentores y paridos por el argentino. Los azulgrana, por cierto, fortificaron su liderato, con tres triunfos en tres jornadas y ningún gol encajado. Algo que no ocurría desde 1985.

De la reivindicación en las camisetas -el Barcelona y el Athletic jugaron con los colores de Cataluña y Euskadi dos días después de la Diada, aunque en el caso del visitante fue por indicación del árbitro-, se pasó al espectáculo. Pocos equipos son tan bienvenidos en el Camp Nou como el de Valverde. Mucho se ha escrito sobre la revolución liderada en su día por Marcelo Bielsa, pero ha sido con el técnico cacereño que los rojiblancos, de vuelta a la Champions tras 20 años, han encontrado un equilibrio casi perfecto entre la presión y el orden, algo que siempre pareció imposible con el argentino en el banquillo. Con un puñado de futbolistas de enorme talento entre líneas, como Muniain, Susaeta y Beñat, con Iturraspe y Mikel Rico ordenando las ayudas desde el eje, y dos centrales, Gurpegi y Laporte, siempre dispuestos a acudir al rescate, el Barcelona nunca pudo acomodarse en el partido.

De hecho, en el centro del campo, donde moverse libremente suponía un verdadero problema para los futbolistas cuatribarrados, sólo Rakitic, tan poderoso en la brega como eficiente en el pase largo, parecía adaptarse a la guerra de guerrillas propuesta por el Athletic. Más problemas tenía Iniesta para adaptarse, lo que impedía que el equipo de Luis Enrique gobernara el partido y pudiera establecer cualquier tipo de conexión con Messi.

El Barcelona es un equipo que durante años ha vivido del balón. Aquello que Guardiola denominaba "viajar juntos". Con Luis Enrique, el viaje es rápido y más anárquico. El espacio toma el protagonismo que antes tenía la pelota. De ahí la relevancia del imberbe Munir El Haddadi, a quien el entrenador asturiano ha colocado por delante de Neymar. El futbolista hispano-marroquí, que esta semana debutó con la selección española absoluta, fue un tormento para la defensa bilbaína. Todo ataque barcelonista pasó por las botas de Munir, que interpreta los huecos que se abren en la defensa como nadie. La hinchada, que tras una hora de esfuerzo le despidió con una gran ovación, ni siquiera le reprochó que no pudiera concluir su notable partido con un gol que aliviara al Barcelona. De hecho, el canterano tomó uno ya en el segundo acto, aunque el colegiado del partido, Fernández Borbalán, lo anuló por fuera de juego.

Antes había sido Gorka Iraizoz el único capaz de detener las embestidas de Munir. Ya fuera con un empujón en el área -que el colegiado entendió incomprensiblemente como falta del atacante-, ya fuera con esas paradas que el portero del Athletic ha convertido en santo y seña. Un pie sacó para arrebatarle el tanto al jugador del filial a un minuto del final del primer acto. Un recurso que ya había utilizado antes Iraizoz para evitar que Pedro coronara una gran jugada de combinación del Barcelona. Y donde no llegaron las botas, lo hicieron las manoplas, después de que una chilena fallida del hispano-marroquí permitiera que Rakitic comprobara la estabilidad del meta.

El Athletic, sin perder la compostura y arrebatando incluso la posesión al Barcelona, fue caminando hacia atrás a medida que fue avanzando el partido. Los visitantes, que sólo husmearon el gol en el primer minuto del partido -Bravo impidió que Susaeta rematara un buen centro de Beñat-, nunca encontraron la forma de superar a los centrales cuatribarrados. Mathieu se entendió tan bien con Mascherano como con Piqué, quien tuvo que sustituir al argentino después de que éste recibiera una patada en la cara de Aduriz.

Si algo ha cambiado Luis Enrique respecto a la era del Tata Martino es el espíritu competitivo del equipo. Los partidos se luchan hasta el final, se juegue mejor o peor, haya o no espacios, se encierre más o menos el rival. No hay lugar para la rendición. De hecho, el Barcelona se está acostumbrando a acabar mucho mejor los encuentros que como los comienza. Así, Montoya -que ocupó el puesto del lesionado Dani Alves- y Alba, que en la primera parte apenas se dejaron ver, se hartaron a ganar la línea de fondo en el segundo tiempo. No había otra que abrir el campo, y con laterales empujando desde las orillas, los centrocampistas encontrarían por fin rendijas por donde filtrarse.

Aunque el gol inaugural llegaría tras una recuperación de Busquets en el centro del campo. Messi, supremo en su versión de asistente, agarraría el balón para telegrafiar un pase a la carrera de Neymar, que amagaría ante Gorka para después cruzar a gol. El tanto provocaría la desazón del Athletic, incapaz ya de detener un fenomenal avance de 45 metros de La Pulga. El pase con el exterior del botín de Messi resultó idóneo para que Neymar viviera su particular jornada de reivindicación.


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Gracias @MATADORKEMPES, siempre presente.

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