Canales populares

¡No se metan con Boca!



Por Gabriel Rymland


Antes de que empiecen las críticas sin siquiera leer este artículo, que lleva el título simplemente en referencia al libro de Marcelo Guerrero, hay que partir de una base fundamental: Boca merecía sanciones. El problema es que el castigo que se aplicó no sólo es desmedido en comparación a otros antecedentes incluso más graves, sino que no colabora en absoluto para que estos sucesos no vuelvan a ocurrir. Y a esto último se debería apuntar para volver a hablar solamente de fútbol, que es lo que más se quiere. La Conmebol definió las penas con una rapidez insólita, sin siquiera esperar los resultados de las investigaciones, y tiene que ver estrictamente con una cuestión de fechas. No hay tiempo para reprogramaciones en el calendario y el único interés es cumplir con los compromisos comerciales.

La indignación crece cuando se mira hacia atrás y aparecen casos absurdos como el de San Pablo y Tigre, en la final de la Copa Sudamericana 2012, cuando el equipo argentino fue atacado en el vestuario durante el entretiempo -hubo amenazas con armas de fuego- y por no presentarse en el campo de juego le dieron por perdido el partido. ¿Qué decir de lo acontecido en 2010 y por la misma competencia en la cancha de Independiente, donde un proyectil impactó y lastimó en la cabeza al arquero de Defensor Sporting (Martín Silva)? El encuentro continuó y la condena fue simplemente de una fecha de suspensión para el estadio. Y si necesitan algo más reciente que revisen en los registros del año pasado con un episodio similar en el duelo entre Rosario Central y Boca en Arroyito. La víctima fue Orion y todo siguió como si nada. La sanción para el club santafesino fue que dispute a puertas cerradas el próximo certamen continental en el que participe.

Lo más llamativo es que los moralistas que aparecieron en estos días, que además se creen especialistas en toxicología y básicamente en todas las ciencias, no tienen demasiada memoria. ¿O ya no recuerdan que hinchas de River ingresaron al campo en el medio del partido ante Belgrano para golpear a sus jugadores, en el enfrentamiento por la promoción que se jugó en Córdoba? ¿Y que en la revancha en Núñez hubo gente que entró al vestuario del árbitro en el entretiempo, que luego suspendieron el encuentro y provocaron destrozos? No hubo castigos, mientras que en 2007 a Almirante Brown y Nueva Chicago les habían quitado 18 puntos y clausuraron sus canchas. ¿Hacen falta más ejemplos? En 2012 hubo un asesinato en el Monumental y sólo se cerró una tribuna. Lo mismo ocurrió el año pasado luego de que un maderazo golpeara en la espalda a Leandro Grimi de Godoy Cruz. Unos meses más tarde hubo un choque de barras en la confitería del club, pero quedó rápidamente en el olvido.

El colmo fueron las menciones sobre el drone por la broma en sí misma, cuando lo preocupante debería ser que si alguien ingresó con ese artefacto también puede hacerlo con un arma. ¿Hubo críticas al chancho inflable que se utilizó en el Superclásico de 2012 en el Monumental? Y en ese caso la gravedad del hecho está relacionada directamente con un acto de discriminación, como sucede con los cantos xenófobos que simplemente provocan la interrupción momentánea de un partido. Allí también aparecen los periodistas que se quejan de las burlas, pero que luego publican en sus medios los ya habituales afiches con cargadas. Que empiecen a investigar los últimos antecedentes arbitrales, que son bastante sospechosos. ¿La designación de Delfino para el clásico de Avellaneda habrá sido un premio por acatar órdenes? Y que alguien explique por qué River conocía las fechas de los cruces con Boca casi con una semana de anticipación a la confirmación oficial de Conmebol.

Todos estos fueron sólo algunos ejemplos. No se intenta desviar el tema y colaborar con la impunidad, sino todo lo contrario. ¡Basta de parches! ¡Vayan y busquen a los responsables de una buena vez! Parece demasiado idealista, cuando hay intereses políticos que seguramente estén relacionados a los hechos ocurridos en la Bombonera y también se meten en los resultados deportivos. Lamentablemente el fútbol se acostumbró a micros apedreados, protagonistas que reciben impactos de proyectiles y operativos policiales vergonzosos. Como si fueran parte del juego. Y como sucede en Argentina, todos opinan y dan veredictos cuando las investigaciones aun no terminaron. ¡Si ni siquiera se pudo determinar desde dónde se arrojó la sustancia que afectó a los jugadores de River! La prohibición del público visitante es tan ridícula como la clausura de los estadios y la quita de puntos, siempre y cuando no se haga nada para que la cosa cambie al momento de levantar la sanción. Los clubes se convierten en rehenes. Si de verdad quieren al fútbol, no lo maten.
0
0
0
0No hay comentarios