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"Nos bancamos ser el 9 de River"

"Nos bancamos ser el 9 de River"

Boyé, Simeone, Andrada y Driussi juntos. Qué sienten, cómo viven y las ganas de clavarla en un ángulo.



Ninguno de ellos sabe realmente la explosión que hubo en el Monumental esa tiritante noche de junio del 96 en la que un jovenzuelo se suspendió en el aire para ingresar de un frentazo limpio a la historia grande del más grande. No. Ninguno de ellos revoleó el biberón ni se libró del pañal para ir a abrazarse con el de al lado. Sin embargo, cada uno de ellos conoce de sobra de qué va el cuento. Un cuento que bien puede ser aquél mencionado de un tal Crespo, o ése otro de alguien llamado Saviola, o por qué no aquella short story que un día de superclásico escribió Higuaín, o mismo este relato fabuloso que Cavenaghi les narra mientras se hace remojos en su dedo mocho. Son tan sólo cuatro ejemplos de gloria en los que se reflejan cuatro sueños de vida. Esa frenética vida de futbolista que de buenas a primeras te pone ante la bifurcada de ser un Falcao o un Funes Mori. Y aún con los pies sobre la tierra o -mejor- con uno sobre el césped y otro sobre la pelota, este póker de promesas avisa, al unísono, juntos a la par y sin dudar: “Nos bancamos ser el 9 de River”. Tomá. Y hacelo, claro.

Primero le queda boyando a Boyé: “Intento aprender de los jugadores de jerarquía que tengo cerca y si me toca jugar, trataré de hacerlo de la mejor forma”. Después, Andrada se levanta y anda: “Nacimos acá, en un club inmenso, y por eso estamos acostumbrados a pelearla. Sabemos que habrá chances y queremos aprovecharlas”. Hasta que se ceba el Seba Driussi: “Por lo visto, a Gallardo le gusta darles rodaje a los chicos y creo que nosotros estamos preparados para ganarnos un puesto”. Y al fin y al cabo, Simeone entiende en que si no son ellos, pues seré Gio: “Ya tengo una buena base, aprendí mucho durante este año que llevo practicando en Primera. De hecho, pasé por todas las situaciones: fui titular, estuve en el banco y me quedé afuera, incluso bajé a Reserva. Pero sé que éste es un gran momento para los juveniles y entonces hay que sacarle provecho”.

Así como cada uno tiene su característica dentro de la cancha, también fuera de ella se los diferencia por la personalidad. El Cholito, quizás el más 9-9 de los cuatro, pegó el estirón con los medios a su alrededor y, en efecto, se lo ve suelto, dicharachero. Lleva la voz cantante y se pone la producción de Olé al hombro. Luquitas Boyé, si se quiere, es la contracara: con menos rodaje aunque ahora sea la sensación, este purrete de piolas zancadas y fácil gambeta absorbe las gastadas a pura sonrisa y mantiene la cautela en cada sílaba. Y un mix vendrían a ser Andrada y Driussi: ambos con buena técnica para salir del área, también con un peinado que parece cortado por la misma tijera, de lejos se los ve tímidos pero de cerca derrochan simpatía.

Hay buena onda entre los cuatro; los chascarrillos vuelan en el predio de Ezeiza como lo hacen los aviones que pasan por aquí nomás. A los muñecos de Gallardo se los nota compinches. Tan pero tan compinches que lucen un vestuario en composé para las fotos. Eso sí: entre cargada va y cargada viene, fue imposible que definieran quién es el más fachero en cuestión. Se supone, desde ya, que ante el arco no dudarán tanto. Porque River no siempre te da tiempo. Y tampoco esta coyuntura en la que el goleador no estará hasta váyase a saber cuándo, en la que el otro 9 es una incógnita en sí misma, en la que los dirigentes van por lo imposible o nada, y en la que en consecuencia las otras opciones de centrofóbal brotan del semillero de Udaondo y Alcorta.

De allí mismo, también entre pases frustrados e incorporaciones que pintaban para mucho y finalmente quedaban en la nada, entre truncos proyectos de crack y transfers demorados, nacieron los Crespo, los Saviola, los Higuaín, los Cavenaghi. Los tiempos de hoy son otros, es cierto, pero la ilusión es la misma. Por las condiciones que tiene cada uno y las circunstancias que envuelven al mundo River, a menos de una semana de que arranque el torneo no es descabellado pensar de que de Boyé, Simeone, Andrada y Driussi saldrá el 9 que jugará de entrada contra Gimnasia.

¿Quién se la banca?
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