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Nueva Chicago 2-2 Unión | Torneo Julio H. Grondona




Chicago y Unión empataron en un entretenido partido disputado en la República de Mataderos. El equipo de Labruna generó las mejores situaciones, aunque le faltó aceite atrás y dejó una imagen endeble en la faceta defensiva.

Mataderos no es Roma, pero tiene su propio Coliseo. Como en la epoca de los gladiadores, el ambiente en la cancha de Chicago es estremecedor. El cemento tiembla. Se aturden los oídos. Una sensación escalofriante recorre el pecho. Es el barrio. Ese barrio que la sabe lunga en lo que respecta al sufrimiento. Ese que se engrandece a pumón. A pura muerte, a todo gramo. Exactamente igual que su club, al que nunca le sobró nada más que hambre de gloria. Jugar bajo ese contexto es dificultoso. Para Unión y para cualquiera, incluso para el propio Chicago.

El griterío es ensordecedor. Chicago lo siente y, empujándose en su gente, madruga al equipo de Madelón. Pero no, no está cómodo. Atrás sufre la renovación de nombres. Ya no están Escudero ni el paraguayo Cáceres, pilares en el Ascenso, y Aveldaño y Masuero no se entienden: es su primer partido juntos. Se producen los desajustes lógicos del desconocimiento y lo que habitualmente sería simple es todo un desafío. Y hay un error de Lemos. Y Masuero no llega al cierre. Y Aveldaño queda en el camino. Y entonces lo que era empuje se convierte en presión. Las piernas pesan. Dudan.

Labruna es consciente de que el problema de Chicago está en la defensa. Lo admitió en Córdoba y lo ratificó con los cambios, amén de que el rendimiento colectivo del fondo tampoco haya dado resultados este domingo. Porque justamente ahí, en esas desatenciones, está la clave para explicar el porqué del empate. Dos desaciertos significaron dos goles, más allá de que tanto Triverio como Gamba hayan aportado una cuota de clase en las definiciones. Fuera de eso, Unión solamente generó peligro a partir de la pelota parada. Bien distinto a lo que hizo Chicago, que tuvo oportunidades en los pies de Lentini, Solignac y Prichoda, por mencionar solamente algunos ejemplos.

Llamativamente el 2-2 llegó desde los 12 pasos, luego de que Lentini cambiara por gol el penal que le dio Argañaráz por una polémica mano de Triverio (¿no fue casual?). Después se ahogó en un vaso, incluso a pesar de que Unión se quedara con uno menos por la expulsión de Matías Sánchez, quien vio la roja por doble amarilla. Por eso el punto termina siendo todavía más valor para el Tatengue, que como un gladiador salió parado del Coliseo.










Los goles | Nueva Chicago 2-2 Unión



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