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"Ojalá que nos siga dirigiendo Pitana, je"




Funes Mori se ríe con la coincidencia de que sus tres gritos hayan sido con el mismo árbitro y, optimista, ya manda un mensaje: “¿Por qué no pensar en hacerle otro gol a Boca?”.

No se saca la camiseta, ni forma con sus manos un corazón ni hace de su dedo gordo un chupete. No da brincos disparatados ni se queda mirando al cielo, escuchando la beldad del más ensordecedor de los silencios. Ni siquiera festeja. Simplemente exclama. “¡Bien!”. Hay gol de Chávez en Asunción. Boca liquida a Cerro Porteño, River aún espera hacer lo propio con Estudiantes, aunque en la intimidad del camarín de las musas riverplatenses, Ramiro Funes Mori ya expresa con apenas una palabra lo que desea todo el plantel de Gallardo: una Súper semifinal de Copa Sudamericana.

“El clásico es un partido diferente a cualquier otro. Genera una motivación mayor y van a ser 180 minutos muy lindos. Aunque hay que ir paso a paso y no adelantarse, queremos jugarlo y ganarlo”.

Ahora tampoco se quita la playera: ha sofisticado sus celebraciones. Mete un saltito cual Cristiano Ronaldo, tira unos pasitos con Teo y el Monumental late con el corazón en sus manos. Es un trance profundo, adrenalina pura, el mellizo -otra vez- en su estado de gloria.

“Todos los goles son importantes y éste, además, sirvió para borrar mi error de la semana pasada en La Plata. Pero el de la Bombonera fue lo máximo... ¿Por qué no pensar en hacerle otro gol a Boca?”.

Pensar y hacer. Dos verbos demasiado potentes para una frase tan corta. Quizás el vértigo de estos días no le da tiempo a Funes Mori para ponerse a pensar en todo lo que hizo y le pasó durante este año de ensueño. Héroe del silencio con su inolvidable gol en la Bombonera, padre primerizo -por Boca, claro, pero sobre todo por Valentín-, el amor eterno de esa muchedumbre que no siempre fue gentil con su apellido, el pedido para la Selección, la lupa de Martino, el espaldarazo de Gallardo pese a la sombra de Balanta, un tal Mostaza Merlo que lo cataloga como el “nuevo caudillo del fútbol argentino” y una particular estadística que lo persigue y él se la adjudica a una simple “coincidencia”, a la “casualidad”, a “esas cosas que pasan”. FM6 tiene tres goles en Primera. Los tres fueron de cabeza. Los tres sirvieron para ganar. Los tres vinieron de pelota parada. Los tres, en partidos que dirigió Pitana. “Pero contra Estudiantes no jugué de tres”, se ríe el Melli, rápido de reflejos, ya que tanto la vez que gritó en La Boca como en Rosario se había improvisado por el andarivel izquierdo. Y mientras se prende en ese juego de grandes semejanzas y pequeñas diferencias, mientras suelta una mueca risueña asintiendo que la clasificación ante el Pincha no llegó a través de un corner, Funes Mori se olvida por un rato del qué dirán, de la extrema mesura que rodea a la sensibilidad de un clásico sin retorno, incluso de que es imposible que Pitana pite un River-Boca en este siglo, y entonces, auténtico, pide...

“Ojalá que nos siga dirigiendo Pitana, je”.
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