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Oliver Kahn, esto va por ti



Bastian Schweinsteiger se puso a llorar como un niño pequeño el día en que Oliver Kahn reunió a sus compañeros de vestuario en el Bayern Múnich para decirles que se iba, que dejaba el fútbol. Había crecido viendo a Kahn como una referencia absoluta de lo que eran el Bayern y la selección alemana.
Schweinsteiger llegó a la primera plantilla bávara en el verano de 2002 de la mano de Ottmar Hitzfeld, a la vuelta de un Mundial en el que Alemania fue subcampeona y en el que Kahn, elegido el mejor jugador de torneo, quedó marcado por su error en el primer gol brasileño, un disparo de Rivaldo que no pudo retener y que Ronaldo aprovechó para marcar a placer.



Schweinsteiger se quedó impresionado desde el primer momento por la personalidad de Kahn y la manera de afrontar y superar aquella situación. Lejos estaba de imaginar que llegaría el día en el que estaría muy cerca de superar en títulos a su ídolo. Oliver Kahn ha ganado más que nadie con el Bayern, 23 títulos, pero Schweini ya acumula 21. El histórico portero ganó la Euro de 1996 con Alemania, aunque no jugó. Hoy, Bastian puede lograr lo que Kahn lloró en 2002, un Mundial.
Schweinsteiger, que en 2006 se rebeló para que le quitaran su nombre a una salchicha que se había hecho muy popular durante el Mundial en su país, mantiene una buena relación con Angela Merkel. La canciller alemana, que hoy estará en Maracaná, invitó a comer a siete jugadores del equipo alemán después de no poder ganar el Mundial de 2006. Entre ellos estaba Schweinsteiger y a partir de ahí se fue consolidando una simpatía mutua, que quedó reflejada en el abrazo que se dieron en el palco de Wembley cuando el Bayern ganó en 2013 la Liga de Campeones.
Hoy, el chico que llegó a jugar en la Segunda alemana de baloncesto con el Bayern puede vivir su día de gloria. Y el de Merkel.




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