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Peor que un descenso: Para Boca esta mancha no se olvida más

Opinión: Para Boca, esta mancha no se borra nunca más

Barras, hinchas, futbolistas, cuerpo técnico, empleados, dirigentes y periodistas partidarios, unidos en un bochorno de escala internacional; peor que un descenso
Por Pablo Lisotto | canchallena.com






El bochorno acontecido anteanoche en la Bombonera, cuando un grupo de ¿hinchas? de Boca agredió a los futbolistas de River y a algunos les provocó quemaduras de primer grado e irritación en los ojos y las vías respiratorias, quedará registrado para siempre como una jornada oscura, vergonzosa, patética y repudiable. De las peores de la historia, tanto de la Copa Libertadores como del fútbol argentino.

El grado de enfermedad fue tal, que quedó evidenciado en diferentes grupos de personas y sectores del estadio, lógicamente clausurado y rumbo a una sanción ejemplar.

Mientras en el campo de juego nadie se hacía cargo de la gravedad de la situación, los dirigentes de River, apostados en un palco ubicado arriba de los pupitres de prensa, debían soportar cómo unos metros más abajo, varios jóvenes plateístas gesticulaban y les hacían gestos amenazantes. El más desaforado era un muchacho rubio y de ojos claros, que no superaba los 30 años y que los señalaba y les dibujaba una cruz en el aire con su mano derecha. Patético. Esos mismos individuos le arrojaron proyectiles al vidrio de ese palco.

Ajenos a todo, la barra brava incitaba a cantar. Algo a favor de su equipo y mucho en contra del rival, situación cada vez más característica en cualquier estadio argentino. Y entonces los cánticos de guerra recordaron a Matutito, emblemático barra de River asesinado a los 21 años en 1983, en un tiroteo con la Doce de entonces, a la salida de un superclásico en Vélez. Lo triste, llamativo y preocupante, fue que el resto de las voces se acopló a ese único canto, como si no comprendieran la gravedad del asunto.

Para colmo, de la popular de enfrente comenzó a sobrevolar un drone (quizás pudieron ingresarlo gracias a que, como dijo el presidente Daniel Angelici , "al ser más de 50.000 los asistentes, los cacheos no son tan minuciosos"), que dejó al descubierto una sábana que hizo las veces de Fantasma de la B. Esto bien podría entenderse como parte del folklore, pero el momento elegido, mientras los futbolistas de River seguían afectados por la agresión, resultó inoportuno, inadecuado, fuera de lugar.

Ridículo el accionar de los responsables de la seguridad. Ni la Policía Federal ni los agentes privados estuvieron a la altura. Prácticamente nunca están a la altura, ni tienen sentido común. Nadie ordenó enviar a 100 agentes a la platea baja de Boca, cuando unos 200 enfermos arrojaban botellas plásticas y otros proyectiles al campo de juego para impedir que el plantel de River se retire al vestuario.

Lamentable la falta de reacción de las autoridades de la Conmebol, demorando más de 90 minutos el anuncio de la lógica suspensión del encuentro, con idas y vueltas al campo de juego y llamadas del veedor boliviano Roger Bello y el presidente de esa entidad, el paraguayo Juan Ángel Napout, quien le dio órdenes acerca de qué medidas tomar, e incluso dejar abierta la posibilidad de seguir jugando. Faltándoles el respeto a los miles de asistentes y a los millones de televidentes que presenciaban el papelón.

Sorpresiva la falta de sentido común de los futbolistas de Boca, incluído su técnico Rodolfo Arruabarrena , más preocupados por seguir el partido que por solidarizarse con sus colegas ante un hecho aberrante. Tal vez se comprende desde lo deportivo, ante la impotencia de no poder dar vuelta el resultado en los 45 minutos que faltaban, pero inaceptable desde lo humano. ¿Cómo será el reencuentro entre Mammana y Pavón, cuando en un puñado de días ambos vistan la camiseta de la selección argentina en el Mundial Sub 20? El único que se acercó al banco de suplentes visitante para ver cómo estaban los jugadores más afectados fue Daniel Osvaldo, dejando en evidencia parte de lo que aprendió en 10 años de experiencia en Europa. Inexplicable el saludo final a los barras, iniciadores de la hecatombe.

Insólito lo que ocurrió en los vestuarios, donde empleados del club argumentaban que el médico del control antidoping había revisado a los futbolistas de River y había dicho que estaban para jugar, deslizando la posibilidad de que todo había sido armado por el club de Núñez para que se suspenda.

Vergonzoso lo de ciertos periodistas partidarios, más preocupados porque se juegue a toda costa el segundo tiempo que por la integridad de los agredidos. ¿Cómo se puede ser tan chiquito de cerebro para pensar en fútbol después de todo lo que se había vivido?

Lo que sucedió el 15 de mayo de 2015 en la Bombonera fue vomitivo. Una vergüenza nacional e internacional. Peor que un descenso, al fin y al cabo apenas un tropiezo deportivo.

Por eso, para Boca esta mancha no se borra nunca más..
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