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Planeta Redondo: Gignac, el gitano que hace gritar a Bielsa

Planeta Redondo
De chico, vendía ropa en ferias para colaborar con su familia. Y cazaba conejos para comer. De grande, ya profesional, decían que era un gordito. Y le dedicaban canciones para reírse de él. Desde la llegada del rosarino, es goleador y figura del Marsella y de la Liga de Francia.

Gignac y Bielsa, la fórmula perfecta del Marsella.

TAGSPlaneta Redondo,André-Pierre Gignac,Marcelo Bielsa,Olympique De Marsella
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Waldemar Iglesias
El Velodrome es una fiesta como la de los mejores días. El público más apasionado de Francia le muestra al mundo que no hay exageración en ese enunciado frecuente. En el campo, el Olympique de Marsella juega como a Marcelo Bielsa le gusta: recupera rápido, con intensidad, llega tocando, conjuga precisión con velocidad, desequilibra por las bandas. El equipo le va ganando uno a cero al Toulouse. La jugada se inicia en la derecha y transcurre hacia la izquierda en una sucesión de pases. Llega un centro rasante, hay tres atacantes en el área, sucede un rebote, lo captura André-Pierre Gignac y con un zurdazo poco ortodoxo -de centrodelantero en racha- convierte. Es el segundo y último gol de un partido que se convierte en la octava victoria sucesiva de Les Olympiens. El delantero festeja con la misma intensidad que el equipo exhibe. Muestra sus diez dedos. Cada uno representa a uno de los goles que convirtió en estas diez fechas. Esos que lo convierten en el máximo anotador de la Liga de Francia. La celebración continúa. Otra vez, ya casi a modo de rito, le va a ofrecer su gol y su grito al entrenador.Bielsa comparte el abrazo breve. Y aprovecha para una indicación. Gignac sonríe primero y presta atención inmediatamente. Esa escena es otra vez el retrato de otro triunfo. El de ambos. Y, sobre todo, el de este Marsella líder impecable e implacable.
En este presente perfecto de Gignac, que incluye su regreso con gol al seleccionado francés, hubo y hay un personaje clave: Bielsa. En el inicio de la reciente pretemporada se le acercó al delantero. Ya había visto cada detalle de su campaña anterior. Sabía que desde las tribunas lo cargaban por su sobrepeso. Conocía el cantito que pretendía agredirlo por tal motivo: "Un Big Mac para Gignac". También se había enterado que había dudas respecto de su continuidad en el Olympique. Entonces le ofreció palabras, traductor mediante: "Sé todo sobre usted. Bajará dos kilos y esta temporada convertirá 25". Gignac puso su cuerpo al servicio de la premonición del Loco. Y en eso anda: cumpliéndola. Y el goleador reconoce la clave: "Ahora trabajamos, antes no".
Nació en diciembre de 1985 en Martigués, una ciudad de 47.000 habitantes ubicada al sur de Francia. Hijo de gitanos, vivió una infancia de nómade. Habitó casas rodantes, iba de refugio en refugio. Aprendió de aquellos días dos cosas que luego aplicó a su carrera: la capacidad para adaptarse a las circunstancias nuevas y a las adversidades y la capacidad de sacrificio. Desde muy chico tuvo que colaborar. Ayudaba a su familia vendíendo ropa en ferias. Y para comer también colaboraba en la caza de ciervos y de conejos. También de su vida gitana adoptó esa costumbre. Y mientras todo eso sucedía, el joven André-Pierre jugaba al fútbol, esa pasión que trajo desde los días de esa cuna que no tenía.
Gignac creció aprendiendo de aquellos dolores que nunca le resultaron ajenos. Sobre el trato recibido por los gitanos en Europa, el estupendo Eduardo Galeano escribió en su libro Espejos: "Hitler creía que la plaga gitana era una amenaza, y no estaba solo. Desde hace siglos, muchos han creído y siguen creyendo que esta raza de origen oscuro y oscuro color lleva el crimen en la sangre: siempre malditos, vagamundos sin más casa que el camino, violadores de doncellas y cerraduras, manos brujas para la baraja y el cuchillo. En una sola noche de agosto de 1944, dos mil ochocientos noventa y siete gitanos, mujeres, niños, hombres, se hicieron humo en las cámaras de gas de Auschwitz. Una cuarta parte de los gitanos de Europa fue aniquilada en esos años. Por ellos, ¿quién preguntó?" Ahora, en los medios, Gignac se transformó en una visible bandera gitana. El se muestra orgulloso.
Su carrera -en general decorada por goles- fue una sucesión de vaivenes. Tras comenzar en las categorías juveniles del Martigués, dio sus primeros pasos profesionales hace diez años con el Lorient. No pudo ofrecer su mejor versión. En consecuencia, fue cedido al Pau, un equipo del Ascenso francés. En 2007 fue transferido al Toulouse. Allí, en la campaña 2008/09 estableció su mejor registro: 24 goles en 38 partidos, casi lo que le vaticinó Bielsa para estos días. Entonces, lo querían todos. Se mencionó a la Juventus como destino. También lo pretendía el Lyon, dominador del fútbol francés en ese momento. El presidente del club, Olivier Sadran, dijo que valía más de 120 millones de euros. Así cotizado llegó al seleccionado francés, hizo tres goles en las Eliminatorias para el Mundial de 2010. Y fue incluido en la lista para Sudáfrica. Participó del rotundo fracaso de los galos (últimos del Grupo A). Fue un golpe también para Gignac.
Tras la participación en la Copa del Mundo llegó el tiempo de mudarse a Marsella. Sus primeras dos temporadas en el Olympique resultaron una decepción: nueve goles en 51 partidos. Las dos siguientes lo mostraron más activo, más intenso, más adaptado: hizo 29 tantos en 66 encuentros. Sin embargo, ahora -a los 28 años- parece que llegó la temporada de la explosión. "Bielsa tiene mucho que ver", repite cada vez que le preguntan. También por eso, cuando convirtió el gol sobre la hora para el triunfo 2-1 ante Caen fue a agradecerle personalmente con un gesto que recorrió el mundo. El entrenador dijo que no entendía lo que Gignac le decía. Igual, lo abrazó luego. Y juntos gritaron aquella séptima victoria consecutiva. Casi en simultáneo, Bielsa le dio crédito al esfuerzo y al entrenamiento del atacante: "¿Sus kilos menos? No fueron gracias a mí, sino lo aplicaría conmigo", respondió cuando le recordaron aquel episodio de la pretemporada. No es casualidad: el diario francés L'Equipe explica a Gignac como una de las claves del estupendo comienzo del Olympique. Después de Bielsa, claro.
Su regreso al seleccionado francés es todo un retrato de su momento. Lo convocó el mismo Didier Deschamps con el que había tenido un cruce de insultos en el contexto de un partido de la Champions League, en 2011, cuando ambos representaban al Olympique. También es el mismo entrenador que no lo incluyó en el plantel francés que participó de Brasil 2014. Ahora, Deschamps -capitán del seleccionado campeón del mundo en 1998- lo elogia a Gignac: "Encontró su mejor forma física y su lugar en el campo de juego. Goles hizo siempre, pero ahora más..." Sucede que este gitano tenaz -parece- encontró su técnico en el mundo. Ese Bielsa al que hace gritar.
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