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Podria haber duelo de Papas de River.

BOCA PODRIA ENFRENTAR AL MODESTISIMO CARACAS VENEZOLANO QUE DEFINE SU PASE CON DEPORTIVO CAPIATA.
EL EQUIPO ES RECORDADO POR ELIMINAR A RIVER DE UNA LIBERTADORES EN EL PAPELON DEL 2007




Boca le ofrece un mensaje al mensaje para el fútbol argentino: el equipo de Arruabarrena arrancó, está en marcha. El breve ciclo incluye cinco partidos sin tropiezos y algunas certezas que van naciendo. Boca ya no juega para correr sino que corre -y mucho- para ganar. Anoche, goleó 3-0 a Central y accedió a los octavos de final de la Copa Sudamericana.

Hay un nuevo Boca. Está claro. Se percibe en todos lados. En las afueras de La Bombonera, donde el entusiasmo brota en la previa como si este encuentro frente a Central -en las etapas iniciales de la Sudamericana- fuera una gran cita de Copa, como esas a las que para los de La Ribera resulta una costumbre histórica. En el contorno, donde una multitud recibe al equipo con una incondicionalidad que conmueve. Y en el campo de juego, donde el Boca del Vasco es el Boca de la reconstrucción. Porque el equipo juega acorde a los cuatro mandamientos prioritarios de su entrenador: presión, intensidad, entrega máxima y ambición en nombre de la búsqueda ofensiva.

No es mago Arruabarrena, pero de repente transformó oscuridades en luces para una noche preciosa, como la que se vivió ante Central, al borde del Riachuelo. Boca se impuso en casi todos los aspectos del juego, fue mejor, golpeó en momentos fundamentales, se impuso, sigue. Va por más. No es poco considerando el traumático contexto anterior, con el Virrey Bianchi -el más exitoso de los entrenadores de la historia xeneize- sentado en el banco.

El 1-1 del encuentro de ida ofrecía una obligación para el visitante: si Central no convertía no había clasificación posible para los rosarinos. El equipo de Miguel Russo no estuvo a la altura de esa necesidad. Le faltó capacidad para generar juego asociado, para profundizar ante un Boca que estuvo bien parado en defensa y tampoco contó con variantes complementarias valiosas, como las situaciones de pelota detenida. Para colmo, los rosarinos se quedaron con diez por la expulsión del marcador central Lucas Acevedo.

Boca, además, contó con dos protagonistas centrales y decisivos. Uno: Cristian Chávez -delantero bravo, intenso, goleador, laburante-, el autor de los dos primeros goles, los que establecieron el rumbo. El primero, a los 20 minutos, con una volea estupenda (luego de que Calleri se la bajara de pechito). El segundo, ya a los 25 del complemento, con una cabezazo impresionante (llegando por el segundo palo, tras un centro de Fernando Gago). Dos: César Meli, el espejo más preciso del Boca que pretende Arruabarrena. Porque pelea y juega; porque toca, raspa y llega; porque es aplicado y constante. Por eso, ahora, también escucha aplausos unánimes.

Boca se permitió, además, administrar recursos en el último tramo del encuentro. Bajo la premisa de no perder jamás el orden, pero sin perder capacidad de desequilibrio en territorio ajeno, el equipo local demostró que -al menos ahora, al menos anoche- está muy por encima de Central. El tercer gol, el de la goleada, resultó apenas un decorado para esa victoria amplia, impecable: pase de crack por parte del mundialista Gago y definición sin vueltas del chileño Fuenzalida. La ovación cayó desde cada rincón de La Bombonera. Puro contagio. Aplausos, gritos, fiesta. Era un reconocimiento para este Boca capaz de resurrecciones.




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