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Ponzio x 9: cumple en todos los puestos

Uno de los mayores méritos de Marcelo Gallardo en River fueron las pruebas que hizo (y que seguirá haciendo) para reinventarse, para no dormirse en los laureles e ir por más. Incluso cada modificación es pensada, analizada en función de una característica, una visión propia complementada con una debilidad observada en el rival. Esto no es de ahora. Incluso en el semestre pasado, en donde el rendimiento fue bastante flojo, las pruebas se mantuvieron, como la línea de 3 ensayada ante Huracán por la Copa Sudamericana. No alcanzaron para conseguir la hazaña ante Barcelona, pero no por eso la maquinaria se detuvo. Al contrario, las bajas de Carlos Sánchez y Kravenitter más las llegadas de Nico Domingo, Arzura y Nacho Fernández lo desafiaron a más modificaciones dentro de la estructura titular. Y si en Tokio el DT dijo que se había cerrado un ciclo, el verano lo utilizó para comenzar el otro.



En esa búsqueda, lo primero que intentó Gallardo fue recuperar el estilo de su primer River, el del segundo semestre de 2014, el del mejor Pisculichi y el juego más fluido, el de la presión alta con Maidana y Funes Mori casi en la mitad de la cancha, el de la movilidad en ataque y las búsquedas por las bandas, para hacer la diferencia con los centros-gol y una buena cantidad de remates al arco.

Allí Leonardo Ponzio fue el primer refuerzo (no era tenido en cuenta por Ramón Díaz), aunque comenzó a jugar con continuidad a partir de los cruces internacionales con Boca. Y cuando le tocó salir, apoyó desde afuera. Pero Ponzio, a la larga, siempre está. Tiene mística, presencia, personalidad, es la clase de jugador por la que los DT se sienten representados como punto de partida para armar cualquier equipo. Y la nueva competencia (Domingo -capitán ante San Lorenzo- y Arzura) lo hace mantenerse atento a los 34 años.

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