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Por Tevez, Messi recuperará el Balón de Oro



Llegó el jugador que absorbe la presión y que libera a Leo de ser el eje de todas las cosas. Un efecto contagio para beneficio de la Pulga.






Excepto durante la gestión de Alejandro Sabella, desde 2004 Carlos Tevez siempre estuvo ligado a la Selección. Con vaivenes, tanto de rendimiento como de convivencia, la semana pasada – frente a Croacia - el hoy delantero de la Juventus volvió a vestir la albiceleste luego de tres años y medio de exilio forzoso. Ni siquiera el propio “Pachorra” está convencido de cuáles fueron las causas de tamaño ninguneo a quien pareció pagar un precio exorbitante por su apoyo a la continuidad de Diego Maradona tras el Mundial 2010, la misma que le había prometido Julio Grondona tras el 0-4 ante los alemanes en Ciudad del Cabo. Parece historia vieja, pero los ecos de que la propia base del grupo que maneja el poder interno del seleccionado argentino fue la que unió voluntades en contra del retorno del “Apache” es un secreto a gritos que no ha perdido fuerza.

Carlitos aprendió a moderar su discurso, expresando lo justo y necesario. Reflexivo y autocontrolado, fue cerrándole las puertas a cualquier posibilidad de recibir ataques externos. De la voz surgida desde lo visceral pasó a contar hasta diez antes de emitir una idea. Está dando los pasos en la dirección correcta: hace camino al andar. Llegó para sumar, no para dividir. Va ganando protagonismo por su aporte al proyecto colectivo más que al lucimiento individual. Quizá, Sabella acordaría con él si se mantuviera al frente de la Selección, pero de ésta decidió irse de motu proprio. Hoy, Gerardo Martino aparece como el puente para el regreso. El “Tata” marcó las pautas sin imponer nombres propios: todos tendrán un lugar, jugando de entrada o ingresando desde el banco. Y así fue en West Ham. Y así será desde ahora en más.

El primer beneficiado con la vuelta de Tevez es Lionel Messi. Claramente, Leo empieza a recoger señales positivas para la estructuración de su juego. Primero, porque se le va a descomprimir el peso de la mochila maradoneana que carga cada vez que se pone la 10 del equipo nacional. Así, más allá de las diferencias, descubre un ecosistema en el cual va a ir retomando confianza y seguridad. Ya no será el centro de todas las expectativas, sino qué estas se irán delegando en cuadros medios. Lo pueden hacer Ángel Di María, Sergio Agüero o Gonzalo Higuain, pero ninguno de los tres cuenta con la personalidad de un referente nato. En cambio, el de Fuerte Apache sí lo es: absorbe la presión y libera al resto de la exposición continua en cada acción. La “Pulga”, entonces, puede evocar desde ahora los tiempos inmaculados del Barça de Guardiola, cuando entre Puyol, Piqué, Xavi, Busquets e Iniesta se le liberaba de ser el eje de todas las cosas.

Messi se acostumbró a que durante el ciclo Sabella hubiera estabilidad en zona defensiva y achicamiento entre líneas para que la pelota le llegara a él de continuo. En Brasil, por ejemplo, con la autoestima por las nubes luego de la victoria frente a Holanda, fue Javier Mascherano quien lo explicó al otro día en una rueda de prensa informal, en Cidade do Galo: “Leo nos desahoga a todos cuando le pedimos que venga a tomar contacto con el balón, aunque sea de doble cinco”. Ese juego, visto en cancha, tenía su motivo justificado. El funcionamiento de Argentina se respaldaba en la combinación de volantes y laterales, más un central que se adelantaba, para presionar y recuperar juego; a partir de la tenencia, en el horizonte aparecía la figura del Diez. Y éste asumía el compromiso y se involucraba en lo que el equipo le solicitaba. No había otro en tal alto grado de responsabilidad, lo cual debiera ser tenido en cuenta por sus propios detractores a la hora de la crítica despiadada y genralmente extemporánea.

Martino ha dado un golpe de efecto que hasta pudo haber sorprendido a la luz del propio espíritu componedor y contenedor que irradia desde su forma de manejarse. Como todo cimbronazo, el grupo de entrada reacciona perplejo pero luego va asimilando y acomodando la novedad. El “Tata” ofrece a sus jugadores un reto doble: el de alejar la mira permanentemente en Leo como destinatario del balón, aunque estuviera rodeado de rivales, por un lado; el de reincorporar a un compañero en el que se habían depositado rasgos negativos como si fuera un ritual dispuesto a sacrificar al endemoniado, por el otro. Tevez lo asume y suma; va construyendo su espacio a partir de una imagen más emparentada con el perfil bajo que con la puesta en escena enfocada en la exposición mediática.

En etapa de reacomodamiento, a Messi ir recuperando tranquilidad y seguridad. Aún no se encuentra en plenitud dentro del nuevo proceso que atraviesa Barcelona, inclusive con la compañía sudamericana de elite que le representan Neymar y Luis Suárez. Se lo volvió a ver distante en el reciente duelo ante Real Madrid por la liga española y en medida parecida durante la primera fase de la actual Champions League. Es una etapa absolutamente normal en la trayectoria de un futbolista y no habría de qué sorprenderse. En la Selección, le sucedió parecido en el choque contra Brasil en Pekín. Se lo advierte igual de absorbido por el protocolo que cuando recibió el premio al mejor jugador del Mundial, tras la final perdida en el Maracaná. Pocas veces, una expresión de fastidio fue tan fiel reflejo de un estado de ánimo.

En enero próximo, la premiación por el Balón de Oro dejará a Leo en un segundo plano evidente respecto de los dos grandes candidatos: Manuel Neuer y Cristiano Ronaldo. El arquero alemán, con el título mundial a cuestas y figura en el poderoso Bayern Munich, campeón de la Champions 2012/2013 y del Mundial de Clubes 2013. El delantero portugués, referencia del Real Madrid ganador de la Liga de Campeones de Europa 2013/2014. Messi está lejos en la medición previa, pero nunca debe perderse el foco en el mejor futbolista del mundo y además cuádruple Balón de Oro.

Leo necesita de un Tevez en la Selección, que le permita acomodarse como el líbero de ataque que es y en la posición que elija. Hoy, esa dimensión de futbolista que libere a la Pulga de la imagen de peaje del juego colectivo tampoco parece existir en Barça, más allá de que los resultados le permitan mantener competitividad en los frentes que afronta. Carlitos también va a sacar provecho de Messi. Interactuando, los dos se van a potenciar y el resultado favorecerá al equipo. Un efecto contagio, que puede conducir a la Pulga ni más ni menos que a su quinto Balón de Oro. No será en esta temporada, pero sí puede serlo en todas las que le aún le faltan.




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