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Prenden Belas para resucitar el ¡futbol Pesculeche!

El zurdo, de flojo nivel en lo que va del semestre, deberá aparecer en los clásicos, ahí donde se ganó al hincha de River hace unos meses nomás. ¡Que viva!



Pero que viva el fútbol, Espinoza!”. El sábado pasado Rodolfo De Paoli lo dejó bastante claro: ya le está metiendo los cuernos al tipo con cualquier cosa. El ahora ayudante de campo de Defensa y Justicia podrá alegar: su pareja no está cuidando la relación. En algo tendrá razón el relator que patentó la frase en veinte catorce: Leonardo Pisculichi está raro. Ya no sonríe como antes, ya no se escucha un rockito alegre de los Stones cuando agarra la pelota sino más bien una balada medio melanco de Dylan. Pero que resucite el fútbol, Pisculichi, por favor. Que el fútbol salga de terapia, mejor dicho, que se levante de la cama, revolee al joraca el respirador, desconecte los sueros y se vaya corriendo a disfrutar un cachito de la vida que ya conoce. Que conoce Piscu y que conoce Boca: el flashback es inevitable por estos días. Ese buscapié de Vangioni, que les contará a sus nietos que le dio un pase gol, y esa cachetada de zurda, de rastrón, cara interna abierta, Orion más duro que calzoncillo de Robocop, delirio en el Monumental.

Ahora se vienen tres clásicos al hilo y el 15 está tan cerca como lejos de ese nivel. Tan cerca porque no pasaron ni cinco meses, nada. Tan lejos porque esta versión de Pisculichi es una sombra. Porque River ya no puede descansar en él como antes, porque agarra la pelota y ya no gana en el uno contra uno, y ya no mete esos pases-cirugía que terminaban en goles de los puntas, porque los centros ya no vienen a la cabeza de los de la Banda cruzada sino más bien a los puños del arquero rival de turno, porque la pegada desde afuera del área ya asusta más a los alcanzapelotas que a los goleros. Porque para Gallardo ya no es un titular indiscutido y, de hecho, muchas veces ni siquiera es titular y el técnico se decide por Pity Martínez y Driussi.

¿Qué le pasa? ¿Será simplemente una mala racha? ¿Será que el semestre pasado tocó un techo, nomás? De cualquier manera, River está sintiendo su falta y la trilogía de superclásicos parece ser la ristra de eventos perfectos para que el tipo vuelva a lucir la zurda mágica como hizo alguna vez, como hizo ayer nomás por una competencia internacional y contra un rival de camiseta azul y amarilla.
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