"Quiero seguir levantando copas con Gallardo"

El colombiano a fondo: el sueño de acariciar la Libertadores, lo que le pidió el Muñeco en la primera charla, la hora de apretar los dientes, su familia por dentro y un deseo: "Ojalá me recuerden como un servidor".








-Estás igual, mejor, o peor que el año pasado?

-Mejor, mejor. Hice una muy buena pretemporada, me siento cómodo, tranquilo y quiero tratar de fluir para el equipo como mis compañeros.

-¿Mejor, seguro? Tuviste un buen año…

-Sí. No es fácil, fue un 2014 muy exitoso, con muchos logros como equipo, pero eso me lleva a ser diferente, mejor todavía. Acá cada día hay que superarse con las mismas ganas, el mismo deseo, o aun más: debemos trabajar el doble, ya que es un año distinto, se juegan un montón de cosas. Siempre tengo la confianza en Dios, el apoyo de mi familia, y busco hacer lo máximo para el grupo.

-La Libertadores debe ser una motivación extra.

-Sí, es una Copa codiciada por todos y trataremos de jugar como lo veníamos haciendo y dar lo mejor para tratar de ser uno de los que la pretende. River es una institución grande y debe apuntarle a esos torneos.

-Por ahora no están jugando como lo venían haciendo. ¿Coincidís con Gallardo en que el del otro día fue el peor partido de su ciclo?

-Y… (Piensa bien). No le puedo llevar la contraria, si no coincido me saca, ja, ja. El es el estratega, quien manda. Pero es verdad que no nos sentimos cómodos en nuestra casa, no nos gustó lo que hicimos, pero son errores que tenemos que mejorar, lo bueno es que sabemos lo que puede dar este equipo.

-¿Cómo se hace para volver al nivel de antes? ¿Se aburguesaron?

-Se dieron un par de resultados en contra, nada más. Si alguno lo toma así, no nos afecta: no estamos haciendo las cosas mal en la semana, eso sería distinto. El partido pasado fue malo, algunos compañeros piensan lo mismo, aunque eso nos hará potenciarnos cada día y saber que ahora hay que apretar los dientes, mostrar la jerarquía que nos ha llevado a ganar títulos y lograr que los rivales vuelvan a sentir que este es un equipo de otra dimensión.

-¿No será que los rivales les sacaron la ficha y saben cómo jugarles?

-Los rivales se preparan un mes antes para jugar contra nosotros... Tenemos que volver a fluir, volver a la alegría que le gusta a la gente. Ahí va a ser todo más fácil, juguemos contra quien juguemos.

-¿Vos no te ponías nervioso cuando no llegaban tus goles? Antes de Sarmiento estuviste varios partidos sin convertir…

-Nervioso no, intentaba ser importante para el equipo de cualquier manera. No hacer goles no me pone mal sino todo lo contrario: me motiva más... Los goles llegan solos. Contra San Lorenzo en la Recopa tuve cuatro o cinco chances y no se dieron; ahora se abrió el arco y debo seguir por esa senda.

-¿Con cuántos goles te conformás para este año? ¿Te ponés una meta?

-No, no me gusta pensar así, no me siento cómodo. Yo quiero tratar bien la pelota, ser importante para el equipo a nivel de funcionamiento, a nivel de sociedad, y sé que así vendrá el gol, no importa cuántos.

-Hablando de sociedad, ¿te gusta compartir ataque con Cavenaghi?

-Claro. No he jugado mucho en el semestre pasado con Fernando por su lesión. Ahora hemos estado dos partidos juntos y el equipo sintió ese respaldo que nos caracteriza a los delanteros de hacer goles y de poder sostener a la defensa del equipo contrario allá arriba.

-¿El hincha de River ya te vio en tu máxima expresión?

-Siempre pienso que lo que viene va a ser más importante, que tengo que dar más y más como jugador, y que River siempre va a exigir. Por eso creo que todavía puedo darle mucho más a River, estoy preparado para eso.

-¿Y qué cosas que no le diste al club podés brindarle todavía?

-Pases, goles, títulos. Yo quiero jugar bien a la pelota y serle útil al equipo en cualquier posición, ser el más fuerte, que mis compañeros sepan que puedo brindarme, que si ellos me dan confianza voy a ser fundamental para el equipo. Por eso intento eso: asociarme, dar buenos pases para que me los devuelvan y llegar al gol. Que el rival sienta temor por mí y por el equipo. Me gusta eso.

-¿Cómo manejás tu ego? Estás en un grupo con muchos jugadores de jerarquía.

-Los partidos y tantas competencias me han llevado a enfocarme en el equipo y a darme cuenta de que después lo individual llega solo: en cualquier momento tocás la pelota y se va al marco o tocás para un compañero bien ubicado y abrimos el marcador en un partido que define una instancia importante. Asimilar eso hace que las cosas sean más fáciles.

-Cuando llegaste al país no eras así, o al menos se te nota cambiado, acaso más maduro. ¿Cómo fue ese cambio? ¿Acudiste a la psicología?

-Mis familiares son los mejores psicólogos que tengo... Y Dios. Esto es fácil: la vida te va premiando si hacés las cosas bien. Yo no cambié tanto, por ahí hoy es cuando todo el mundo ve quién soy realmente. Antes le estaban vendiendo otra cosa a la gente, por eso estoy tranquilo y quiero ser como siempre fui. No puedo cambiar mi esencia; el día que cambie mi esencia, pierdo, me dejo de llamar Teo y la gente me deja de reconocer. Y eso no quiero hacerlo nunca porque me sentiría mal, me sentiría extraño. Y, como decía, eso se lo debo a Dios y a mi familia.

-Pero tenías otras reacciones antes, no hace falta ni recordarlas.

-Pero yo soy el mismo: una persona sincera, leal, no soy doble cara, siempre quiero ser uno solo. Vine a la Argentina a jugar al fútbol y acá también conocí gente genial, armé relaciones con muchas personas de estrato alto y bajo, para mí son todos iguales. Aprendo de todo el mundo, me gusta escuchar al joven, al anciano, al niño, es como si tuviera una libretita en la que cada día anoto una enseñanza y eso ayuda a superarme. Y no sólo acá, también en la selección de mi país. Esto me hace acordar a una anécdota: una vez Maturana, que estaba en la selección, me dijo: “Mirá que vos sos el quinto delantero acá, pero tenés que entrenarte como si fueras el primero y vas a terminar jugando. Desde ese momento, me entreno siempre como si fuera el número uno. Hay personas que te marcan, como el profe Pekerman, por ejemplo.

-¿En qué te marcó?

-La primera vez que lo vi a Pekerman me dijo que creía en mí, que si tenía confianza iba a jugar. Eso no lo olvido, porque es uno de los mejores entrenadores de Sudamérica, por sus manos pasó Messi… Entonces, que me diera esa confianza me hizo muy bien. Tanto que el primer partido con él marqué dos goles contra Uruguay.

-¿Y Gallardo?

-Gallardo te transmite mucho trabajo, una idea importante que no la puedes cambiar. Eso es algo que nos da un plus como equipo y en lo individual te permite marcar la diferencia.

-¿Algo puntual que te haya dicho?

-Sí, recuerdo el día que dijo que quería hablar conmigo, je. Lo hicimos, nos miramos a los ojos y charlamos como adultos que somos, como dos personas respetuosas. El me contó lo que pretendía y yo le expliqué lo que estaba pasando y lo entendió, porque también fue jugador. Y hemos levantados copas juntos, así que vamos por el buen camino, con la convicción de lo que hacemos. Y ahora quiero seguir levantando copas con Gallardo, esperemos que Dios lo permita. Es importante para nosotros y el club: nosotros pasamos y el club queda.

-Contá cómo fue esa famosa charla con Gallardo post Mundial de Brasil. ¿Te retó un poco?

-Uff, ja... El primer día que llegué me puse la ropa y me dijeron de una: “Te llama el profe”. Y me estaban esperando todos sentados ahí, no los conocía, a Gallardo lo conocía como jugador nada más. Y ahí me preguntó si quería estar en su grupo, si me interesaba formar parte del equipo, si quería quedar en la historia del club. Y yo le dije que sí, que había venido a la Argentina a mostrar mis condiciones y a dejar el nombre de mi familia y el de Colombia en alto. Fue una charla sincera, con cosas que salen del corazón: no me gusta decir mentiras o cosas que no puedo hacer. Soy muy estricto en lo mío y lo hago valer. Lo bueno fue que hablamos poco y nos entendimos rápido, como hay que hacer en la cancha: hablar poco y entenderse rápido...

-Querías que tu apellido quedara marcado en River y ya lo lograste: ¿te ves mucho tiempo más acá o ya estás hecho?

-Uno no sabe el futuro, el único que lo conoce es Dios, así que trato de disfrutar el día a día, el entrenamiento, quiero llevarme algo cuando me vaya y serle útil a mis compañeros y al cuerpo técnico, ojalá me recuerden como un servidor, después no sé…

-Antes de que empezara el semestre amagaste un poco: ¿aparecieron los verdolagas?

-Je, ya dije que acá estoy muy bien. Como decía, al futuro sólo lo conoce Dios, por ahora disfruto acá.

-¿Entonces si ganan la Libertadores te quedás al Mundial de Clubes?

-Primero hay que ganar la Libertadores, la fe está, siempre sueño con acariciarla, ojalá lo logre. La quiero ahí, en la vitrina, junto a la Sudamericana y a la Recopa. Queremos dejar una huellita en la historia del club.

-¿Es más difícil que la Sudamericana?

-No sé, es otro torneo que arma la Confederación: son viajes largos, días enteros afuera, difíciles. Pero hay que tener calma y trabajar como equipo para que se haga más fácil, como hicimos en la Sudamericana. Es complicado, hay muchos equipos muy fuertes y todos quieren ganarla.

-Uno de ellos es Boca: ¿lo ves mejor que en el semestre pasado?

-Y, es verdad que se ha reforzado muy bien. Pero no sólo Boca, también Racing. Y los equipos colombianos, como Nacional. Y Corinthians y San Pablo, los equipos brasileños juegan muy bien. River también se reforzó: entraron muy bien los que llegaron, como el Pity, que ahora lamentablemente no va a estar con nosotros unos días... Igual, nos tenemos confianza. Dependemos de nosotros; obviamente respetamos a los rivales como se merecen, pero nos tenemos mucha fe.

-¿Te gustaría volver a cruzarte con Boca?

-Son partidos… Si pasa eso, va a ser una final más. Claro que si nos cruzamos a Boca lo voy a disfrutar, pero como decía, todos los rivales son difíciles: los argentinos, los brasileños, los colombianos, los ecuatorianos, hasta los venezolanos están bien. Será difícil para River y para Boca.

-¿Dolieron los amistosos del verano, especialmente el último?

-Sí, aunque lo pudimos redondear con la Recopa, je. No empezamos bien, nos dolió mucho ese partido que perdimos…

-El de la goleada…

-Sí, y más que nada dolió porque lo perdimos por errores nuestros. Espero que entiendan eso los hinchas. Si un equipo que te gana tres, cuatro o cinco a cero lo hace pasándote por arriba aunque vos juegues bien al fútbol, ahí agarraba la maleta y me iba. Pero fue un tema nuestro. Nos dolió mucho, nos sirvió ese partido y nos va servir para lo que viene.

-¿Te molestó lo todo que se habló después, sobre todo lo que pasó en el vestuario?

-No, para nada. Ya está: la gente va a recordar a los equipos y los grupos por las Copas que tenga en la vitrina… Y después ganamos una, eh. Esa derrota nos sirvió para eso.

-¿Y la discusión entre ustedes? ¿Alguna vez lo habías visto a Mercado tan enojado?

-No pasa nada, tranquilo, eso queda en el vestuario.

-Soñás con la Libertadores. ¿Y la Copa América?

-También, claro. Se viene una Copa América linda. Las selecciones sudamericanas son difíciles, pero vamos a tratar de ganarla. Tenemos grandes jugadores y un gran profe: cuando nos reunamos daremos el máximo por mi país.

-¿Extrañás Colombia? ¿Te costó adaptarte a un país como Argentina?

-Sí, sin dudas. No es fácil, eh, ustedes viven fútbol 24 horas y llegar acá y no conocer algunas cosas fue complicado, me costó caro, pero también aprendí muchísimo... Muchas cosas que alguna vez le voy a enseñar a mi hijo Cristiano, que ya conoce la cultura argentina y ya se ha manejado acá.

-¿Qué tiene Cristiano de argentino?

-Cristiano mira mucho el fútbol, va al estadio, a la escuela. Y quiero que aprenda eso que tienen ustedes que es lo que más me gusta: se sienten los mejores. Al menos en el fútbol: Dios permita que Cristiano juegue al fútbol y se sienta el mejor.

-¿También va de nueve?

-Le digo que juegue de la mitad para adelante para que pueda hacer goles y marcar la diferencia en todo sentido, como el papá.

-¿Y las nenas?

-Yeilou y Shadai también son futboleras, les gusta ir a la cancha, ver al papá…

-¿Son de River?

-Ahora sí: mis hijas se hicieron de River por el papá pero también por lo bien que jugamos. Sobre todo por eso. Se engancharon mucho por los títulos y por cómo conquistamos a la gente como equipo. Jugando así conquistamos a todos y a los niños, como a ellas…

-¿Te sentís privilegiado por eso que conseguiste con tus hijas?

-Sí, es hermoso. A veces algunos no lo entienden, no saben lo difícil que es la vida del jugador. Uno se pasa mucho tiempo lejos de la familia, y también comprendo que mi esposa y mis hijos están afuera de su país. No es sencillo y entonces trato de disfrutar este tipo de cosas, hacer las cosas bien para ellos. Es lo que me ha dado Dios, lo único que tengo.

-¿Y tu esposa se la aguanta?

-Ella siempre está ahí, esperando, es un defensa más mi esposa, la amo, pero tengo que esquivarla a veces, je (zigzaguea como si bailara salsa).

-¿Te hace marca personal?

-Uyy sí, Yeimi me hace marca personal, y se me enoja a veces…

-¿Por qué se enoja?

-Cuando erro un gol, o cuando hablan mal de mí y no tienen razón. Siempre me reclama que patee al arco, como si fuera un técnico, ja, ja. Es futbolera y complicada, pero en el tema del fútbol nomás: después en la vida es un amor y siempre ha estado a mi lado en los momentos difíciles. Cada día le doy gracias a Dios por lo que tengo: una linda familia. El fútbol me enseñó a ser un valiente y por medio del fútbol pude ayudar a mis seres queridos y a mucha gente…

-Como a los chicos de La Chinita en Barranquilla.

-Eso me hace feliz como nada en el mundo: poder brindarle una sonrisa a un niño que de pronto está pasando un momento difícil no tiene precio. Siempre les agradezco a mis viejos por ser así. A mi padre, a mi vieja que me marcó el camino: siempre iba detrás de ella, es la que me trasmite paz y tranquilidad. Cuando era chico todo el mundo hablaba de fútbol en cualquier lado; a veces cuando tenía problemas o quilombos, como dicen ustedes, yo llegaba a mi casa y veía a la vieja tomando fresco en el patio mientras la gente hablaba que esto, que lo otro, que si pateaste, que por qué no hiciste el gol, y ella allá tranquilita… Me llamaba, “vení”, y me decía “tranquiiilo”, sólo eso, nada más…

-¿Allá, en tu barrio, es donde sos el verdadero Teo?

-Ahí y en la cancha. Pero en el lugar donde nací siempre sé dónde meterme, ¿entienden? En otro lado soy extranjero… Allá sé por dónde ir, qué puerta tocar. En todos lados me pueden abrir una puerta, pero nunca como en mi barrio, no como en mi casa: eso se lo gana uno con pequeñas cosas. Siempre doy todo por mi gente, por mi barrio, por dejar su nombre bien alto y saber que ahí nací, ahí corrí, ahí caminé, ahí gateé. Ahí hice todo: la vida me enseñó todo allá. Ya voy a volver a jugar en las canchitas de allá cuando esté viejito, ja.

-¿Acá todavía no te ganaste un lugar?

-Sí, le estoy muy agradecido al pueblo argentino, a la gente, me tratan de manera muy especial: hinchas de otros equipos me piden fotos también. Hay que saber que cuando salimos de la cancha somos uno más, una persona como cualquiera, y siempre voy a estar agradecido a los argentinos por todo lo que viví en esta tierra y lo que me enseñaron. Y quiero pagarles con fútbol, no tengo con qué más…