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Re-evolución Gallardo


Marcelo Gallardo y su "Gallardeta". Foto: Ilustración, Sebastián Domenech[/i


L
a salida de Ramón Díaz , con el protagonismo con el que el riojano busca ubicarse en cada uno de sus actos, incluso el del portazo, pareció generar en la aguas calmas y victoriosas del River campeón, un foco de tormenta inesperado. Sin embargo y lejos de perder de vista el horizonte hacia el cual apuntar, la dirigencia "millonaria" reagrupó sus filas, analizó el desaire de Ramón y tomó su primera gran decisión desde que asumió el poder en el club. La contratación del Marcelo Gallardo fue una jugada de riesgo y ese valor para jugarse por un entrenador con pasado glorioso, pero casi sin experiencia, ha comenzado a dar sus frutos con una velocidad sorprendente.

El nuevo River la ha sacado más brillo a aquel que se transformó en monarca del torneo pasado y ese prejuicio que supone que todo lo que dio resultado no debe revisarse, se ha caído por el propio peso de la realidad. Este River cambió algunos nombres medulares pero además, y sobre todas las cosas modificó su ritmo de juego.

Desde los apellidos el "Muñeco" reemplazó a cinco integrantes del viejo equipo y todos los que ingresaron dotaron al equipo con la impronta de su estilo. El movimiento menos influyente fue el de Funes Mori por Balanza, pero aún suponiendo que el colombiano pueda recuperar su lugar cuando alcance su mejor forma física, lo cierto es que el mellizo ha mostrado solvencia y fortaleza en la marca y buen juego en las alturas.

Ya en la mitad se aprecia la transformación. El flamante líder tiene a Kraneviter en el centro del campo en el territorio en donde supo dominar el espacio Cristian Ledesma. El "lobo" fue el jugador fetiche de Ramón y con su circulación y toque corto era el titiritero del equipo. Él le daba a cada movimiento una cadencia especial y el equipo jugaba a partir de su pisada, sus pase cortos y su circulación de la bola. Ahora es el tiempo del juvenil tucumano y lo suyo luce a partir de una presión voraz, un despliegue encomiable y una agresividad posicional determinante para achicar las transiciones. Kraneviter obliga a sus compañeros del medio a jugar bien adelantados, a la última línea a plantarse casi en la mitad de la cancha y a los delanteros a ser los primeros defensores.

El otro recambio en el mediocampo es la vuelta de Sanchez. El uruguayo volvió para ocupar el sitio que dejó Carbonero, figura del torneo pasado, y su regreso no podía ser mejor. El juego dinámico del equipo cuando tiene la bola y la intensidad para recuperarla cuando se la pierde, le cae a la perfección a su estilo directo. Con capacidad para pisar el área rival ya se anotó entre los goleadores y es un pistón por la banda derecha.




En el ataque la banda perdió a dos músicos de peso como Lanzini y Cavenaghi, pero sumó a Pisculichi y Mora. El zurdo no es enlace ni delantero y esa dualidad lejos de perjudicarlo lo beneficia. "Piscu" puede aparecer como un enganche que llega de atrás como en la jugada del empate ante San Lorenzo o aparecer vacío como un segundo delantero, ya sea para definir como en su grito ante Central o alimentar a sus compañeros como en la conquista de Teo Gutierrez. Mora puede abrir espacios con su velocidad por las orillas del campo, pero también ofrece un caudal goleador interesante.

Hasta aquí la metamorfosis en función de los nombres, pero además está el cambio en el estilo de juego. Defensores que en varios pasajes del juego toman riesgos y juegan mano a mano con los delanteros, laterales que se combinan con los medios y duplican las bandas para generar superioridad numérica, mucho movimiento para ofrecer opciones de pase al jugador que tiene la bola y un efecto contagio que determina que todos se animen a crear, son los postulados más destacables del equipo. Los nuevos dejan su sello y los viejos (Mercado, Rojas, Vangioni o Teo Gutierrez) se sienten cómodos con la idea superadora.

El contexto favorecedor ayuda a "mechar" a los pibes. Así es como comenzamos a descubrir las bondades de Tomás Martínez, Lucas Boye o Sebastián Driussi, quienes juegan los tramos finales de partidos con desarrollos favorables, lo cual les permite jugar con menos urgencias sin tener que ponerse el traje de "salvadores".

El discurso de Gallardo se hizo carne en su plantel y el compromiso está a la vista. El examen frente a San Lorenzo podía dar una primera medida importante del verdadero nivel del equipo. Su River tuvo carácter para recuperarse de la desventaja inicial, convicción para buscar la victoria luego de alcanzar el empate y un ferviente deseo de rematar la faena al encontrar herido a su contrincante.

Todavía en un estado embrionario, el "Muñeco" busca darle más lustre a una joya que ya brillaba tenuemente. River es la sensación del campeonato. Todos se suman a la causa y Gallardo lleva adelante su tiempo de re-evolución.










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