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Riquelme, el "pecho frío"...



Algunos comparan a Dios con Riquelme... él es muy bueno y todo lo que quieran, pero nunca va a ser tan grande como Román.

El último 10...

























































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Frases y anécdotas sobre el 10



"El recuerdo más lindo de mi infancia es el ruido de mi casa. Crecí con mucho ruido. A toda hora había gente. Sobre todo en el comedor, donde estaba la mesa y la heladera en un rincón. Y cada año ese ruido se hacía más grande", recuerda.

Es que la familia no paraba de crecer y él se convirtió en el mayor de diez hermanos! En este orden: Román, Mercedes, Cristian, Elizabeth, Joana, Diego, Gastón, Karen, Ricardo y Cecilia. Todo un equipo dirigidos por Cacho -un enamorado del fútbol que sería el primer técnico en la vida de su hijo crack- y María Ana, que vivía entre los pañales y mamaderas.

"A mis viejos los admiro, no sé cómo hicieron para criar tantos chicos en estos tiempos de miseria. Y siempre con una sonrisa, enseñándonos lo bueno y lo malo de la vida, el valor del esfuerzo, el trabajo, la honestidad. Por ellos yo doy la vida. Fueron, son y siempre serán lo más importante para mí".






A los 10 años, el nombre de Riquelme sonaba y mucho, entre los “ojeadores” que los clubes mandan para descubrir talentos infantiles. Una tarde apareció el técnico Jorge Rodríguez y lo llevó a probar a Platense. No quedó, porque a los probadores les pareció demasiado flaquito.

Mejor le fue en Argentinos Juniors, donde lo aceptaron, seguros de que su calidad y un buen entrenamiento iban a convertirlo en un jugadorazo. Las inferiores entrenaban en el Bajo Flores.

“Era chiquito y me despertaba a las 6:30 de la mañana, caminaba 20 cuadras hasta la estación y en una hora de tren llegaba a Saavedra. Ahí me tomaba el 133 una hora mas tarde llegaba al Bajo Flores. Dos horas de ida y dos horas de vuelta. Todos los días así.

Pero nunca me quejaba: ¡Por fin estaba en lo que me gustaba! Había días en los que me lograba colar en el tren y volvía contento a mi casa porque me quedaban dos pesos para tomarme una Coca con mis amigos, en el kiosquito del barrio.

Con poco, era muy felíz”.






"El micro estaba cerrado, cualquiera se hubiera ido, pero yo me quede y le tiré una frase para matar o morir al otro seguridad: "¿Sabe lo desastrosa que es mi vida?", en cierto punto sentía eso, mi vida sin Román es un desastre, por elección.
En ese momento de desahogo, me bajó a Román del micro, lo conseguí… Estábamos Román y yo... De repente, baja con un "A ver, a ver, hola Gonzalo" (el cual no casé, y más tarde me dijeron: "Te dijo hola, Gonzalo!". Después dijo: "¿Quién saca?, ¿Quién saca?", muy de Román. Pero el celular no tenía luz, y la foto no salía bien. En ese momento, dije con Román al lado: "Sacala porque me muero!", y Román le dijo a alguien que estaba atrás: "No sale"... Decían: "Luz, luz, quiero luz!". Riquelme maniobrando la silla y bancandomé hasta que saliera la foto, yo le agarraba las manos, y llegue a exclamar un "Abrazame Román!", y Riquelme en respuesta, y en medio del apuro, me agarraba la cabeza, con gente. Entre otros, Morel esperando atrás.

Finalmente, le dije: "Mandale saludos a Eli, tu hermana, de la cual me hice amigo por Msn, y sabe lo fanático que soy!".

La foto me la sacó un fotógrafo, que más tarde, y con un gran gesto, me la mandaría por mail. Me salvó la vida".






Román empezó a jugar con una camiseta azul y blanca, el número 4 en la espalda y el escudo de La Carpita, un club de baby de Don Torcuato. Su papá Cacho fue su entrenador más implacable.

“Mi viejo era muy duro conmigo. Siempre me daba ordenes, me corregía, me marcaba los defectos y rara vez me decía que había redondeado un gran partido. Recuerdo haberme largado a llorar en pleno partido por sus gritos. Pero él lo hacia para que no entrara en lagunas, para que no me fuera del juego, para mantenerme siempre atento, concentrado. Me lo confesó años mas tarde: - “Si yo te elogiaba como todos, te la ibas a creer, hijo, y eso es fatal para un futbolista”. Me decía.
Recién hoy lo entiendo y se lo agradezco. Yo soy lo que soy gracias a él.”

En los potreros de Campo de Mayo, la historia era distinta. Más dura. “Los fines de semana jugaba con los grandes. Cuando era el mas chico del equipo, me mandaban de delantero y me decían que me quedara cerca del arco para empujarla. Después empecé a moverme como 5, un volante central clásico pero con mas juego que marca.
Como era una cancha de siete, cada uno ponía $1 y jugábamos para la gaseosa y la cerveza. Nos matábamos a patadas y jugábamos sin arbitro. Aunque a muchos les parezca raro, jamás volví a sentirme tan feliz en una cancha como en aquellos tiempos…”






UN ROMAN FURIOSO

Fue en el 2000, previo al viaje a Japon para jugar ante el Real Madrid, cuando en el tumulto le quisieron robar al "10". Este, enfurecido, reaccionó.
"Juan Román Riquelme lidió con un hincha, que le arrebató la cadena de oro, regalo de su hija, Florencia. Pero los golpes que recibió de otro hincha -además de los insultos del propio jugador, que lo tomó de la camiseta-, cambiaron la postura del ladrón, que le devolvió el objeto al número 10 de Boca". Así lo describio el diario La Nacion de esa fecha.






Un penal histórico en Villarreal

En los libros Román no sólo será recordado en Villarreal por haber sido el cerebro de aquel equipo que llegó a jugar una semifinal de Champions League ante el Arsenal, acaso una situación jamás imaginada. También será, y en este caso por siempre, el jugador que convirtió el primer gol de la vida del club en ese torneo, ante el Benfica (foto). “Ese fue el momento más importante para mi en esa Copa, porque va a quedar por siempre para el club”, reafirma. En ese equipo español fue ídolo. Jugó 143 partidos y marcó 45 goles. Además, ganó la Copa Intertoto del 2004. Dejó una huella imborrable. Al punto que una bandera le agradecía no haberse ido al Atlético Madrid (cuando Bianchi era el DT), fue puesta en un partido y ahí quedó: era la única que no se sacaba nunca.





Con 22 años, Riquelme fue campeón del mundo. Y se transformó en la joya mas preciada. Sin embargo, Roman vivió esa noche a su manera y con la camiseta del Real Madrid. ¿ Cóóómo? ¿Y la 10 azul y oro? En pleno éxtasis, después del desahogo por la consagración, Roman fue corriendo hasta donde estaba Luis Figo y le cambió la camiseta. ¿Por qué? “Mi papá me la pidió. Y por suerte se la puedo llevar”, confesó. ¿Qué importaban el glamour del rival o los flashes internacionales? La promesa a papá Cacho pesaba mas que cualquier cosa.





Javier García:

Lo conocí en el 2007, cuando volvimos del Mundial Sub 20 de Canadá e invitó a todos los chicos de la Selección, a Zárate, Cahais, Banega, Agüero... Después me tocó concentrar con él e Ibarra, y le agradecí por tenerme en la pieza, je.
Huguito dormía todo el día y Román me decía: “Agarrá el mate”, y nos íbamos a tomar mate, a charlar, yo le preguntaba todo...
Recuerdo una vez que Tito Noir, el Tano Gracián, yo y algún otro no estaba cobrando y, en medio del asado, se paró delante de todos y dijo: “Presi, yo no cobro hasta que cobren los demás”. Y después, es un tipo normal, humilde, que no se fija en la plata. Sólo le interesa comer los jueves con sus amigos y las milanesas con la mamá.






Nestor Gorosito:

“Yo conozco una persona a la que Román le regaló una casa. Ese amigo tenía necesidades en España y Riquelme le dijo anda a elegirte la casa que quieras. A este muchacho le daba vergüenza, entonces eligió una fea y cuando Román se enteró, le dijo no anda a elegirte una casa más linda y le mandó la plata en dos días”.

“Esto no lo sabe nadie porque Román no lo hace saber. Hay otros jugadores que van, regalan dos juguetes, tienen una prensa impresionante y les sacan 700 fotos en un hospital. Román no tiene gente de prensa porque no le interesa.”






Román mostró personalidad desde pibe. Jugando para Argentinos, su equipo definía el campeonato con Villa Real, que ganaba. La mano pintaba difícil, no sólo para el equipo, sino para Riquelme en particular, ya que su papá, Cacho, no paraba de gritarle desde una tribunita. Era algo habitual, dada la pasión del padre, por lo que JR nunca se inmutaba. Salvo esa vez.

“En un momento empezó a llorar y, así, se gambeteó a cinco rivales, al arquero y convirtiendo un golazo”, cuenta Jorge Rodríguez, su descubridor.
Como locos, sus compañeros se abalanzaron sobre él para celebrar. Cuando quedó solo, se secó las lagrimas, miró a su padre y siguió jugando como si nada. Se había sacado la bronca con un poema hecho gol.






Zidane cambió la camiseta con Riquelme en su último partido en el Real Madrid.

Zinedine Zidane se despidió del público en el estadio Santiago Bernabéu recibiendo una cerrada ovación, tras la que, emocionado, intercambió su camiseta con Juan Román Riquelme.

Tras ser sustituido en los últimos segundos del encuentro, el francés esperó en el túnel de vestuarios para despedirse uno por uno de todos los jugadores del Submarino Amarillo e intercambiar su casaca con el enganche de la Selección argentina, a quien en su última rueda de prensa mostró su admiración.






EL DÍA QUE RIQUELME SE SINTIÓ SABINA

Fue en 1999. Román había ido al recital de Joaquín Sabina. El cantante español se enteró de la presencia del volante de Boca y quiso tener una atención: le regaló su sombrero. A partir de ese momento Riquelme no se despegaba del regalo. Lo usaba a toda hora, en la concentración, cuando viajaba en el ómnibus con el plantel y también se lo puso cuando posó con el equipo en la Bombonera (2-0 a Unión con goles de Samuel y Guillermo).
Pero, obviamente, no lo pudo utilizar durante el partido y allí "el 10" sufrió una pequeña desilusión. Le faltaba eso para que lo consideren un auténtico jugador de galera y bastón.






Roberto Pompei:

"Yo veía que Román jugaba poco. De afuera parecía que elegía los partidos. Pero yo lo viví de adentro. Primero le ganamos de local a Arsenal 4-0. Después no pudo ir a La Plata, pero yo ví como le había quedado la rodilla. Después le ganamos a San Lorenzo de local. Venía Independiente y me dijo 'yo estoy'. Uno sabía que estaba haciendo un esfuerzo. Esa historia termina con Román en el quirófano"

"En el partido con Huracán, Román tiene un freno y se rompe los meniscos, en el entretiempo cuando llegó al vestuario el médico me dice que Gary Medel y Pochi Chávez no van más. Tuve que hacer dos cambios. Y yo sabía que Román estaba para 5, 10 minutos. Entramos al segundo tiempo y yo lo miraba a Román y me decía 'estoy, estoy'. El tipo no me dejó a gamba"






Esta es la tapa de la Revista Mundo Deportivo del mes de Noviembre del año 2002. El brasileño Ronaldo mostraba su admiración por Roman en la previa a un derby español.



Fragmento dedicado a Juan Román Riquelme, escrito por Walter Vargas en el libro Fútbol Delivery, en el cual dedica una página por futbolista.











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