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Rolfi: Héroe o villano



Hay deportistas que generan amores y odios. Los hay en todos las disciplinas. Uno de los casos más notorios son los de Del Potro y Messi, por citar los ejemplos más mediáticos. Yendo al fútbol y al Rojo específicamente, aparecen varios futbolistas con esa condición. El caso emblemático es el de Fredes, hoy ya en Arsenal. Y, en estos días, el que usa el traje de héroe y villano al mismo tiempo es Daniel Gastón Montenegro.

Si el equipo gana y él incidió en los goles salen todos sus defensores a demostrarle su amor y agradecerle por haber vuelto cuando nadie lo hizo. En la mala de verdad. Más aún si mete terrible golazo como el domingo en el Nuevo Gasómetro.

Pero si el equipo no cumple las expectativas, no genera ese resultado positivo o está en la famosa meseta futbolística, aparece la figura del Rolfi villano. Que no agarra la pelota, que se esconde, que en el vestuario maneja todo como quiere, que nunca sale, que no patea, que juega lejos del arco y un sin fin de cosas más.

Y es tanto de ambos extremos lo que genera que no existe término medio. Cuando la realidad marca que la mesura es la mejor de las circunstancias para entender a este estilo de futbolistas. Los que tienen la capacidad de resolver un partido con un pase, como ante Olimpo o con un remate de media distancia, como ante Instituto o aprovechando la pelota parada como ante el Ciclón.



Lo cierto es que para el que suscribe aquí, el Rolfi está más cerca de ser un héroe que ser un villano. Claro está, sin ser ninguno de ambos. Y me adhiero a la vereda de los que lo tienen como una figura importante por todo lo que representa. Entendiendo el nombre que se ganó, su pegada y su aura en sí.

Para el rival nunca va a ser lo mismo enfrentarlo o no. Inclusive en un partido apagado, que ha tenido bastantes y los he criticado, puede resolverlo con un pase o un remate de sus propias características. También hay que contextualizarlo, en su edad y en su ritmo. Hoy no tiene la misma explosión que antes. Hoy, quizás piensa más.

Que hay que exigirle más, seguro. Es el que tiene que dar el plus para marcar el camino. Para hacerse dueño del equipo. El equipo debe descansar en él.

Algunos dirán que los números no lo respaldan. Sin embargo, su currículum dice: 68 goles en Independiente, máximo artillero y el de mayor presencias – 233 partidos – en el siglo; marcó goles en todos los torneos de Primera División que disputó con el Rojo; si bien fue su primer gol a San Lorenzo, ya le había hecho 6 a Racing, 2 a River y 2 a Boca; contando sólo los goles que marcó en Primera División - 10 los hizo en la B – está a uno de los 100, ya que convirtió 58 en Independiente, 30 en Huracán y 11 en River.



Más allá de los amores y los odios, Daniel Montenegro es uno de los futbolistas emblemáticos de los últimos 14 años, como para hacer foco en los 2000, y que dejó una marca especial en los hinchas de Independiente. Hoy está disfrutando de una realidad que hasta hace unos meses era claramente nefasta. Llegó en la mala, con muchas expectativas y estuvo siempre cuando fue la peor.

Ojalá pueda encontrar dentro de la cancha ese lugar que lo haga feliz y que le devuelva a la gente lo mismo. El Rolfi es uno de los jugadores que marcan la diferencia en el torneo local y juega para nosotros. Hay que exigirle que saque a relucir su personalidad y se haga líder. Hay que exigirle que marque los tiempos y no cometa el pecado de aislarse. Hay que entenderlo y contextualizarlo en su nueva posición.
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