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Saviola confiesa de que club es hincha




Saviola: "¿De qué club soy? Yo soy de River"


Jugador inolvidable para River Plate, a los 31 años ha acumulado una experiencia importante. Jugó en el FC Barcelona, Monaco, Real Madrid, Sevilla, Benfica y ahora en el Málaga, de Manuel Pellegrini. En todas esas instituciones la gente lo ha apreciado, y el diario madrileño El País le entrevistó. Saviola dice que entre todos los clubes, él sigue siendo de River, que el mejor entrenador que tuvo es Gabriel Rodríguez y que el mejor gol de su vida sigue siendo el que marcó a los 16, en Jujuy, debutando en River.



MÁLAGA (El País). La conversación comienza el viernes 11/01 en Benalmádena, y termina el domingo 13/01, en la zona mixta de La Rosaleda, después del partido de Liga ante el Barcelona (1-3). Javier Saviola (Buenos Aires, nacido en 1981) sale del campo con dos camisetas bajo el brazo: la de Xavi y la de Mascherano. “La de Messi se perdió por el camino”, ríe...

A los 16 años, debutó con River y 'el Mono' Burgos le llamó 'Conejo'; y a los 19, llegó al Camp Nou, escenario al que regresa hoy (miércoles 16/01) —se juega la ida de los cuartos de final de la Copa del Rey— con 31 años, como jugador del Málaga, a punto de ser padre.

-Parque Chas, River, Barcelona, Mónaco, Madrid, Sevilla, Benfica, Málaga… Perdone, ¿de qué equipo es?

-De River. En Parque Chas me crié y disfruté del fútbol como no lo hice más, no volvió a ser lo mismo. Llegó la responsabilidad, la presión… Si he de besar una camiseta es la de River. Al Mono Burgos, Astrada, Berti... les alcanzaba balones y a los 16 años entré en su vestuario. No salí corriendo por poco. Antes, había caudillos, ahora está lleno de pibes. Antes, te pegaban porque había que pagar el derecho de piso, sabías que no iba a ser fácil; no sabés qué era aquello.

-Me imagino. ¿Y qué hizo?

-Aprender. Si ahora no hablo mucho en el vestuario imagínate entonces. Yo trataba de ser humilde porque les tenía una admiración enorme. El otro día, estuve con el Mono. Un fenómeno, de esa gente que necesita un vestuario para unir, para relajar.

-Estuvo en muchos ¿se parece un vestuario a otro?

-No, todos los vestuarios son diferentes. Hay personalidades y culturas distintas, hay un holandés que viene, se entrena y se va; un argentino que pone música y sigue ahí dos horas después de la práctica, o gente religiosa como Kanouté, que estaba de Ramadán, llegaba sin desayunar y rezaba en una esquina. Siempre dejé un amigo. Ese es mi mayor orgullo, saber que donde fui creció un amigo. Soy un tipo tímido, pero tuve compañeros a los que sigo viendo. Casi no hay un equipo rival donde no tenga un amigo.

-En el Barça, Xavi...

-Somos muy amigos. Es de las personas que más han influido en mi vida por cómo me recibió. Tuvimos química en el primer entrenamiento y hasta ahora.

-¿Qué recuerdo guarda de su paso por el Barcelona?

-Cuando vuelvo al Camp Nou vuelvo a casa. Fue una época difícil, dura. No se ganaba nada, la cosa salió complicada. Tenia 19 años, era un adolescente y nada más llegar falleció mi padre. Cuando más necesitaba su apoyo y su consejo, le perdí. Siempre tuve a mi mamá y buenos amigos que me ayudaron, pero me sentí solo. Maduré rápido, me tuve que hacer hombre inmediatamente. Recuerdo mucho a Charly [Rexach], lo pasé muy bien, era un tipo divertido, especial, diferente, que siempre trató de llevar la cosa con naturalidad, buscando que el jugador se sintiera relajado. Rexach fue diferente de todos los que tuve. ¡Y tuve mil!

-Futbolísticamente, ¿qué queda de aquel Conejo?

-Poco. ¡Ha pasado tanto! No queda nada. Aquel era un chico que empezaba y uno es ahora otra cosa, más maduro, sabiendo que entro en la etapa final de mi carrera, pero feliz y contento de ella, de lo que conocí. Siempre guardé las cosas buenas.

-En Barcelona se le quiso tanto que ni se le echó en cara irse al Madrid. ¿Lo siente así?

-Sí, siempre me trataron muy bien. ¡Me aplaudieron cuando volví con el Real! Volver al Camp Nou es volver a casa. Pasé cinco años en Barcelona, volví muchas veces, de vacaciones, y siempre noté afecto. No vieron como una traición que me fuera, porque no lo hice ni por rencor, ni por desprecio… Sencillamente busqué un equipo donde pudiera jugar, había terminado con el Barcelona y no pude decirle que no al Madrid. Tampoco llegué en un momento espectacular, la verdad.

-El año de Ramon Calderón… Por su experiencia, ¿es muy diferente el impacto del Madrid y del Barça en España?

-No, la verdad. Desde dentro siempre vi dos clubs gigantescos. Y era impresionante ir con el Barcelona a los sitios, como lo era en el Madrid. No, en ese sentido, la dimensión es pareja.

-¿Hace mucho que no ve a (Joan) Gaspart?

-Le vi un día en un hotel... Tuve muchos presidentes. Normalmente, les veía el día de la firma, por fin de año y el día en que me despedía.


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