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Se respira Superclásico

Antes, durante y después del empate ante Quilmes, el hincha dio rienda suelta a su obsesión: el partido del domingo contra el alicaído Boca.



La locura es inimputable. Para el sistema legal y para los códigos de barrio. El argumento es que no se puede juzgar a alguien que no es consciente de sus actos. Quizás, amparándose en eso, es que cincuenta mil gargantas griten a la vez: “A mí me volvió loco ser de River Plate, vamo todo a La Boca, se la vamo a quemar.” O que entonen: “Vamos a pegarle a Boca hasta que muera.”
River juega contra Quilmes pero, aunque nadie quiera perder, todo el estadio negociaría esta derrota a cambio de una victoria que aplaste a Boca la semana que viene: el Superclásico lo es todo.
Por eso, todo es el mismo cancionero. Todo habla de Boca. Sin realizar cantitos xenófobos para evitar que frenen el partido y le pongan multas a la institución –más allá de que resulta una barbaridad que no se impongan las mismas sanciones por canciones que hablan de homicidios o de futuros homicidios–.
Más allá de que Ramón Díaz se dedicó las últimas dos semanas a bajarle los humos al partido con Boca, la locura es inevitable. River va a volver a La Bombonera, donde no juega desde el torneo en que se fue a la B. De la multitud que estalla el Monumental, sólo un puñado podrá estar en el templo del rival. Serán pocos y, probablemente, la pasen mal, y estén amontonados, e incómodos. Pero no importa. Nada importa: “Ponga huevo, River, que el domingo, cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar.”
Que si va a jugar Juan Román Riquelme. Que son un desastre. Que atrás no marcan. Pero que son ellos y ellos siempre complican. Todo eso se habla antes de que arranque el partido, durante el entretiempo y en el final. Familias enteras piensan sólo en eso: en ir y ganar allá. Como sea.
El temor es lógico. River no está en su mejor momento. Rodrigo Mora, el gran mojador de la oreja boquense, ya no parece el mismo. Atrás, todo lo banca Eder Álvarez Balanta, el juvenil colombiano que apareció de la nada y se ganó el clamor popular. Pero nada más. A los de Ramón Díaz hoy no les sobra nada.
Salvo eso: salvo Ramón.
Que es el gran resguardo de todo lo que pueda suceder. El tótem. El que puede dar calma a las futuras siete noches un insomnio devastador. Al que la gente ovaciona y al que le piden ganar. Ganar y evitar todas las cargadas que se vayan a venir en La Bombonera.
Se respira Superclásico. Falta una semana para que lleguen las 16:30 del domingo que viene. Se habla y se entona sobre Boca. Se puede entregar el partido de Quilmes a cambio de ganar. Es un silencio entre todo el resto del torneo. Un momento de locura, de locos y de, increíblemente, imputabilidad. El descalabro de los días previos ya llegó. El estadio completo se va cantando que cueste lo que cueste: sea lo que signifique ese cueste lo que cueste...

Todavía está ocho partidos abajo

Ramón Ángel Díaz llegó ayer a su partido número 315 como entrenador de River, y quedó a ocho encuentros de igualar la marca de Daniel Alberto Passarella, actual presidente del club y tercer DT con más presencias en el banco millonario. El Gráfico Diario había publicado ayer que el Káiser tenía 314, pero no había tenido en cuenta los nueve juegos de la Copa Centenario en 1993. Los únicos que superan los números de Passarella y de Ramón Díaz son Ángel Labruna, con 528 partidos, y José María Minella, con 419.

http://elgraficodiario.infonews.com/2013/04/29/elgraficodiario-72933-se-respira-superclasico.php
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