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Será la próxima, Boca




El equipo de Arruabarrena la sacó barata del Monumental. La lluvia incesante impidió el fútbol del River de Gallardo, que además desperdició un penal y reventó un palo. Solo la avivada del Muñeco con Pezzella le dio un poco de justicia al Superclásico, que terminó 1-1 y solo se celebró en la Bombonera.

En la previa, se relamían con el clima. Acostumbrados al chiquero y temerosos del buen juego de este River de Gallardo, suplicaban que la lluvia no cesara. Que la cancha se embarrara. Cuanto más corriera el agua, menos correría la pelota. Y qué mejor para Boca.

Aunque no solo el clima le advertiría a River que la de ayer no sería su tarde. A los 20, el pibe Magallán entró a la rastra por el área de Barovero y conectó un centro cruzado para abrir el marcador en favor de la visita y plantearle al Millonario el panorama más duro desde que empezó el campeonato. Sí, justo contra ellos, parecía mentira.

Tanto como ese cabezazo espectacular de Mercado que reventó el palo o el mano a mano de Funes Mori con Orión: el defensor bajó un tiro libre con el pecho y, cuando se perfiló para sacudir el arco de Boca, el estado del campo de juego provocó que la pelota rodara más de la cuenta y facilitara la tapada del arquero.

Cómo habrá sido de contra la tarde, que River ni siquiera pudo capitalizar el error de Vigliano al sancionar el penal de Gago. Mora quiso cumplir su anhelo de volver a convertirle al rival de toda la vida, se la pidió a Teo y definió con tantas ganas que la terminó desviando por encima del travesaño. De no creer.

A partir de ahí, Boca redobló sus esfuerzos por hacer tiempo y replegarse atrás. Arruabarrena sacó a Carrizo y Calleri y dictaminó un 4-4-1 con Chávez solo arriba, para asegurarse la victoria y abrirse una mínima chance de pelear el torneo. Pero, por suerte, Gallardo fue mucho más inteligente: entendió que no era un día para jugar y bajó la orden de forzar el pelotazo al área de Orión.

Para eso, primero probó a Boyé como complemento para los delanteros, y después sacó a Pisculichi por Solari, un tirador de centros, y al cansado Sánchez por Pezzella. Sí, por Pezzella, un cambio inesperado, pero más que entendible cuando el defensor se ubicó como 9...

Y fue a través de este cabeceador implacable que River encontró su merecido. El central ingresó por el corazón del área, cabeceó un centro frontal que Orión no pudo contener y selló el 1-1 que le dio un mínimo de justicia a una tarde tan desigual. "Me voy con bronca porque hoy no se pudo jugar al fútbol. Será la próxima", dijo Gallardo apenas terminó el Superclásico. Que no te queden dudas, Boca, será la próxima.






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