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Sin Gago, Boca no puede

Ya es una constante: sin el volante de la Selección, no logra Boca conseguir juego. Sin él, otra vez al equipo le costó demasiado manejar la pelota y encontrar la pausa.



Fernando Gago es el GPS de Boca. Para el equipo de Rodolfo Arruabarrena, su capitán es una suerte de faro hacia el que encaminar las intenciones de juego. Un rumbo concreto. Justamente, el que ayer no tuvo, como cada vez que su capitán falta a la cita. Boca es un equipo con Gago y otro bien diferente cuando el hombre de la Selección no está. El equipo sin rumbo que se paseó por el Nuevo Gasómetro desembocó en una calle sin salida que lo terminó de correr del torneo. El jueves, ante Cerro Porteño, Arruabarrena podrá reiniciar el sistema, con Gago en los comandos. La tesis quedó clara: sin él, se sufre.



Los números, muchas veces indolentes y en otras esclarecedores, ponen sobre el papel una tendencia ineludible en el semestre. Con Gago, Boca obtuvo el 69 por ciento de los puntos, ya que ganó nueve partidos, empató dos y perdió tres. Sin Gago, sólo cosechó el 22,2, ya que venció en un juego, igualó en otro y cayó cuatro veces.



Más allá de lo cuantitativo, el campo de juego de San Lorenzo expuso la ausencia. Otra vez, sin Gago, Boca jugó uno de los peores partidos del ciclo Arruabarrena. Como con Capiatá en la Bombonera, en el 0-1 de la catástrofe. Como con Rosario Central, hace tres semanas, cuando dio vuelta el partido y venció 2 a 1 de arremetida. En esos encuentros, y en el de ayer, Boca se mostró como un conjunto acelerado, sin elaboración ni capacidad de elección para comprender el manejo de las presiones y de las tenencias. Todas cuestiones para las que Gago es un baluarte.



El mediocampo de ayer ostentó nuevamente una deuda de elaboración alarmante. Gonzalo Castellani, la segunda marca de Gago en términos de la consideración de Arruabarrena, volvió a ofrecer mucha voluntad y poco criterio. En general, tomó la pelota y desarrolló el fútbol verticalmente. Fueron pocas las ocasiones en las que atesoró el balón e intentó colectivizar las acciones buscando apoyos en los costados. Esa tendencia se replicó en sus compañeros, que abusaron de las patriadas ofensivas y, por lo tanto, cayeron en la soledad de la falta de oferta de pase.



La Tesis Gago no se ampara sólo en el nivel individual del volante, ya que la principal diferencia habita en el ritmo que sostiene el equipo con y sin él en la cancha. La sola presencia del cinco marca un compás de los movimientos de sus compañeros. Su ausencia, en cambio, genera enormes anarquías a la hora de elegir las mejores opciones para atacar y defender. A San Lorenzo, entonces, se le volvió sencillo debilitar a una línea medular que fue engullida por el triángulo Mercier-Kalinski-Ortigoza. Sobre lo posible hay mil caminos, pero con GPS de Gago la hubiera tenido más difícil.

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