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Un triunfo Súper

Boca mostró actitud, ratos de buen fútbol y se recuperó después de la derrota contra Racing. Con un gol de Carrizo, venció a Quilmes y la victoria le sirve para llegar anímicamente bien al clásico con River.
"Dale Boca que no ha pasado nada...".

La letra de la canción con que los hinchas de Boca recibieron al equipo del Vasco Arruabarrena hablaba de borrón y de cuenta nueva. En otras palabras, que la derrota ante Racing, en esos 34 minutos disputados el jueves, ya quedó en el recuerdo. Era necesario levantarse, recuperarse ante un Quilmes que llegaba último en la tabla de posiciones. No sólo para mejorar la imagen dejada ante la Academia sino para llegar anímicamente de otra manera al superclásico del próximo domingo ante River.

Y Boca fue. A veces sin la suficiente claridad para encontrar los espacios. Por momentos, sin la intensidad que se precisa para poder desequilibrar en esos metros finales. Pero fue y el intento es válido. Más cuando el rival, como hizo Quilmes, mete dos líneas de cuatro y apuesta sólo a alguna contra. Para poder generar una superioridad numérica en campo rival, el Vasco apostó a las constantes subidas de Marín y Colazo por ambas bandas. La idea era romper por afuera y definir por adentro, pero salvo al final del primer tiempo, con un desborde de Meli por derecha que terminó enviando el centro al segundo palo que Chávez le bajó de cabeza a Calleri y el 9 no pudo definir (la sacó Martínez en la línea), a Boca le costó desnivelar por los costados.

Hubo otra intensidad en el inicio del segundo tiempo. Y el gol es un buen ejemplo: la jugada se inicia con un excelente quite de Gago en la mitad de la cancha, con Quilmes saliendo. Continúa con el pase largo de Pintita para la corrida de Chávez. El ex Banfield aceleró por la izquierda, desbordó y mandó el centro atrás perfecto. Y ahí el tercer mérito en esa acción: Carrizo, que venía acompañando la jugada, definió de zurda, de primera, para batir a Dulcich.

No se conformó Boca con la ventaja. Quizás, en el incosciente pesó la dormilona de los últimos partidos en los tramos finales (Central, Banfield y Racing el jueves). Por eso la idea fue no ceder la pelota ni aflojar la presión en mitad de cancha. Quatrocchi buscó mayor audacia con el ingreso del paragua Fernández y un 4-4-2 transformado en 4-3-3. Pero no le generó gran peligro a Orion. La defensa de Boca, esta vez, estuvo más concentrada y sólida. Y el medio funcionó como contención. Aunque también es cierto que el rival, con muy poquito, inquieto en algunas acciones y demostró ciertos desajustes en la última línea del local. Con más empuje que fútbol, trabajando el partido para no sufrirlo y pensando en el clásico del próximo domingo, se puede decir que Boca logró un triunfo Súper.
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