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Ventaja mínima



El hincha estaba a la espera de la ratificación del equipo que le dio tanto resultado a Marcelo Gallardo el año pasado. Y River volvió a ser River desde lo futbolístico, pero no pudo reflejarlo así en el resultado. Es que el Millonario gobernó claramente el “mereciómetro”, aunque solamente pudo conseguir la mínima diferencia ante San Lorenzo por la primera final de la Recopa Sudamericana en el Monumental.

La noche comenzó con una intensidad tremenda y Martín Cauteruccio desperdició un claro mano a mano a favor del visitante. Pero pasados los diez minutos, el local se adueñó del encuentro. Y allí apareció San Torrico. Sí, como aquel héroe de la Copa Libertadores ganada por el Ciclón. El 1 fue el culpable de que los dirigidos por el Muñeco se vayan al vestuario con la garganta seca.

El ex Godoy Cruz se lució ante la figura de Teófilo Gutiérrez. El colombiano tuvo dos cabezazos de gol en pocos segundos: primero tapó el arquero y, tras el córner, la pelota dio en el travesaño. Y si algunos pensaron que la tercera sería la vencida, se equivocaron: Carlos Sánchez presionó por derecha, recuperó la pelota y envío un centro al corazón del área. Allí el goleador cafetero aprovechó la siesta de Mauro Cetto, a quien anticipó con un infernal cabezazo. Pero apareció otra vez Torrico, quien esta vez ensayó una tapada acrobática para evitar la caída de su arco.

El match nunca careció de entusiasmo y el mediocampo fue solamente una zona de tránsito. River aprovechó mucho las bandas. Desde allí lastimó con centros de Sánchez y Leonel Vangioni, ante un Ciclón que dudó muchísimo en el juego aéreo. En una de esas pelotas, Torrico tuvo que salir a descolgar y el rebote le quedó a Teo, pero definitivamente no era la noche del 19: hizo una chilena y el travesaño le dio la espalda.

Los palos siguieron siendo el mayor aliado del guardameta visitante. Es que apenas minutos después, Maidana anticipó un centro desde la izquierda y el poste devolvió el balón. Gallardo, en tanto, miraba a su banco y contaba las ocasiones despilfarradas. Sí, Francisco parece que estaba haciendo lo suyo…

El vértigo de los primeros 45’ siguió en el arranque del complemento: Mora volvió a fallar con la puntería y Cauteruccio se nubló nuevamente, como en la primera parte, en la zona de gatillo.

Tras el primer cuarto de hora, los entrenadores movieron fichas: “Pity” y “Pipi” pisaron el verde césped. Por el lado local, Gonzalo Martínez se colocó por el ataque derecho y así dejó más suelto a Leonardo Pisculichi. Por el visitante, Leandro Romagnoli se ubicó detrás del 9 y Sebastián Blanco pasó al andarivel izquierdo.

Pero los minutos pasaron, el ritmo del partido se aplacó y la pólvora siguió mojada en los delanteros. Por eso, la segunda apuesta de los técnicos fue cambiar al referente de área: Matos y Cavenaghi por Caute y Teo, respectivamente. Aunque no funcionó. Las redes de los arcos continuaron sin moverse, hasta que apareció Sánchez.

Sí, cuando el mejor momento del Millonario había pasado y se lo veía con la brújula perdida, el uruguayo recibió por derecha y sacudió la modorra a los 25’ con un misil que ingresó por debajo del cuerpo de Torrico para romper la paridad. Los hinchas estallaron y se unieron en un solo grito: “Para ser campeón, hoy hay que ganar…”.

Fue un final caliente. Romagnoli vio la roja y los jugadores del Ciclón se le fueron al humo a Germán Delfino. El 10 se retiró antes las duchas por una fea entrada sobre Vangioni, quien reaccionó, pero el árbitro solo le mostró la tarjeta amarilla.

Pasó la primera final y a pesar de las abundaste situaciones del PT, la ventaja fue exigua para River, pero suficiente para entrar al Nuevo Gasómetro con la medalla puesta. Solo quedarán noventa minutos para olvidar el trágico verano de superclásicos, cicatrizar la herida y comenzar el año con una nueva Copa en la vitrina. ¿Podrá? El próximo miércoles se develará la incógnita.
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