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Vuelve Riquelme a Boca en el 2015?

Riquelme 2015: la decisión que les pesa a Angelici y Arruabarrena

El peso de Román sigue vigente aún jugando en otro club. "Y, si el Vasco me lo pide..." dijo el presidente sobre un eventual regreso del 10.



“Y, si el Vasco me lo pide…” contestó Daniel Angelici la semana pasada durante una entrevista radial en ESPN FC. El eje de la consulta había sido el mismo que se hace un hincha de Boca Juniors a toda hora: ¿Román volverá a Boca? Si es así, ¿se despedirá del fútbol en la Bombonera? La respuesta del presidente xeneize, en tono evasivo, dejó un mensaje entrelíneas: el entrenador Rodolfo Arruabarrena tiene la palabra. Se acerca 2015, que además de la reforma de los campeonatos trae consigo dos momentos clave en la influencia de las grandes decisiones: las elecciones en la AFA y en Boca Juniors, amén de las presidenciales a nivel nacional. Y si hay en el fútbol argentino un jugador referente en el sentido pleno del término, cuya influencia es gravitante dentro o fuera del club de la Ribera, ése no es otro que Juan Román Riquelme.

En Boca se vive el peor de los escenarios posibles, el del amesetamiento. Se baja demasiado rápido de la pelea por el título y ahora hasta puede sufrir un golpe de nocaut si es que queda eliminado de la Copa Sudamericana por el Deportivo Capiatá. De un ciclo exitoso en los números como fue el de Julio Falcioni – ganó el Apertura 2011 y la Copa Argentina 2012, además de ser finalista de la Libertadores 2012 – se pasó a un proceso que devino en fracaso de la mano de Carlos Bianchi, a quien sólo sostuvo su prestigio e historia como el DT auriazul más ganador de todos los tiempos. El actual ciclo que comanda el Vasco navega, aún, en la irregularidad. Encima, el propio y legendario estadio de la calle Brandsen ya ha dejado de ser una fortaleza inexpugnable en las últimas temporadas. No existe término medio para el simpatizante boquense: si el equipo no es protagonista, no hay consuelo que valga.

Al hincha le duele ver a Riquelme con otra camiseta. Es más, ¿qué pasaría si Argentinos Juniors logra el ascenso y se lo ve a Román utilizando la camiseta 10 con los colores rojo y blanco en La Paternal o en la Bombonera?

No es un tema menor que Angelici haya deslizado que la puerta puede volver a estar abierta para el último gran ídolo que ha marcado una época en su club. El actual presidente debió hacer a la fuerza un curso acelerado de política, especialmente para saber moverse en una institución que hace un culto de las agrupaciones internas, sobre todo a la hora de las alianzas electorales. Quien actuara como un delfín de Mauricio Macri – éste le armó la logística y lo respaldó en las elecciones pasadas – mantuvo el plan de desgaste de la figura de JR, enemistado con el hoy jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires desde hace una década y media. Sin embargo, la embestida derivó en una sucesión de errores tácticos que terminó provocando un efecto boomerang: el realmente fortalecido fue el futbolista.

Aún en el techo de su ciclo más exitoso como jugador, Riquelme supo sortear con éxito los avatares de una relación forzosa con Martín Palermo, la cual terminó formando subgrupos dentro del plantel y que fueran identificados en su momento como “riquelmistas” y “palermistas”. Dentro del sector de afinidad con el diez figuraba Arruabarrena. Hoy, paradójicamente, el director técnico dirige el plantel con Román afuera, pero también se ha convertido en receptor de una señal hasta pocas semanas atrás inesperada: el “Y, si el Vasco me lo pide…” lanzado por Angelici también lo involucra al entrenador en la toma de decisiones para la temporada del año próximo.

En la etapa en la que Arruabarrena aún era jugador xeneize, tanto Riquelme como Palermo siempre habian llevado una vida fuera de las canchas que les había permitido ejercer medianamente y hasta con cierta tranquilidad su derecho a la privacidad. De poca exposición mediática, teniendo en cuenta el respectivo rol de personas expuestas públicamente, apenas superficialmente y muy de tanto ganaron centimetraje en la prensa chimentera. Los dos líderes grupales habían crecido gracias a sus performances dentro de las canchas y también supieron sobrellevar con discreción una lucha silenciosa pero permanente como cabezas de dos bandos que se conformaron con el paso de los años. El Vasco, al tomar partido por uno, de ninguna manera se sintió enfrentado con el otro porque su propia personalidad lo llevó a buscar el consenso entre las partes. Ese signo es el que le permite hoy contar con la aprobación de la dirigencia en el caso de que haya una definición tajante sobre la posibilidad del regreso de Román.

Riquelme, fiel a su estilo de rechazar el oportunismo, no se privó de criticar el juego actual del xeneize más allá de su vínculo amistoso con Arruabarrena. "Boca corre mucho, pelea mucho, pero juega muy poco y se le está complicando", dijo tras la caída ante el Capiatá. Así, ratificó que es una persona que mantiene sus convicciones independientemente de que eventualmente una toma de posición pública pudiera jugarle en contra. Hoy, por más que está involucrado con el proyecto de llevar al "Bicho" a Primera, tampoco pierde oportunidad de reafirmar su amor incondicional con la azul y oro. "Amo a ese club. Amo a Boca. Es lógico. Boca es Riquelme, Riquelme es Boca", señaló taxativamente días atrás al programa "90 minutos", de Fox Sports.

Angelici se dio cuenta que su pasado como tesorero xeneize poco tenía que ver con su actual función, la cual asumió a fines de 2011. Ya en su primer año de gestión, navegó en medio de aguas encrespadas: aprobó despidos a entrenadores de divisiones inferiores e infantiles, se peleó con futbolistas de renombre a través de las cámaras en vez de cara a cara, apoyó primero a Julio Falcioni y en 48 horas le firmó el certificado de defunción como entrenador, y se vio sobrepasado por el “efecto Riquelme”, quien – desde afuera – lo esmerilaba a partir de sus declaraciones filosas y resonantes.

A la búsqueda de recomponer imagen, el presidente compartió poco después un almuerzo con campeones intercontinentales de 2000 y 2003, entre quienes estuvieron Palermo, Schiavi, Abbondanzieri, Guillermo Barros Schelotto, Battaglia, Cagna, Cascini y Barijho. No estuvo Román. En ese encuentro, realizado en el Hotel Boca, participó Macri. “No quiero opinar condicionando a Angelici. Yo no soy el presidente, es él quien toma las decisiones con su comisión directiva”, respondió la máxima autoridad del gobierno porteño a la prensa. Si hoy se le preguntase respecto del Caso Riquelme 2015, quizá respondería lo mismo…a la espera de que la respuesta sea dada sólo por quien corresponde: Daniel Angelici.
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