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Banqueros, Masones y Mafiosos

Capítulo del libro "Cosa Nosta" de John Dickie "Banqueros, Masones, Recaudadores de Impuestos y Mafiosos"




Los ingresos derivados de las drogas procedentes de Estados Unidos permitieron instalar grifos de oro en las modestas viviendas campesinas, financiaron la construcción de bloques de pisos y villas junto al mar, vaciaron las estanterías de las florecientes boutiques de lujo de Palermo, y se reinvirtieron en empresas legales e ilegales en Italia y el resto de Europa. Los dólares de la heroína también se filtraron al sistema financiero local (en la década de 1970 hubo toda una serie de bancos privados y entidades de ahorro cooperativas locales que duplicaron su parte en el mercado siciliano de inversiones), y fueron absorbidos por las estructuras dominantes del sistema bancario italiano, donde se mezclaron con los beneficios de la corrupción política. Siguiendo el camino del dinero, los mafiosos llegaron más alto que nunca en el escalafón social. Giovanni Falcone llegó al Palacio de Justicia de Palermo en 1978.


Juez Giovanni Falcone

En el plazo de dos años, el denominado «método Falcone» produjo resultados espectaculares en un caso que afectaba al propio corazón del negocio de drogas transatlántico de la Cosa Nostra, y en el que estaban implicados el capo de Passo di Rigano, Salvatore Inzerillo; los llamados «Gambino de Cherry Hill», en Brooklyn; el magnate de la construcción y principal contribuyente de Sicilia, Rosario Spatola, y el antiguo miembro del triunvirato mafioso Stefano Bontate; todos ellos formaban parte de una extensa red de alianzas matrimoniales. Falcone colaboraba asimismo con varios jueces de Milán en relación con un caso de fraude y asesinato que amenazaba con revelar lo peor de la sociedad italiana en forma de corrupción, influencia mafiosa y conspiraciones antidemocráticas en los más altos niveles de las instituciones políticas y financieras. El caso se centraba en el banquero Michele Sindona. A principios de la década de 1970 Sindona era el personaje financiero más influyente de Italia. Dirigía uno de los mayores bancos de Estados Unidos, controlaba las inversiones extranjeras del Vaticano y era uno de los principales contribuyentes a la financiación de la Democracia Cristiana.


Banquero Michele Sindona

Aparte de eso, existían firmes sospechas de que blanqueaba dinero de la Cosa Nostra. Pero en 1974 su imperio financiero se derrumbó en medio de una serie de acusaciones de fraude, y él huyó a Estados Unidos. Desde allí, en 1979, en cargó a un mafioso que matara a tiros al abogado en cargado de liquidar sus negocios en Italia. Al verse acorralado por las autoridades de ambas orillas del Atlántico, Sindona pidió ayuda a los mismos mafiosos implicados en el círculo de tráfico de heroína Inzerillo Gambino-Spatola-Bontate para que organizaran su falso secuestro a manos de un inexistente grupo terrorista de izquierdas llamado «Comité Proletario Subversivo por una Vida Mejor». Pasó casi tres meses en Sicilia en manos de los «terroristas», después de los cuales hizo que le anestesiaran y le dispararan en el muslo izquierdo como evidencia de que habían intentado matarle. El verdadero objetivo del secuestro era enviar notas amenazadoras apenas veladas a los antiguos aliados políticos de Sindona con la esperanza de que estos todavía pudieran arreglárselas para salvar sus bancos, y, en con secuencia, el dinero de la Cosa Nostra. Pero la conspiración fracasó. Sindona fue «liberado» por sus captores y luego se entregó al FBI. Moriría en la cárcel, en 1986, después de haber tomado café en el que alguien había echado cianuro. En el verano de 1982 otro deshonesto banquero italiano, Roberto Calvi, fue encontrado colgado bajo el puente de Blackfriars, en Londres.


Roberto Calvi

La carrera de Calvi parece calcada a la de Sindona: rápido ascenso, estrechos vínculos con el Vaticano, financiación de los partidos políticos gobernantes y colapso financiero, seguido de un desesperado intento de salvarse haciendo chantaje a diversos políticos. Habría que esperara abril de 2002 para que se confirmara —al menos en la mente de las autoridades italianas— que Calvino se había quitado la vida como inicialmente se había creído, sino que en realidad «le suicidaron», como suele decirse en estos casos convirtiendo el verbo «suicidar» en transitivo. En el momento de escribir estas líneas parece bastante probable que se juzgue a un capo mafioso cercano a los Corleonesi por haber ordenado presuntamente su muerte. La tesis de la acusación, basada en las declaraciones de un pentito de la Mafia, es que Calvi blanqueaba dinero de las drogas para los Corleonesi del mismo modo que Sindona lo hacía para el grupo Inzerillo-Gambino-Spatola Bontate, y que fue asesinado porque también él había resultado poco fiable. Se prevé que el hombre de honor en cuestión negará los cargos. Ambos «banqueros de Dios» eran miembros de una logia masónica conocida como «Propaganda 2», o «P2». En marzo de 1981 los jueces de Milán que investigaban el falso secuestro de Sindona descubrieron una lista de 962 miembros de P2 en el despacho de su gran maestre, Licio Gelli.


Gran Maestre de la logia Masonica P2 Licio Gelli

Entre quien se habían realizado el juramento se encontraban todos los jefes de los servicios secretos, cuarenta y cuatro miembros del Parlamento y un montón de destacados empresarios, figuras militares, policías, funcionarios públicos y periodistas. La investigación parlamentaria sobre la P2 concluyó que el objetivo de la logia había sido contaminar la vida pública y socavar la democracia, si bien no todos sus miembros eran conscientes de ese propósito no declarado, ya que, casi con toda certeza, el gran maestre había estado guardando documentos secretos sobre diversos miembros con el fin de hacerles chantaje. Todavía hoy no está claro cuál fue el alcance ex acto de la influencia de la logia P2. Más fácil de definir resulta la relación entre la Mafia y otros grupos masónicos. A partir de la década de 1970, algunos destacados hombres de honor se afiliaron a diversas logias como medio de entrar en contacto con empresarios, burócratas y políticos. Tal como explicaba un pentito, «Gracias a los francmasones puedes establecer un amplio contacto con empresarios, con las instituciones, con los hombres que ejercen un tipo de poder distinto del poder punitivo que tiene la Cosa Nostra»
Un ejemplo demuestra lo insidiosa que puede resultar la influencia de estas redes. La investigación parlamentaria sobre el caso Sindona descubrió que el cirujano plástico que había anestesiado y herido al banquero durante su falso secuestro era, según su propia definición, un «masón internacional sentimental», con estrechos vínculos tanto con los mafiosos como con el gran maestre de la P2. Durante diecinueve años fue también el médico residente del cuartel de la policía de Palermo, y es posible que tuviera amigos en el gobierno estadounidense. Sería un error suponer que los masones «de cuello blanco» eran quienes llevaban la iniciativa en esta especie de baile corrupto con los matones de la Cosa Nostra. Para empezar, para cualquiera que fuera miembro de las dos sociedades secretas no existía conflicto alguno de lealtades. Tal como explicaba un pentito, los intereses de la Cosa Nostra siempre van primero: «El juramento [masónico] es una ficción puesto que nosotros solo hemos hecho un juramento que respetamos: el que hacemos a la Cosa Nostra»



Se sabe que los dos hombres más ricos de Sicilia en las décadas de 1960 y 1970 habían hecho ambos juramentos, el masónico y el mafioso. Eran los primos Salvo, Nino e Ignazio. Nino Salvo era un tosco y sociable hombre de honor de la «familia» de Salemi, en la provincia de Trapani. En 1955 se casó con una mujer cuyo padre regentaba una de las pequeñas empresas que recaudaban los impuestos en representación del gobierno, ya que en Sicilia tanto los impuestos directos como los indirectos se pagaban a través de empresas privadas, en un sistema que el principal historiador de Palermo ha calificado de «una infernal máquina devoradora de dinero». Junto con su suegro y su más refinado primo Ignazio, Nino pasaría a constituir un cártel que en 1959 conseguiría el derecho a recaudar el 40 por ciento de todos los impuestos de Sicilia. En 1962, con la ayuda del «joven turco» Salvo Lima, la empresa de los primos Salvo se adjudicó el contrato para recaudar los impuestos de Palermo, un negocio que por sí solo generaba una cifra equivalente a más de dos millones de dólares anuales (de la década de 1960) en beneficios. Su control sobre los sistemas de recaudación de impuestos crecería aún más a mediados de la década, y duraría hasta principios de la de 1980. Mientras que en otras partes de Italia los negocios similares generalmente obtenían un beneficio aproximado del 3 por ciento de lo que recaudaban, los Salvo sacaban un constante 10 por ciento. Además, los primos complementaban sus ingresos monopolizando subvenciones de la Unión Europea y el gobierno italiano destinadas a las necesidades de la industria agraria, que venían a añadirse al botín que sacaban de la recaudación de impuestos.


Antonino Salvo


Ignazio Salvo


Lógicamente este nivel de robo no podría haberse mantenido sin contar con un amplio y sólido respaldo político, especialmente en la Asamblea Regional Siciliana. De hecho, el cortocircuito de corrupción existente entre los Salvo, la Mafia y diversos sectores de la DC envenenaba todo el sistema político italiano. Ya era bastante malo que los fondos de los Salvo fueran a parar a los políticos a cambio de su respaldo cuando había que renovar los con tratos para recaudar impuestos o rechazar los periódicos intentos de poner este valioso servicio bajo control público. Pero aún había algo más que eso. En la Asamblea Regional, como en los ayuntamientos de toda la isla, muchos políticos eran en realidad reclutados y elegidos por la Mafia de acuerdo con los principales gerifaltes de la DC. En 1982 el juez Falcone sometió los negocios de los primos Salvo a una auditoría, lo que constituía un gesto inaudito de «lesa majestad». Su frontal confrontación con la Cosa Nostra, no obstante, apenas estaba empezando. Pero para entonces el boom delos narcóticos había empezado ya a sumergir a la Mafia siciliana en un charco de sangre más profundo que nunca.
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