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El gato negro

Tratandose de un caso en el que mis sentidos se niegan a aceptar su propio testimonio, yo habria de estar realmente loco si asi lo creyera. No Obstante, no estoy loco, y, con toda seguridad, no sueño.



Mi inmediato deseo es mostrar al mundo, clara, concretamente y sin comentarios, una serie de simples acontecimientos domésticos que, por sus consecuencias, me han aterrorizado, torturado y anonadado. A mi no me han producido otro sentimiento que el del horror.



La docilidad de mi caracter sorprendieron desde el comienzo de mi infancia,Los animales me encantaban, me llenaban de una gran alegria.
En la edad de la madurez, conoci a mi prometida, ella era suave como las brisas de invierno. Tuvimos millares de pajaros, un pez de color y un perro que corria siempre por los jardines, y por ultimo un gato, un hermoso felino.



Pluton llamabase asi ese gato. Con el paso del tiempo me habia tomado un gran afecto este gato. Adonde yo iba este iba detras de mi sin perderme el paso, a medida que los años pasaban mi temperamento fue cambiando, ya era irritable hasta con mi mujer que bailando como una doncella desnuda en el piano de un bullebar de copas vacias y luces apagadas se desplomaba dulcemente al compas de una hermosa melodia y de una oreja siempre a disposicion, mi personalidad de antaño me hacian poner rojo de rabia hasta con los animales, pero siempre podia contar con la compania de mi mujer.



Sin embargo por lo que se refiere a Pluton, aún despertaba en mi la consideración suficiente para no mal tratarlo. En cambio no sentia pena en maltratar a los demas animales, pero iba secuentrandome la necesidad como la de una bota con fervor y adrenalina bajando y subiendo hacia las baldosas de la ciudad, como en una risa incontrolable... la risa.. se apoderaba de mi. Pero iba secuestrandome mi mal, poque, ¿que mal admite una comparacion con el alcohol?, andando el tiempo el mismo Pluton, que envejecia a medida que las agujas del relos desendia por el marco de las maderas, se hacia un poco huraño, comenzo a conocer los efectos de mi perverso caracter.



Una noche al volver al volver completamente ebrio, de uno de los escondrijos del barrio, me parecio que el gato evitaba mi presencia, se deslizada por entre las sillas de la habitacion. Lo cogí, pero el en un movimiento brusco, me hizo una leve herida. Senti como si una nube de humo subiera por la columna, y sin previo aviso desencarnar un cortaplumas.. el ojo del Pluton volaba por los aires.



Cuando al amanecer, hube recuperado la razon, cuando se hubieron disipado los vapores de mi crapula nocturna, no tarde en ahogar en una copa de cristal repleta de un color bordo todos los recuerdos de la noche anterior.
Me cubre el rubor, me abrasa, me estremezco al escribir esta abominable atrocidad.
Curo entretanto el gato lentamente. La orbita del ojo perdido presentaba, es cierto un aspecto espantozo, se parecia a la precion de agujero negro que me absorbia en todo su esplendor. Mientras tanto en mi se iba apoderando el demonio de la perversidad.



Una mañana , a sangre fría, ceñí un nudo corredizo en torno a su cuello y lo ahorqué de la rama de un árbol. Lo ahorqué con lagrimas en mis ojos, con el corazón desbordante descendiendo de las curvas. Lo ahorque porque sabia que el me había amado. Lo ahorqué porque sabía que al hacerlo cometía un pecado, ¿eso es realmente estar loco?.
En la noche siguiente al día en que fue cometida una acción tan cruel, me despertó del sueño el grito de: "Fuego!".
Ardían las cortinas de mi lecho. La casa era una gran hoguera. Quedé arruinado y me entregué desde entonces a la desesperación.



Con el tiempo nació en mi alma, aunque no lo era una especie de remordimiento.
Hallaba me sentado una noche, medio aturdido, en un bodegón infame, cuando atrajo repentinamente mi atención un gato que yacía en lo alto de los inmensos muebles de madera. Me acerque a él y lo toque, apenas puse su mano en él ronroneo con fuerza, se restregó con mi mano y pareció contento de mi atención.



El animal me siguió por las calles de la ciudad. Se lo permití y caminamos juntos en esa noche fría donde la luna acompañaba el paso, hasta llegar a mi nuevo hogar, cuando llego a ella se encontró rápidamente como si fuera la suya, y se convirtió rápidamente en el mejor amigo de mi mujer.
Por mi parte no tardó en formarse en mí una antipatía hacia él. No sé cómo ni por qué , pero su evidente ternura me enojaba y casi me fatigaba, al ver como siempre al despertar caminaba por entre mis piernas y se ronroneaba, y sentado sobre la pared de un callejon no me dejaba ni un minuto solo.
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